Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1985/11/11 00:00

EL SHOW DE FIDEL

Hablando de lo divino y lo humano, Castro hace gala de sus habilidades histriónicas frente a los colombianos en T.V.

EL SHOW DE FIDEL

García Márquez salía rumbo a La Habana para asistir a la cumbre sobre deuda externa latinoamericana que tendría lugar en esa ciudad a comienzos de agosto. María Elvira Samper, días antes, decidió llamarlo para pedirle que le ayudara a gestionar lo que todo el mundo le había dicho que era una locura: una entrevista exclusiva con Fidel Castro para televisión. Se sabe que Castro dosifica sus entrevistas, particularmente en televisión, por consideraciones estratégicas, reservándolas para crear impacto ante la opinión mundial en momentos claves. Sus famosas entrevistas con Barbara Walters y Dan Rather son una muestra de esto. Por eso parecía improbable que Castro le dedicara una tarde de su tiempo a una entrevista cuya difusión difícilmente podía rebasar las fronteras de Colombia. "No te garantizo nada, afirmó García Márquez, pero cumplo con tu encargo". Pensando que era como poner una ficha en un juego de ruleta la Samper, quien había planteado la solicitud con la filosofía de que no hay peor diligencia que la que no se hace, archivó el asunto. Cuál no sería su sorpresa cuando días después recibio una llamada de La Oveja Negra diciéndole que había llegado un télex que decía: "Todo arreglado, envía nombres personas viajan contigo para arreglar asunto visa". Después de innumerables complicaciones, comenzando por el hecho de que en un momento dado perdió la entrevista, la periodista aterrizó en La Habana el 12 de septiembre.
Como es la costumbre con todas las entrevistas internacionales de Fidel Castro, la sometieron al inevitable rito del "enclaustramiento". Eso significa que se le notifica al periodista que el Comandante estará disponible en algún momento en los próximos días y que en consecuencia no podrá moverse del cuarto del hotel hasta que suene la llamada del "Olimpo", informando que todo está listo. En algunos casos, como el de la entrevista de Playboy, los desafortunados periodistas fueron sometidos a seis días de meditación en un austero cuarto socialista, con posibilidades de movilización limitadas al restaurante del hotel y siempre con el oído alerta para cualquier llamada por altoparlante.
En este caso, la suerte siguió favoreciendo a la periodista colombiana, quien comenzaba a prepararse para devorar un libro de 700 páginas, cuando se produjo la llamada: "Chica, el Comandante te recibirá el lunes en cualquier momento a partir de las dos y media de la tarde". Esto redujo el temido enclaustramiento a dos días, de tal suerte que el lunes, después del turismo de rigor, y con 39 grados de fiebre, producto de un golpe bajo del destino, la presentadora del programa "El Juicio" se encontró frente a frente con el líder de la única revolución socialista de América Latina. Después de ser víctima del abrazo de gorila que produce el metro con noventa de Fidel Castro, y de hora y media de conversación para romper el hielo, se sentaron frente a dos cámaras de televisión en un recinto acondicionado para la ocasión.
¡QUE CANCHA LA DEL HOMBRE!
Dos semanas más tarde, después de maratónicas sesiones de edición y de una intensa campaña de publicidad por radio, prensa y televisión, los televidentes colombianos tuvieron la oportunidad de presenciar la primera hora de una serie de tres programas con el hombre que, para bien o para mal, partió en dos la historia de América Latina en el siglo XX.
De los múltiples mitos negativos y positivos que se han creado alrededor de Castro, siempre ha estado el de que es un monstruo como comunicador en cualquier confrontación con la prensa. Esto lo tuvieron que reconocer hasta sus más vehementes detractores. "El Comandante es un actorazo, ¡qué cancha la del hombre!". No hay recurso histriónico del que no eche mano: su mirada escrutadora, en un rostro mitad Sócrates, mitad Moisés, refleja enorme concentración durante las preguntas; silencios largos y calculados y respiraciones profundas, anuncian que el toro va a embestir; se cuadra en el sillón y comienza el espectáculo. Lo primero que sorprende es el contraste entre esa inmensa mole humana y una voz suave incluso débil, a veces difícil de entender. Sin embargo, lo que a veces comienza como un leve susurro se puede llegar a convertir en un trueno. Todo esto, acompañado por contundentes movimientos de manos que corresponden al ritmo increscendo de sus intervenciones, subrayan una actitud invariablemente pontificante que proyecta la sabiduría del patriarca o el paternalismo del cura.
