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| 1/13/2007 12:00:00 AM

El ratón Pérez

La pequeña fábula iberoamericana, con la que tantos niños han crecido, trata, sin fortuna, de ser una buena película

Título original: El ratón Pérez.
Año de estreno: 2006.
Dirección: Juan Pablo Buscarini.
Guión: Enrique Cortés.
Actores: Ana María Orozco, Fabián Mazzei, Joe Rigoli, Delfina Varna, Nicolás Torcanowsky, Diego Gentile.

Va apenas media hora de película. El público, compuesto por reseñadores de cine e hijos de periodistas culturales, no se ha reído, no se ha conmovido la primera vez. Y entonces mi vecina, una linda niña de 6 años, lanza la crítica más contundente de todas: “yo quiero ver a mi mamá”, dice en voz baja. Es, palabras más, palabras menos, lo que todos estamos sintiendo frente a El ratón Pérez. Queremos que alguien, algún héroe de verdad, nos salve de semejante experiencia. Se trata, no cabe duda, de una película bienintencionada. Y de un logro en términos técnicos: los intérpretes de carne y hueso interactúan, de manera creíble, con las caricaturas dibujadas por computador. Pero su historia es confusa; su ingenio, escaso y sus personajes, el doloroso esfuerzo de los pobres actores de encontrarles sentido a unas escenas que muy pocas veces lo tienen.

El misterio que nos habría podido envolver en la trama, el misterio de ese ratón que deja una moneda debajo de las almohadas a cambio de los dientes que se les caen a los niños, se resuelve en las primeras escenas. Pérez, veterano capitán de una multinacional invisible (también bienintencionada) que convierte las muelas en tesoros, será secuestrado por un par de enemigos que quieren convertir su vocación de hacer felices a los niños en un negocio descarnado. Una familia en crisis, cómo no, se verá involucrada en la situación. Y así, de persecución en persecución, de drama en drama, buscaremos una frase que defina la desazón que estamos sintiendo. Y “yo quiero ver a mi mamá” será más que suficiente.
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