Lunes, 20 de octubre de 2014

| 2013/02/02 10:00

El regreso del disco

Los melómanos nostálgicos están felices: los acetatos, vinilos y tornamesas vuelven a estar de moda. Esta vieja tecnología está compitiendo, a la par, con las más sofisticadas opciones de alta definición.

El regreso del disco Foto: PantherStock

Hace un tiempo, cuando comenzó el auge de la música digital, a muy pocos se les hubiera ocurrido voltear a mirar los viejos discos que, por lo general, reposan cubiertos de polvo en los armarios de cualquier casa. Esa vieja tecnología parecía condenada a un melancólico olvido. Sin embargo, las cosas han cambiado: desde hace un par de años los melómanos, los músicos y las disqueras han regresado a sus orígenes.

La tendencia empezó entre las disqueras independientes. Los productores indies se dieron cuenta de que ese formato apelaba a la nostalgia y que era una manera inteligente de atraer al público que no se sentía satisfecho con tener su música favorita en la memoria de su computador. También entendieron que, aunque los costos de producción son más elevados, les podían vender a sus clientes un objeto de culto que apreciarían más que un archivo de MP3. El experimento resultó un éxito y las ventas superaron las expectativas. Tanto así que hoy en día no es arriesgado asegurar que en los círculos de música independiente es mucho más prestigioso publicar los discos en un long play (LP) que en cualquier otro formato.

Muy pronto los artistas más populares decidieron imitar el experimento. Últimamente grupos como Iron Maiden, Kiss, Black Sabbath, Portishead, The Black Keys, Radiohead, Blur, Metallica y Red Hot Chili Peppers lanzaron primero sus trabajos en LP. Las disqueras se dieron cuenta del aumento de las ventas y decidieron también volver a editar algunos clásicos, como ocurrió hace poco con toda la discografía de Los Beatles. 

Las razones del éxito no son tan claras. Para muchos, este tipo de formato apela a la nostalgia de los aficionados que oyeron por primera vez su música favorita en un tocadiscos. Eso explica, por ejemplo, que a diferencia de otras tecnologías efímeras, como el enorme laser disc, que se extinguieron muy pronto, los acetatos y vinilos (que no son exactamente lo mismo) nunca han muerto del todo. Ni siquiera cuando el disco compacto (CD) irrumpió con fuerza en los noventa, logró que desapareciera por completo. Aunque las tornamesas vivieron décadas oscuras, sus fanáticos nunca los abandonaron ni tiraron a la basura sus colecciones de discos. 

Lo curioso es que mientras en el mercado hay una oferta cada vez más extensa de plataformas para oír música en alta definición, los melómanos prefieren la resonancia clásica de una tornamesa. El sonido de una aguja sobre un disco no ha podido ser igualado por la tecnología de punta. Los expertos dicen que la profundidad y el alcance de las ondas sonoras son únicos, sobre todo cuando el amplificador es de tubos. También sostienen que las grabaciones de esa época las hacían artistas, mientras que hoy son ensambladas por ingenieros de sonido. 

Por supuesto esta tendencia trae complicaciones. Una de las mayores es conseguir las agujas, tornamesas, limpiadores de discos y otros accesorios necesarios. Por eso se han lanzado al mercado nuevos aparatos que conservan elementos clásicos, como el plato giratorio y la aguja con punta de diamante, pero ahora tienen varias salidas de audio y puertos USB, con lo cual es posible conectarlos a la computadora y convertir las canciones en archivos MP3. Los nuevos discos también permiten la opción de descargar su contenido, sin costo adicional, en cualquier plataforma digital. Así los melómanos nostálgicos pueden disfrutar lo mejor de los dos mundos.

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