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| 8/30/1993 12:00:00 AM

El rey del Pop Art

Esta semana se cumplen 65 años del nacimiento de Andy Warhol. Bob Colacello, su amigo íntimo, describe en una reciente biografía, innumerables facetas del controvertido artista de los 60.

EL DIA DE SU MUERTE ANDY WARHOL conquistó el sueño de su vida: convertirse en una superestrella. Eso sucedió el 22 de febrero de 1987. Hasta entonces Warhol era un controvertido y excéntrico artista, y un carismático personaje de la sociedad neoyorquina. Pero Bob Colacello, uno de sus más íntimos amigos, había descubierto años antes esa vocación de Warhol para hacer historia. Por eso desde que se conocieron, el día que el pintor lo contrató para trabajar en la revista Interview, Colacello decidió llevar notas exactas de su vida. Y aún antes de la muerte de Warhol, ya tenía preparada su biografía, donde revelaba los escándalos y los grandes secretos de la vida del norteamericano que transformó el arte con el Pop Art y puso a delirar a media humanidad con una vida llena de excentricidades.
Según Colacello, nadie creyó más fervorosamente en el juego de la fama como Andy Warhol, y nunca nadie aprendió a jugarlo como él. La clave de su éxito estaba en despertar la curiosidad, y para hacerlo creó un halo de misterio alrededor dc su vida. Por eso se divertía mintiendo sobre el lugar y la fecha de su nacimiento. Pero Colacello se encargó de levantar el velo del preciado secreto. El autor logró establecer que el 6 de agosto de 1928 (hace 65 años), un doctor había atendido el parto de Andy, en una humilde casa de Pittsburgh. La única prueba que hoy existe sobre la fecha de su nacimiento es un certificado que se encontraba en el colegio donde el artista estudió. Pero el documento fue recuperado por John Warhol, el hermano de Andy, quien aún hoy se niega a mostrarlo al público.
Lo que hacía enigmático a Andy Warhol era su personalidad. Colacello lo define en una frase: "Andy era inocente y decadente, primitivo y sofisticado, tímido y provocador, era el eterno estraño que se perdía en las multitudes". El autor afirma que la primera vez que Andy vio a Greta Garbo, ambos se encontraban en un picnic. El todavía era un desconocido en busca de la fama, y ella ya era una leyenda de Hollywood. Warhol se le acercó para hablarle, pero cuando estuvo frente a ella se congeló. Mudo, decidió pintar una mariposa y se la entregó. Pero al final del almuerzo la Garbo la arrugó y la dejó sobre la mesa. Andy recogió la figura y escribió sobre ella: "Esta es la mariposa que Greta Garbo arrugó". Warhol siempre tuvo la capacidad de convertir el rechazo de la gente hacia él, en un objeto de arte.
Su gran obsesión fue siempre la fama. Alguna vez se le oyó decir: "Quiero ser Matisse, y quiero ser tan famoso como la reina de Inglaterra". Pero Warhol era un hombre feo, que muchos describían como una "criatura colosal". Y eso lo deprimía profundamente. El primero de sus fracasos con las estrellas del momento lo vivió con Truman Capote, a quien le dedicó su primera exposición. El escritor era su invitado de honor, pero esa noche nunca llegó. La decepción fue mayúscula porque, según Colacello, Warhol quería poseer todo lo que Capote tenía:"provocación, fama, respeto de los críticos, aceptación social, y una homosexualidad revelada que era comidilla de todos los almuerzos de sociedad". Warhol fue siempre fanático de las dietas, los dermatólogos, la cirugía plástica, los peluqueros, los diseñadores y el ejercicio. Creía en cualquier cosa que pudiera lograr la belleza. Ya durante los años 60, se realizaba constantemente tratamientos en la piel para cubrir las cicatrices que el acné había dejado en su rostro durante su juventud. Además se tinturaba las cejas de blanco para que combinaran con el color metálico de su peluca. Esta fijación se traducía también en su trabajo, pues cada uno de sus retratos era una verdadera cirugía plástica, que consistía en transformar todos sus personajes en modelos de portada.
Aunque vivía pendiente de estar cerca de las grandes estrellas, una de las reglas de oro de Warhol era "nunca acercarse demasiado". Sus ímpetus y sus deseos, que muchas veces tenían tonos de erotismo, los desfogaba a través de su cámara. Colacello cuenta una curiosa anécdota al respecto, que sucedió cuando Warhol decidió entrevistar al bailarín ruso Rudolf Nureyev, durante una gira del Royal Ballet por Nueva York. "Cuando Nureyev entró al salón, me quedé en una esquina tomando notas de memoria para la revista y para mi diario. Una batalla real comenzó cuando Andy formuló la primera pregunta.-¿De qué color son tus ojos? -Nureyev contestó: la entrevista está cancelada. Y bruscamente apagó la grabadora a Warhol. Andy se levantó, guardó el aparato en una bolsa y de la misma sacó una cámara Polaroid, y le tomó tres fotografías. (...) Las dos primeras eran un primer plano bastante bueno y el bailarín las firmó para Warhol. Pero la tercera era un 'close up' del sexo del bailarín que se abultaba debajo de las mallas. Nureyev comenzó a gritar enfurecido y la rompió en mil pedazos".
