Martes, 24 de enero de 2017

| 2008/02/02 00:00

El silencio del poeta

Durante las últimas tres semanas la muerte ha rondado al escritor uruguayo Mario Benedetti. Una razón para recordar a un autor que genera por igual amores y odios.

En esta foto, Benedetti lee poesías inéditas durante un homenaje que recibió en el Centro Cultural de España en Montevideo, el 16 de noviembre de 2005, luego de haber conseguido el XIX Premio Internacional Menéndez Pelayo, que otorga la universidad española del mismo nombre

Mario Benedetti tiene casi tantos libros como años. Y aunque lo bautizaron con cinco nombres, logró eliminar el Orlando, el Hamlet, el Hardy y el Brenno para firmar desde siempre con sólo dos palabras. Desde el pasado 6 de enero el poeta, cuentista, novelista y ensayista de 87 años de edad está internado en cuidados intensivos en el Hospital Impasa de Montevideo. Una enterocolitis le provocó una grave deshidratación y la baja sensible de sodio, potasio y cloro en su sangre.

Además, desde hace un par de años Benedetti no escribe. Ni una estrofa ha salido de sus dedos desde cuando se le apagó la luz el 13 de abril de 2006, el día en que Luz López Alegre, la mujer de su vida, murió después de años de sobrellevar el alzheimer. "Cuando la conocí (...) supe que me estaba destinada / mejor dicho que yo era el destinado", dice el poema Bodas de Perla, escrito el 23 de marzo de 1976, 30 años después de su matrimonio.

Fue Luz quien tuvo que permanecer 10 años en Uruguay cuidando a su mamá y a la de su esposo, mientras él abandonaba Montevideo en 1973, amenazado por su actividad política. Partió hacia Buenos Aires, hacia Lima, hacia La Habana y finalmente, hacia Madrid. "Las cicatrices y los rencores no se produjeron bajo el exilio, sino bajo la dictadura", afirmó en una entrevista para el diario peruano La República en octubre de 2006.

La ausencia de su esposa es la protagonista de su último trabajo, el libro de poemas Canciones del que no canta. Y entonces, Benedetti calló.



Una vida, una obra

Los escritos de Mario Benedetti están marcados por la represión, por el amor y por su desexilio, término inventado por él para referirse a esa sensación del que regresa a un lugar para hallar que no es el mismo que dejó. "A la gente la encontré distinta, más desconfiada (...) Yo era otro, además", le expresó a su amigo y periodista Juan Cruz, en un artículo publicado en el diario español El País.

Benedetti le escribe al montevideano del común, de clase media, porque es el único con el que se identifica. Con un lenguaje sencillo y directo, sus escritos se han traducido en casi 30 idiomas. Su obra fue el producto de su época, del fervor revolucionario. El escritor latinoamericano y la revolución posible es un ejemplo de ello.

Ese uso de la palabra como canal subversivo es reclamo de algunos, como el crítico literario Juan Gustavo Cobo Borda: "Creo que es un poeta de gran formación, que puso la poesía al servicio de la utopía revolucionaria. Con eso ni ganó la revolución ni ganó la poesía".

Este literato nació el 14 de septiembre de 1920 en Paso de los Toros, un pequeño pueblo en el centro de Uruguay, y desde los 4 años de edad vive en Montevideo. Su padre era un farmacéutico al que estafaron, y ahí vino la quiebra. Cuando era un adolescente tuvo que dejar el colegio y trabajar vendiendo repuestos de carros. En su cabeza, vivir de la escritura era una lejana esperanza.

Y sin embargo, esta ha sido el sostén de su vida. En 1945 publicó La víspera indeleble, su primer libro de poemas; en 1960, La Tregua, y en 1965, Gracias por el fuego, sus novelas más aclamadas. La Academia Nacional de Letras de Uruguay, por primera vez unánimemente, lo reconoció como miembro de honor. "Benedetti es un fenómeno cultural", dice Ricardo Pallarés, miembro de la Academia.

Sencillo y directo. Dos términos que definen muy bien su mundo literario. Las opiniones alrededor de lo que significa Benedetti suelen estar divididas. "Él no aspira a la gran literatura sino a la literatura en sí", expresa Luz Mary Giraldo, ensayista colombiana. "Es un ícono de la cultura uruguaya", dice Wilfredo Penco, presidente de la Academia Nacional de Letras de Uruguay y amigo cercano del poeta.

Margarita Valencia, columnista de la revista cultural Arcadia, lo recuerda como el escritor al que leyó en la universidad y que ahí dejó. "Escribe un verso bonito tras otro, no creo que sea más que eso".

Aunque su trabajo sea alabado o rechazado, hay algo que es un hecho: Mario Benedetti es uno de los literatos del continente de mayor alcance. Sus poemas fueron recogidos en películas como El lado oscuro del corazón. Cantantes como Numa Moraes, Alberto Favero y Daniel Viglietti también los tomaron para popularizarlos en canciones. Letras como "te quiero porque tus manos trabajan por la justicia" fueron entonadas por miles de jóvenes latinoamericanos en los años 70 y 80. Y en 1985, Benedetti y Joan Manuel Serrat produjeron el disco El sur también existe.

Pero ahora sus dedos están cruzados. Se niegan a dejar salir un verso más. La tristeza que dejó la partida de su Luz, la vejez, las enfermedades que lo han tenido postrado en una clínica durante semanas y que lo han debilitado por años; todo ha hecho mella en su cuerpo y en su alma. Benedetti sabe que la muerte es inevitable y, como le dijo al periodista argentino Ezequiel Martínez, "escribo sobre ella para que no me sorprenda".

Puede que, como muchos lo anhelan, se recupere. Puede que no. Aun así, desde hace rato su nombre forma parte de la historia de la literatura latinoamericana. Es la obra de un hombre que se preocupó por encontrar un lenguaje sencillo que pudiera tocar a todo el que lo leyera. Es el trabajo de un poeta, novelista, ensayista y dramaturgo que nunca se graduó de ninguna carrera, y a quien nunca le importó. Hoy sólo le quedan las palabras del que no habla y las canciones del que no canta.

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