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| 11/11/1985 12:00:00 AM

EL SALON DE MARTA TRABA

Una muestra más coherente que el Salón Nacional de Bogotá

La primera edición del Salón Marta Traba, organizada por el Museo de Arte Moderno La Tertulia de Cali, por invitación de los miembros de su junta asesora reúne a artistas que han aparecido recientemente en el país. Así se persigue el propósito de crear una saludable confrontación entre pintores y escultores, y ponerlos a la vista de las opiniones autorizadas que quieran comentar sobre sus respectivos quehaceres.
La lista con la cual se arma este primer salón no es completa. Faltan creadores jóvenes que se han visto últimamente en eventos tales como los Salones Regionales y Nacional: nombres tan significativos entre las nuevas promociones como Carlos Salazar, ganador del primer premio del Salón Nacional, o Gloria Matallana, Ernesto Jiménez, José Fernando Restrepo, Vicente Matijasevik, y varios más deberían haber aparecido ahora ya que la próxima edición se demorará dos años en volver a realizarse. Pero a pesar de estas deficiencias, el conjunto de Cali es mucho más coherente y actualizado que el Salón Nacional de Bogotá, pues resulta de una sola escogencia y no de cinco Salones Regionales con jurados distintos entre sí.
Además de mostrar el trabajo de estos nuevos nombres, en Cali se dio un premio consistente en la medalla Marta Traba al artista Rodolfo Vélez, y tres menciones a Maria Teresa Pardo por sus relieves en hormigón, a Eduardo Pradilla por sus pinturas sobre puertas de madera y a Alberto Sojo por sus óleos con figuras monumentales. Aunque estos cuatro conjuntos mantienen una calidad notable, el trabajo de Vélez resiste aún bastante depuración; bajarle el tono al uso truculento de los materiales para que el contenido pueda fluir libremente sin falso escándalo ni estridencia. Asi mismo, el trabajo de la Pardo, que representa una de las búsquedas técnicas más interesantes del evento, podría beneficiarse de un manejo menos fechado de las figuras que aparecen al pie de los muros. Sus vestimentas las sitúan en una provincia cronológica de anticuariato, cuya carga literaria y de añoranza no ayuda a comprender la proyección de las grandes extensiones de muros representados con textura y color. Ellos podrían llegar a encerrar purgatoriales salas de espera.
También aquí hay que mencionar trabajos tan significativos como son las pinturas de Gustavo Vejarano, quien se acerca cada vez más a un estupendo expresionismo pictórico lleno de gesto a traves de la materia aplicada generosamente en grandes composiciones monumentales. Ve jarano se perfila como artista que tendrá que ser tomado en cuenta en el luturo próximo. Asi mismo, vale la pena mencionar las pinturas de Patric Tavera, quien ha venido avanzando por el camino de la sabiduría gestual y cromática para conformar imágenes verosímiles, a pesar del evidente pictoricismo de sus superficies: parecida riqueza epitelial se nota en el trabajo de Carmen Mazariegos, quien con la pulpa de papel inventa formas ricas y variadas que se articulan en abstracciones para muchas lecturas. Por su parte, las pinturas pop de Juan Cristóbal Aguilar muestran situaciones de sociedad banal tipo coctel, armadas con base a un sentido especial de la composición totalizadora, que se refuerza con el lenguaje del arte comercial.
También en este salón de Cali hay muchas obras con respecto a las cuales uno no sabe si son humoradas, más o menos sutiles, o propuestas que superan tales implicaciones. Tal es el caso de las esculturas en cable eléctrico de Natalia Rivera, y las esculturas en lámina de metal y concreto de Victor Robledo. En ambos casos, el pequeño tamaño impide ver más allá del bibelol, o juguete bonito, y genera dudas sobre su posible monumentalidad e interés.
En otro nivel más evidente de las bromas aparecen las obras de Emel Meneses de Santander, quien sigue lineamientos de Beatriz González, haciendo chistes pictóricos, muy bien ejecutados por cierto, con las figuras cimeras de la historia patria. En esa misma categoria está la producción de Alonso Ocampo, quien maneja una imaginaria a lo Alvaro Barrios pero más afilada y actualizada, con figuras que salen de los comics y de la multiplicidad de opciones que se encuentran en las láminas de la cultura popular colombiana.
No podía faltar una última categoría: el grupo de quienes se refieren a la violencia neoexpresionista de la Transvanguardia, que está tan de moda actualmente en los escenarios internacionales. En este conjunto se encuentran las obras de Guillermo Vélez, Rosa Vélez, María Teresa Viecco Mario Ossaba, Carlos Enrique Hoyos, Carlos Fernando Gómez, Flor María Bouhot, y varios más. Todos ellos trabajan imágenes que amenazan en convertirse en lugares comunes, no obstante estar evidentemente respaldadas por talento considerable.