DE TODO COMO EN BOTICA
El estilo puede ser de cura o patriarca, pero el contenido es de león suelto en circo romano. Castro no se para en consideraciones, la diplomacia no es su fuerte. Para él no hay matices. Su visión revolucionaria es un mundo en blanco y negro, de buenos y malos, donde, como es de esperarse, los buenos están con él. Por lo que pudo desprenderse del primer programa, en este selecto grupo figuran personajes tan diversos como José Martí, El Quijote y Belisario Betancur.
Para éste no ahorra calificativos elogiosos. Betancur está "lleno de buenas intenciones, lleno de buena fe y lleno de honestidad". El controvertido proceso de paz fue visto con "simpatía" por parte del Comandante y, además, los televidentes colombianos fueron informados de que el gobierno cubano le había puesto su "granito de arena, silenciosamenle".
Si los que le gustan a Castro recibieron su baño de rosas, los que no le gustan recibieron feroz garrote.
Dentro de los Valores del Comandante, el ex presidente Turbay Ayala sale tan mal librado como Nerón en los libros de historia. A una pregunta de María Elvira Samper sobre si no se le había ido la mano en los términos utilizados para referirse al ex presidente en la reciente cumbre sobre deuda latinoamericana en La Habana, Castro comenzó su respuesta admitiendo su "parte de responsabilidad", dando la impresión de un acto de contrición por los excesos verbales de ese entonces para, acto seguido, arremeter contra el ex presidente con calificativos menos fuertes, pero con mayor hostilidad. Reiterando sus conceptos sobre Turbay Ayala, llegó a calificarlo de "ave rara" y terminó afirmando que "estoy convencido de que la mayoría de los colombianos tienen el mismo concepto que tengo yo sobre ese personaje". A continuación, palabras más, palabras menos, llegó a calificarlo de mentiroso, en respuesta a una pregunta sobre cuál de los dos países, Colombia o Cuba, había sido el de la iniciativa para solucionar el impasse de la toma de la Embajada de la República Dominicana. A este respecto, SEMANA interrogó al ex presidente Turbay, quien hizo llegar la correspondencia existente sobre el episodio (ver recuadro) con una breve nota de remisión: "Para que de una vez por todas se sepa quién dice la verdad y quién ha dicho mentiras, me limito a obsequiarles estas fotocopias de mi archivo, que establecen diáfanamente lo ocurrido".
En la hora que ya se vio y en las dos horas que faltan hay de todo como en botica: evocación poética del Quijote, recuerdos de infancia, diatriba antiimperialista, narcotráfico, análisis del subdesarrollo, etc., etc. La conclusión global de los tres programas es que Reagan es el culpable de todos los males del mundo. En términos generales, en lo que se refiere más a la sustancia que a la anécdota, el primer programa era el más relacionado con temas colombianos, el segundo constituye un análisis ameno, serio y convincente sobre el trajinado problema de la deuda externa de América Latina, que se ha convertido en el caballito de batalla de Castro en esta etapa de su carrera. El tercero, el menos interesante de los tres, constituye una defensa no muy vehemente de Contadora y un análisis de la situación centroamericana.
No obstante su cancha, su ángel y su lucidez, Castro en ocasiones tiene que hacer malabarismo intelectual para defender posiciones difíciles.
Dependiendo de las circunstancias, se abstiene de respoder alegando que, como un revolucionario nunca miente, prefiero no contestar. Por cuenta de este cómodo principio ético, los televidentes se quedaron sin saber cuál fue la participación del gobierno cubano en el controvertido episodio de El Karina. Por otro lado, se muestra como un maestro del sofisma: la toma del poder por las armas produce inmediatamente gobiernos "democráticos" si el golpe es de izquierda y gobiernos "de facto" si es de derecha. Además, la extensión de sus respuestas hace casi imposible formular una contrapregunta, pues como cada respuesta es un tratado, insistir en el mismo punto implicaría correr el riesgo de agotar el tiempo disponible dejando de lado otros temas.
SORPRESAS TE DA LA VIDA