Una mañana de 1977 Colacello entró a su oficina y encontró una serie de Polaroids sobre su mesa de trabajo. Todas mostraban de cerca escenas sexuales. No era la primera vez que esto ocurría. Warhol tenía la costumbre de fotografiar orgías entre muchachos callejeros y prostitutos que él mismo recogía. Para él esto no era pornografía, sino arte, y sus fotos eran -según sus propias palabras- paisajes que lo inspiraban. Pero Warhol jamás participó en una de estas orgías, pues era demasido miedoso para tomar el riesgo. Todo esto sucedía en The Factory, el sitio en el que Warhol celebraba enormes fiestas, en donde se mezclaban los estudiantes de Harvard con los travestis de Queens. La vida en The Factory era una constante fiesta, frecuentada con regularidad por las grandes estrellas de la época: Judy Garland, Jim Morrison, los Rolling Stones y Tennessee Williams.
Su desenfrenada y polémica vida hizo que, antes que nada, Warhol fuera un fenómeno social arrollador. Masas enteras de intelectuales y artistas lo siguieron con una pasión desbordada, por su revolucionaria forma de ver el arte, y por su irreverente manera de afrontar la existencia. Pero también, por la mismas razones, se ganó la repulsión y el odio de la otra mitad del mundo, que lo veía como un inmoral charlatán. Lo que nadie puede dudar es que todos tuvieron que ver con él y con su obra, para criticarla o adorarla. De alguna manera, Warhol había alterado la historia contemporánea con una vida que muchas veces tocó límites insospechados. En 1971 tres personas de su equipo habían muerto de sobredosis.
La muerte siempre le produjo repulsión a Warhol. Tal vez por eso decidió evitarla hasta el último momento. A pesar de encontrarse muy enfermo de una infección renal y de padecer de dolores muy fuertes, decidió modelar para el diseñador japonés Satoh, en lo que fue su última aparición en público. El 22 de febrero, cinco días más tarde, hospitalizado en Nueva York y después de haber perdido la fe ciega en el poder curativo de los cristales, Warhol murió por una deficiencia cardíaca. Al día siguiente el mundo entero desayunaba con el encabezado: "Muere el rey del Pop Art".
WARHOL: EL ARTE MASIFICADO
MIENTRAS MEDIA HUMANIdad observaba sus cuadros de sopas Campbell's como simple publicidad, la otra mitad veía en ellos los esbozos de una transformación artística sin precedentes. En realidad, Andy Warhol, sin lograr exactamente una revolución plástica, aportó suficientes elementos para que fuera considerado como líder de un movimiento que alteraría los conceptos artísticos de la época: el pop art.
A mediados de siglo, cuando el ambiente artístico norteamericano se hallaba dominado por la corriente del expresionismo abstracto, gracias al trabajo de autores como Franz Kline, Jacson Pollock y Clyfford Still, una nueva generación de artistas estaba a punto de romper con esa especie de culto al idealismo y al mundo interior individual.
Eran los representantes del pop art, cuyas cabezas visibles eran Robert Rauschenberg, Jasper Johns y Roy Lichtenstein. En medio de ellos irrumpió con fuerza en los 60 la figura del excéntrico Andy Warhol, destinado a desmitificar con su trabajo la concepción del arte como exclusividad.
Como ningún otro pintor de su época, Warhol supo identificar los valores de la cultura de masas para elevarlos a la categoría de arte. Utilizando diversas técnicas de trabajo, pero sobre todo la serigrafía fotográfica, el artista norteamericano transformó las imágenes de las estrellas del cine y la música; de los productos de consumo más inadvertidos y triviales, en el fiel reflejo de la cultura de su época: una era empacada al vacío, cuyos valores estaban caracterizados por su utilidad monetaria o su consumo inmediato.
Independientemente de su vida disipada, de su afán incontrolado de ser una superestrella, Andy Warhol demostró que el arte también podía ser un artículo consumible y apreciable por las grandes masas. En alguna forma llegó a establecer ciertos parámetros para lo que sería más tarde el arte conceptual de hoy, que no pretende otra cosa que tomar hasta los más inexpresivos elementos cotidianos del hombre, para lograr una conmoción (no importa cuál) en aquel espectador que observa, impávido, una obra encantadora o un verdadero esperpento.
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