Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1998/08/31 00:00

EL SEÑOR DE LOS CABALLOS

Una película romántica y conmovedora a medio camino entre 'Africa mía' y 'Los puentes de Madison'.

EL SEÑOR DE LOS CABALLOS

Robert Redford posee la rara virtud de agradar a todos los públicos. Por un lado los amantes del cine arte no tienen sino muestras de agradecimiento por su labor al frente del Sundance Institute, organismo que junto al festival que lleva el mismo nombre se encarga de patrocinar las producciones del cine independiente, ese que la industria suele rechazar por su escasa rentabilidad. Por el otro, lejos de abandonar al gran público que lo convirtió en estrella, Redford sigue produciendo, dirigiendo y protagonizando grandes best sellers destinados a conmover el corazón de sus entusiastas seguidores.
Así lo hizo recientemente con idilios de la talla taquillera de Propuesta indecente, junto a Demi Moore, e Intimo y muy personal, al lado de Michelle Pfeiffer. Ahora retorna a las pantallas en calidad de director y protagonista en El señor de los caballos, cinta basada en la novela de Nicholas Evans El hombre que susurraba al oído de los caballos, la cual se convirtió en éxito editorial en 1995 en Estados Unidos.
La película, de cerca de tres horas de duración, narra la superación de una tragedia, la de una joven jinete de 14 años, hija de una acomodada pareja, quien sufre la muerte de su mejor amiga en un accidente ocurrido cuando galopaban en las cercanías de Nueva York. La niña ha perdido, además, la pierna derecha, y su caballo ha quedado brutalmente afectado física y sicológicamente. Después de múltiples rodeos su madre (Kristin Scott Thomas) decide que la única manera de salvar al caballo y, de paso, el espíritu de su hija, es trasladarse por una temporada a Montana, donde reside un vaquero dotado de particulares cualidades para recuperar al animal (Robert Redford). Según la tradición norteamericana, a este tipo de individuos se les denomina 'susurrador de caballos' por su capacidad para interpretar las afecciones sicológicas de los equinos. Situada a medio camino entre Africa mía y Los puentes de Madison, El señor de los caballos no sólo propone un esplendoroso encuentro con la naturaleza, sustentado en la imponente fotografía de los paisajes de Montana, sino también una aproximación a las relaciones humanas, a los amores imposibles y a las complejidades derivadas de la pasión. Es ante todo una película romántica y en ello están concentrados todos los esfuerzos interpretativos de Redford y Scott Thomas. Pero también es un homenaje a la vida simple, para lo cual Redford, como director, se toma el tiempo necesario para que las imágenes superen a las palabras.
A pesar de que en algunos pasajes la cinta sea demasiado parecida a un comercial de Marlboro, la historia es lo suficientemente sutil para dejarse disfrutar en todo su esplendor.

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