Pero el propósito del arte no puede ser demostrar que se está al tanto de últimos gritos y tendencias, y por ello "al día". En realidad, lo único que justifica la obra de un artista es su capacidad de indicar resultados en términos de creación, y por ello es imperioso que estos pintores mencionados se preocupen de alternativas más personales para así escapar a los peligros de referenciar el éxito internacional del momento.
En este medio nuestro, cada vez más anemizado por las pobres intervenciones oficiales y por la degradada situación económica, el Salón Marta Traba del Museo La Tertulia de Cali es digno de encomio, pues estimula ideas saludables y creativas entre nuestros jóvenes artistas.-
GUILLERMO WIEDEMAN
La obra de Guillermo Wiedemann, reunida multitudinariamente en la retrospectiva de la Biblioteca Luis Angel Arango, nos golpea con la deslumbrante imagen de la naturaleza colombiana, pocas veces con tanta lucidez. Tal parece que hizo falta que ojos extranjeros, en este caso alemanes, entrenados en la escuela europea, pero inocentes de las virginidades de nuestras selvas y gentes elementales, se fijaran en la composición fundamental de follajes, aguas, temperaturas, figuras, gestos, actividades y tantos aspectos más, para que nuestro inventario de referencias pictóricas contemporáneas quedara definitivamente enriquecido. Tanto así que es difícil concebir obras como las de Obregón, Grau, Ariza, entre muchas otras, sin el aporte hecho por la visión de Wiedemann y sin su indicación al respecto de cómo incluir la síntesis visual de lo colombiano en una pintura nacional. De ahí el acierto del título de la exposición: "El arte descubre un mundo".
Pero la obra exhibida va más allá de lo natural y explora el campo de la abstracción, con composiciones sonoramente musicales, y también se interna en las complejidades del arte concreto con construcciones por ensamblaje y collage que incorporan los más inconcebibles materiales para volverlos artísticos. Todo lo cual indica que a Wiedemann sólo le faltó hacer referencias a lo urbano para quedar al día con nosotros, no obstante haber tenido que abandonar quehaceres artísticos en 1965, debido a quebrantos de salud que pondrían fin a su vida en 1969.
Una implicita línea de desplazamiento cronológico razona y explica la escogencia de las obras y la manera de mostrarlas. Por ello, aun el público menos prevenido puede entender la evolución de la creatividad de Wiedemann, así como los aspectos más fundamentales de cualquier proceso artístico. Con esta importante y didáctica exposición, la Biblioteca Luis Angel Arango del Banco de la República afirma su voluntad de renacer como entidad significativa en la exploración de los valores nacionales.
*****
JEAN GABRIEL THENOT
En la Galeria San Diego exhibe su obra este pintor francés, quien actualmente vive en Colombia. En términos de las tendencias predominantes en el arte internacional actual, los cuadros que muestra constituyen presencia excepcional, puesío que se alínean con el expresionismo abstracto de acuerdo con una posición lírica de sensibilidad personal, que se entona con varias de las manifestaciones que en este campo hicieron los pintores franceses de las últimas dos décadas. Formatos de tamaño mediano, exhiben las generosas marcas de su pintura jugosa, empastada, rápida, que se complace en sugerir imágenes casi paisajísticas que van más allá de lo simplemente referenciado a relaciones de tierra aire, atmósfera, vapores, hofizontes o temperaturas.
Por el contrario, entra al campo de los aires temperamentales de atmósfe ras cerebrales y emocionales, para con notable materia, dibujo y golpes de brocha armar colores sensiblemente organizados. Sobre todo, esta pintura es plásticamente imaginativa y compone escenas vitales con las que afirma que, lejos de estar muerta, la abstracción como estética inverna a la espera del deshielo que habrá de traerla nuevamente a la atención de quienes se preocupan, profesionalmente o no, de estos asuntos. En medio de tanta figutación salvajizante, tanto neoexpresionismo, transvanguardias, mala pintura y otras hierbas que se han vuelto fácil refugio del estancamiento creativo, la obra de este bretón, el pintor Thenot, respira el aire fresco de lo que, para bien suyo, no está de moda. --
·Galaor Carbonell -
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