Se esté o no de acuerdo con su política, lo que es indudable es que Castro es un showman. El espectáculo es refrescante no sólo por el teatro que le mete Castro, sino porque dice cosas. Esto es un contraste en un país como Colombia donde la mayoría de los políticos han ido gradualmente adoptando el hábito de escurrírsele a las preguntas o de hablar mucho sin decir nada. Un aspecto que no deja de llamar la atención es la evolución imperceptible de la opinión colombiana frente a la revolución cubana y la mayor amplitud de los medios de comunicación para ventilar opiniones que en otras ocasiones se vetaban o daban lugar a escándalo. Esta semana la comidilla de las reuniones sociales han sido las impresiones de los contertulios sobre el Comandante, su estilo, sus puntos de vista, etc. Hace 25 años, en julio de 1960, Alberto Zalamea, entonces director de la revista SEMANA en su primera etapa, decidió sacar en carátula al joven líder de la naciente revolución cubana y hacer un informe especial de la misma. La polémica que desató esta publicación generó una crisis que llevó a la renuncia del director y que meses despues desembocalia en la muerte de la vieja SEMANA (ver artículo siguiente). -
TURBAY RESPONDE
Tal vez el aspecto más controvertido de la primera parte de la entrevista con Fidel Castro en el programa El Juicio, fue la respuesta que el Presidente cubano dio a una pregunta de María Elvira Samper sobre la participación de Cuba en el caso de la embajada dominicana. En relación con las afirmaciones de Castro, el ex presidente Turbay ha entregado dos cartas desconocidas hasta ahora en el país. SEMANA reproduce a continuación la pregunta en cuestión, así como la respuesta de Castro y las cartas de Turbay Ayala.
MARIA ELVIRA SAMPER: "Hablando del famoso episodio de la toma de la embajada dominicana por parte del M-19, hay dos versiones frente a las cuales la opinión pública de mi país no tiene claridad. El vicepresidente de Cuba, Carlos Rafael Rodríguez, dijo en una entrevista para una revista colombiana, que ustedes habían recibido una solicitud del gobierno de Turbay para que acogieran en Cuba a los rehenes y a los secuestradores. Por su parte el ex presidente Turbay dice que fue Cuba la que hizo el ofrecimiento. ¿A quién creerle?".
FIDEL CASTRO: "Yo creo que hay que creerle a la gente más seria. Pienso que hay que creerle a aquellos que acostumbran decir la verdad. Y 26 años de revolución han servido para demostrar que Cuba jamás acude a la mentira... Y le puedo asegurar totalmente que el problema de la embajada dominicana se resuelve a solicitud del gobierno de Turbay Ayala. El nos llamó por teléfono y habló con Carlos Rafael y nos expresó su más profundo agradecimiento por haber ayudado a resolver el problema. Estaba agradecidísimo, esa es la verdad".
Cartas cruzadas entre el Embajador de Cuba en Colombia y el Presidente Turbay Ayala a raíz del incidente de la embajada dominicana Embajada de Cuba Bogotá Colombia
Bogotá, 14 de marzo de 1980
Excelentísimo señor Presidente:
Tengo el honor de dirigirme a usted, para comunicarle: "Que si es considerado por el Gobierno de Colombia como contribución para una salida a la compleja situación de la Embajada de la República Dominicana, el Gobierno de Cuba está en disposición de recibir al Comando Guerrillero, rehenes y presos políticos mediante vuelo directo Bogotá-Habana".
Aprovecho la oportunidad para reiterar a Vuestra Excelencia el testimonio de su más alta y distinguida consideración.
Atentamente, Fernando Ravelo Renedo Embajador de la República de Cuba en Colombia
A: S.E. Doctor
JULIO CESAR TURBAY AYALA
Presidente de la República de Colombia.
CIUDAD.
República de Colombia Presidencia
Bogotá, D.E.
Marzo 14 de 1980
Excelentísimo Señor
Fernando Ravelo Renedo
Embajador de la República de Cuba
Bogotá, D.E.
Señor Embajador:
En relación con el amable mensaje que usted tuvo la bondad de entregar me hoy me permito informarle que he dirigido al gobierno de Cuba el siguiente cable por intermedio de nuestra embajada en La Habana: "Acepte el testimonio de mi gratitud y la del gobierno de Colombia por la muy cordial y amistosa oferta que me ha hecho Itegar por conducto del Embajador Fernando Ravelo Renedo, de recibir en Cuba a los captores y rehenes de la Embajada Dominicana en Bogotá.
"Aprecio dicha actitud del gobierno de Cuba como una indudable manifestación de amistad en momentos dificiles. Deseo manifestarle que tendré muy en cuenta dicho ofrecimiento para utilizarlo si fuere necesario.
"Cordial saludo.
JULIO CESAR TURBAY AYALA,
Presidente de Colombia ".
Con sentimientos de consideración y aprecio, Julio César Turbay Ayala .

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