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| 8/8/1983 12:00:00 AM

EL RIGOR ESTETICO DE LA REALIDAD

Exposición de doce realistas colombianos en el Museo de Arte Moderno de la Tertulia

EL RIGOR ESTETICO DE LA REALIDAD EL RIGOR ESTETICO DE LA REALIDAD
Doce artistas colombianos, representados en la colección del Museo de Arte Moderno La Tertulia, se pueden apreciar bajo el rótulo Realistas colombianos. Pinturas, dibujos y gráfica de Santiago Cárdenas (1937), se sitúan como el punto de partida para formular una modalidad que si bien, partió del Pop -figurativo y referencial- fue depurando la argumentación hasta conseguir espacios donde los elementos se transformaron en referencias simbólicas. Sus reflexiones agudizaron la relación entre el objeto y su entorno en ese intercambio y mutua colaboración participan activamente la luz y los accidentes de la sombra. Cárdenas pasó de las insinuaciones formales a una limpia realización donde la verdad del objeto correspondió a la forma y objetividad de sus cuadros -cartones, espacios arquitectónicos- como los que se pueden apreciar en esta muestra.
Venido de una neofiguración dramática y visceral, el dibujo de Darío Morales (1944), a finales de los sesenta viró hacia una paciente y precisa realidad fotográfica, convirtiéndose en pionero de los realistas colombianos que de distintas maneras se cautivaron con su presencia. Se puede apreciar su limpidez de factura y despojado diseño en un dibujo de 1970, premio en el Salon Panamericano de Artes Gráficas de ese año, y un fotolito de 1977, ambos con su reiterativo tema de la mujer desnuda.
Morales ha ido llenando su arquitectura de díversos objetos y perfeccionando la técnica, en resultados que de alguna manera recuerdan los talleres neo-clásicos del siglo XIX. Ese interés manifiesto por la Historia del Arte marcó también la producción de otros artistas como Antonio Barrera (1948), quien estableció estrechas relaciones con el paisaje academicó volviéndolo su fuerte argumental. En otra dirección los bodegones, figuras y diversas visiones de la naturaleza de Gregorio Cuartas (1938), afinan un gusto por la pesantez, perspectiva y lineamientos de la pintura italiana del siglo XV.
La década del setenta fue el decenio del mercado estimulado entre otras, por la organización de museos y galerías en varios de los más importantes sectores del país. Dos ciudades se disputaron el liderazgo organizando los eventos internacionales de mayor envergadura y ofreciendo la oportunidad de mostrar los alcances de otros lugares. De Cali y Medellín salió una generación post-bienal que hoy ocupa un lugar innegable entre los mejores resultados nacionales, entre éstos Oscar Muñoz (1951), Ever Astudillo (1948), Oscar Jaramillo (1947) y Saturnino Ramírez (1946), quienes han utilizado la pintura y sobre todo el dibujo para contar aspectos de la cultura popular urbana. Los hacinamientos, el lumpen, las prostitutas, la arquitectura de barrio y los "juegos de café", han transitado por sus trabajos, convirtiéndose en sus más acertados logros.
Coincide con esta exhibición colectiva una muestra individual de los últimos trabajos de Ever Astudillo, en la Cámara de Comercio; la exposición se titula "De lo Temporal", reúne trabajos que desarrollan recursos técnicos abordados en las últimas bienales de Cali y Medellín (1981), donde aparecía la experiencia pintura y color como novedosas dentro de su producción. En esta serie Astudillo observa sus personajes, esta vez enfrentados a grandes vallas (con rumberas, propagandas, letreros) y a vitrinas, en las cuales su visión se situa dentro y fuera de los estantes.
Las pinturas sobre lienzo están elaboradas con base en simples estructuras, los personajes se colocan -siempre fragmentados- y permanecen en actitud expectante. Están resueltos con sombreado que les confiere una atmósfera especial, efecto provocado mediante el uso del aerógrafo. Las sombras ahora tienden a hacerse menos frecuentes y una luz fuerte parece iluminar los colores vivos y contrastados.
Los lienzos marcan una nueva etapa y además delimitan su abandono paulatino del dibujo como finalidad. Entrar en el terreno de la pintura y el color significa también divorciarse de los resultados líricos, nostálgicos y logrados -aunque nunca suficientemente explorados- del dibujo. Astudillo se mueve ahora por terrenos desconocidos para él y, aunque sus resultados no dejan de causar impacto, buscan ante todo inspeccionar nuevas posibilidades.

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