Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1998/12/28 00:00

EL SEXO SEGUN ABAD

El escritor antioqueño Héctor Abad Faciolince acaba de publicar su más reciente novela, 'Fragmentos de amor furtivo'. SEMANA dialogó con él.

EL SEXO SEGUN ABAD

SEMANA: ¿Cree usted que en Colombia se está gestando una nueva generación de escritores capaces de acabar con el mito de García Márquez?
Hector Abad: García Márquez es mucho más que un mito, es un monstruo literario de carne y hueso, un genio del arte de la fabulación. Cuando lo veo y lo leo a mí se me ocurre un solo nombre: Homero. La bobada es pensar que Homero acabó con la literatura; más bien la inauguró, la fecundó. Ahora que vengan Sófocles, Eurípides, Aristófanes, que no se volvieron tullidos literarios porque Homero escribió. Estoy exagerando para que me entiendan. Porque el mito es creer que García Márquez, por su genialidad, acabó con la literatura colombiana. Al revés, él nos enseñó que Colombia es un territorio maravilloso del que se puede sacar mucha literatura.
SEMANA: A propósito, en un capítulo de 'Fragmentos', Susana le cuenta a su amante que alguna vez estuvo en la casa de Gabo en La Habana y llegó Fidel. Tengo entendido que usted vivió realmente esa escena. ¿Cómo fue?
H.A.: Una vez Gabo me invitó a su casa en La Habana y yo no fui. Por pendejo. Y, efectivamente, también Fidel estuvo allí. Así que en esta novela Susana, que es más inteligente que yo, se desquita y va a la casa de Gabo y conversa con Fidel lo que William Ospina me contó que había conversado con Fidel. Uno en las novelas multiplica su vida, realiza en la ficción lo que no pudo hacer en la realidad.
SEMANA: ¿Cuál fue su principal escollo al escribir 'Fragmentos' y cómo lo resolvió?
H.A.: Cuando una pareja habla sola, en la cama, encerrada en su cuarto y en su casa, no habla de manera literaria. En ese espacio, incluso, están permitidos todos los temas y todas las palabras que en un sitio público parecerían vulgares. Lo más difícil es convencer al lector, a la lectora, de que este libro reproduce un espacio íntimo, de conversación íntima en la que todas esas libertades del lenguaje y de los temas no son procaces, sino lo más natural. Lo más complicado fue darle a ese lenguaje algún valor también como texto hecho para los ojos y la lectura mental.
SEMANA: 'Fragmentos de amor furtivo' habla de la felicidad del amor, pero también de la desolación que causa. ¿Cree usted que el amor no tiene remedio?
H.A.: Yo tengo una sospecha: los hombres soñamos con una mujer que no existe y las mujeres sueñan con un hombre inexistente. Estos dos sueños mezclados producen la pesadilla que suele ser la vida real de las parejas. Los hombres, por ejemplo, sueñan con una mujer tonta (o como mínimo menos inteligente que ellos) y como esa mujer no existe a las mujeres les toca disimular el terrible defecto de su inteligencia si quieren que perdure el matrimonio. Los hombres sueñan con una mujer muda y las mujeres con un hombre que no enmudezca. Es común que las mujeres se consigan a un hombre robándoselo a otra mujer; se enamoran, entonces, de un hombre infiel. Pero luego, cuando ese mismo hombre sigue siendo el que era, es decir, infiel, las mujeres se enfurecen y lo mandan a la porra. Los hombres sueñan también con la fidelidad de sus mujeres y entonces las mujeres, además de hacerse las bobas, se hacen las castas. Hacen milagros: no sólo llegan vírgenes al matrimonio sino que salen vírgenes de él. Por último, las mujeres sueñan con un hombre que no sea autoritario, pero cuando se consiguen un tipo buenísimo, decentísimo, comprensivo, les parece un pendejo y no se lo aguantan.
SEMANA: En cuestiones eróticas, ¿es mejor saber toda la verdad o abstenerse de ella?
H.A.: En estos días Margarita Valencia citó una frase muy buena: "No hagas preguntas y no te dirán mentiras". Yo no sé si uno tendrá que ser siempre un mentiroso pero sí creo que hay que evitar las verdades inútiles. Y además no creer que todos tienen siempre derecho a saber la verdad. En Fragmentos, Rodrigo se obstina en saber toda la verdad sobre el pasado de Susana. Y como Susana piensa que al fin ha encontrado un tipo tranquilo, liberado, despejado, le suelta el cuento de toda su retahíla de amantes anteriores. Rodrigo aguanta callado pero acaba medio muerto. En general los hombres, todavía, no estamos preparados para saberlo todo sobre las mujeres de hoy.
SEMANA: En algunos pasajes de la novela el acto sexual, con todas sus convulsiones y jadeos, aparece como una ridiculez. Inclusive buena parte del humor nace de esta particularidad. ¿Puede llegar a ser el sexo ridículo?
H.A.: El sexo es mucho menos importante de lo que la gente cree. Hay que grabarse esto en la cabeza para que dejen de manipularnos tanto con el sexo. Por ejemplo a los hombres, en los noticieros, en las revistas, nos manipulan con el sexo: nos ponen una mujer piernona o dotadísima de pecho y los hombres (por un programa biológico antiquísimo que empieza a correr solo) creemos que las bobadas que ellas dicen son genialidades. Hay que tener presente eso para que no nos traguemos el cuento. Si no nos damos cuenta de que el sexo es también una bobada (y sólo a ratos una maravilla) el mundo moderno nos va a embobar con tanto sexo. Hay que quitarle su aire de pecado, claro, pero en la liberación no podemos quedarnos ahí anclados a nuestra biología como unos autómatas porque eso idiotiza.
SEMANA: Alguna vez Julio Cortázar dijo, parafraseando a alguien, que nuestros orgasmos son de broma. ¿Usted qué opina?
H.A.: Los de los hombres son de broma. Tanta arrogancia para acabar en eso. Los orgasmos de las mujeres, en cambio, son de miedo.
SEMANA: En medio de sus diálogos con Susana, Rodrigo piensa en 'Las mil y una noches'. ¿Qué tanto influyó el libro en su novela?
H.A.: Esta novela es la historia de una mujer que seduce a un hombre con la magia de las palabras y el encanto de las historias. Si eso es lo que pretendo, es imposible no pensar en Sherezada. Claro que Susana no le llega ni a los tobillos a Sherezada, no soy tan pretensioso. Pero creo que en la vida real todos hemos vivido ese embeleso de una mujer que nos cuenta algo: un chisme, un recuerdo, algo que se le ocurrió, algo que le pasó en la calle. Yo intento reproducir el encanto y la tortura de que una mujer nos cuente algo que le pasó. Cuando escribí el embrión de esta novela gracias a una beca de Colcultura, el libro se llamaba Las muchas otras noches y era muy arabizante. Después resolví quitarle todo eso y hacer una novela muy colombiana.
SEMANA: Entre aventura y aventura que Susana le va narrando a su derrotado Rodrigo surgen insomnios que sirven de reflexión. ¿Le dedica usted tiempo al insomnio? Y si es así ¿en qué lo ocupa?
H.A.: Rodrigo tiene insomnios porque es un atormentado. Yo duermo ocho horas sin somníferos y más profundo que un niño. La gente tiende a confundir los personajes de los libros con el autor de esos libros. Si Shakespeare fuera como Ricardo III o como Lady Macbeth deberían haberlo metido en la cárcel. Si Flaubert fuera Madame Bovary se hubiera suicidado. Si yo fuera Rodrigo estaría acostado con Susana en vez de responder esta entrevista.

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