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| 10/15/1984 12:00:00 AM

EL SELLO DE LO CHAMBON

El peso de la burocracia se refleja en la baja calidad de las estampillas colombianas.

¿Qué pasa con las estampillas colombianas? No se requiere un dominio de la estética o recitar la enciclopedia de las artes visuales para llegar a una conclusión: son feas. No tienen diseño, desaprovechan los avances técnicos de la impresión, no hay una tradición de diseñadores. La Administración Postal hace estampillas como parte de sus funciones. En una languidez burocrática y fría encargan el trabajo a cualquier dibujante, le colocan precio, pocas veces texto, y a omitir. La historia de la estampilla es antigua. Ya el propio Luis XIV en 1658 había impuesto le petit porte. Rowland Hill en 1840 desarrolló las bases de la filatelia actual y su primer especimen sería la célebre estampilla del penique, con la imagen de la reina Victoria. En Colombia, conocemos estampillas desde 1859, cuando la Confederación Granadina imprimió cerca de cincuenta mil ejemplares, con el escudo patrio. Hasta la fecha aquí han circulado cerca de 1700 sellos postales. Sin embargo, no hemos acertado en crear buen diseño postal. Tal vez esto provenga de la incapacidad para valorarlo. Para saber que la imagen de un país surge muchas veces del primer contacto con la carta viajera. Pero en otras naciones la cosa es distinta. En Holanda, el diseño previo se somete al juicio público. Se discute, se comenta, se aprueba o se critica. Es parte de la vida de un país. En Inglaterra, la oficina equivalente a nuestra Adpostal entrega cada año tres becas a la Royal Society of Arts, con el objeto de que sus alumnos estudien tipografía y fotografía aplicada a estampillas y posteriormente ingresen a esta especialidad. En Venezuela desde 1974, existe un equipo de trabajo integrado por cuatro diseñadores, uno venezolano y tres nacionalizados (Sotillo, Leufert, Nedo y Pol) que se han encargado de mostrar una cara refrescante, ambiciosa y eficiente en el diseño postal. El venezolano es respetado en todo el mundo, por la excelencia de contemporaneidad y calidad impresa. Los sellos dedicados al bicentenario de Bolívar contrastan con los colombianos, por todo: imaginación, consistencia, previsión, diseño, profesionalismo. No en vano llevan diez años pensando y organizando el aspecto visual, encargándolo a especialistas y sobre todo, no improvisando.
Nuestro actual director de Adpostal, renombrado administrador, realizó el diseño de una estampilla: la de Barba Jacob, ya reseñada en esta columna. Para no repetir los argumentos, fue desastroso. Si se piensa con ese coraje tan colombiano de medírsele a todo, no hacemos sino caer en la exaltación olvidando el engorroso y necesario rigor. La estampilla que le dedicamos a García Márquez por su Premio Nóbel, tenía un error de ortografía. La serie de ex presidentes colombianos es floja y pobre. La tipografía con el nombre del pronombre siempre dobla una esquina del sello, haciendo una partición de letras innoble y equívoca. La franja tricolor es demasiado obvia y simplona. La serie dedicada a la expedición botánica es pésima: la palabra Colombia en absurda posición vertical; y la reducción en impresión no alcanza a favorecer el prolijo dibujo de las láminas. En fin, hacer por hacer. La última estampilla sí llena la copa: con ocasión de alguna fecha del compositor santandereano Luis Antonio Calvo, se emitió un sello de $ 18. Esto de no colocar fechas es clásico en el correo colombiano. Sin embargo el caso de Calvo es más curioso, pues según los biógrafos, nació en 1882 y murió en 1945. Así que en 1984 no sabemos qué pasó. Si está atrasada dos años o adelantada uno. Si se observa en detalle, el dibujo es abiertamente malo. Los rasgos de facciones y el pelo fueron dibujados con descuido y tosquedad. Pero el borde blanco esfumado que separa la cara y el instrumento musical, parece hecho a último momento, como si el contacto entre estos dos elementos estuviese creando confusión y hubiese sido necesario, a machetazo limpio, echarle blanco y punto. El fondo azul es torvo, falta diseño, no hay fechas, no hay convicción. ¿Fue el violonchelo su instrumento preferido? Bayona Posada dice que "el piano era su inseparable amigo". No es justo que en una área tan rica y popular como la estampilla, sigamos despistados y pobres. Este es un trabajo especializado, que requiere investigación cuidadosa e imaginativa. Hay que formar escuela. Y esto sí se puede.

ABOGADOS CIBERNETICOS
Legis, la tradicional empresa dedicada a la impresión y actualización del pletórico acervo de las leyes está diversificando su experiencia. Con la publicación de "Uno y cero" entraron al mercado de las revistas de computación. Tamaño carta, 60-80 páginas, $ 260, seis entregas al año, la publicación llena un vacío en este campo. No olvidar que el fascículo Basic rompió los récords de venta en toda la historia de estos gitanos callejeros. Un promedio de 30 avisos por número, artículos de especialistas criollos con un banco de fotografía e innovaciones provenientes de USA, cursos de cibernética y muchas ganas de acertar y copar un mercado hacen de esta revista un inesperado suceso editorial.
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