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| 12/20/1993 12:00:00 AM

EL REGRESO

Teresita Gómez volvió a su Medellín natal luego de 20 años de ausencia.

LOS TRES AÑOS de edad, el talento le quedaba tan grande como el sillín del cual le colgaban las piernas en sus primeras sesiones de piano. A los cinco, ya era protagonista de su propio concierto infantil. Ya los nueve, desde el contacto con el público de su primer recital en el Teatro Pablo Tobón Uribe, de Medellín, sintió que esa confluencia de energias vitales y musicales tendría que ser la esencia de su vida. Desde entonces, Teresita Gómez puso su sensibilidad al servicio del arte.
No podía ser de otra manera: para la hija del portero del Palacio de Bellas Artes, la magia de los recuerdos infantiles la tiene más asociada con la lectura de Verne y Andersen que con los juegos tradicionales. Después de teatro, pintura, ballet y solfeo aprendidos a hurtadillas mientras curioseaba por los salones de la que era "su casa", siguió con Dostoievski y los clásicos cuando aún no cumplía los 12 años. Y la obsesión por el piano le impidió patinar o apostar carreras por el temor a lastimar sus dedos y arruinar su futuro artístico. Un futuro artístico que se cumplió tal y como lo soñaba, poco después de culminar sus estudios de música en la Universidad Nacional.
Presentó conciertos en varias ciudades del país hasta cuando Belisario Betancur, bajo su gobierno, la nombró agregada cultural de la embajada colombiana en Berlín. Alli se metió de lleno en la cultura europea, al tiempo que brindaba recitales en París, Viena, Budapest, Sofía, Berna, Zurich, La Haya y Madrid.
Fueron cinco años de ensueño antes de regresar a Bogotá, a sus clases y a sus conciertos. Hasta que se dio cuenta de que llevaba dos décadas fuera de su natal Medellín, y decidió retornar de una vez por todas. Hoy le ha tocado volver a conocer su ciudad, ha retomado su cátedra en la Universidad de Antioquia, y esta metida de lleno en la asesoría de la Escuela Musical Tomás Luis de Victoria, pues quiere dejar su semilla en forma de apoyo a los talentos infantiles.

"Sin llegar a ninguna parte, porque lo perseguido es lo más difícil de alcanzar" dice, y sigue estudiando ei piano y su próximo concierto frente a su público en diciembre. Y aunque haber vuelto a su ciudad la tiene feliz, con seguridad los paisas lo están más, porque han recuperado las notas de una artista que había dejado un vacio inextinguible.
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