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| 1/19/2004 12:00:00 AM

El sociólogo desencantado

Un viaje por la selva es el pretexto para reflexionar sobre la imposibilidad de conocer la verdad.

Carlos Castillo Cardona
'John Smith MacCullagh y su perseguidor perseguido'
Alfaguara, 2003
297 paginas Carlos Castillo es un sociólogo de profesión y John Smith MacCullagh y su perseguidor perseguido, su primera novela. Este hecho, hombres mayores de 50 que decidieron incursionar por primera vez en el género novelístico, fue uno de los sucesos que llamó la atención en el panorama literario colombiano de 2003: Daniel Samper Pizano (Impávido coloso), Fernando Toledo (Liturgia de difuntos), Miguel Méndez Camacho (Malena), Juan Manuel Roca (Esa maldita costumbre de morir). "La generación proustática", como en forma jocosa y cariñosa la bautizó Daniel Samper Ospina en un artículo de SEMANA. Desde luego, cada caso es distinto y en materia artística resulta peligroso hacer generalizaciones. Pero, sin duda fue una tendencia y como tal hay que celebrarla. En principio es bueno, es positivo cualquier cosa que se le oponga a la dictadura casi fascista de lo juvenil que estamos viviendo. La guerra del cerdo, aquella aterradora fábula de Bioy Casares sobre una ciudad en la que los viejos son asesinados por hordas de jóvenes, es ya una realidad en el imaginario de la globalizada sociedad contemporánea. La novela es un compendio de sabiduría sobre la condición humana, y desterrar de este campo también a las personas mayores no sólo constituye un absurdo sino un contrasentido. No hay que olvidar nunca que dos monumentos del género novelístico, Don Quijote y En busca del tiempo perdido son el producto de dos hombres maduros casi al final de sus vidas. Ahora que "lo juvenil" asociado con "el entretenimiento" -concepto nefasto para la cultura- parece amenazar de frivolidad a la novela, no es mala cosa que se pongan de moda la madurez y la experiencia. Después de los 50 es bien difícil ser light. Aunque no imposible: hay más de un viejo ridículo por ahí suelto. Pero, después de esta oportuna digresión, vamos a la novela que nos ocupa. El reino del arte, según decíamos, es el reino de las particularidades y de los detalles (Dios reside en el detalle, dijo alguien). Las teorías y las ideas generales, como nos lo enseñó Vladimir Nabokov en sus inolvidables lecciones de Cornell, dejémoselas a los áridos y despistados profesores. John Smith MacCullagh y su perseguidor perseguido es un viaje por la selva ecuatoriana. El narrador, un sociólogo que trabaja en una importante institución internacional para promover el desarrollo en los países pobres, ha sido enviado a realizar un proyecto a la zona de Esmeraldas en compañía de su asistente (Nadia), un funcionario del Ministerio de Educación y su amante (Roncancio y Lucinda Bustamante) y dos miembros de Ideal, una entidad local oficial, cogestora del proyecto (Moncayo y Bernet). Desde las primeras páginas, el narrador-sociólogo nos alerta que ese viaje es bastante incierto e inútil: su jefe no le explicó el objetivo de la misión y los miembros de Ideal no parecen interesados en aclarar nada, salvo remontar los ríos de la selva sin ton ni son. Lo cual no le sorprende: hace rato sabe que la función de la institución para la cual trabaja no es acabar con la pobreza sino hacer estudios abstractos y la de los funcionarios oficiales, esperar la primera oportunidad para robarse los recursos. El es un sociólogo desencantado que tal vez por eso se dedica a describir y a analizar prolijamente todo lo que va viendo desde su salida en el aeropuerto de Quito. Hasta que (para fortuna del hasta ese momento fatigado lector) en la página 43, en un pasaje del río, observan una enorme construcción parecida a una iglesia. Felizmente, el narrador decide inventarse la historia del señor John Smith McCullagh, un inglés sanguinario que fue el amo y señor de esas tierras. La realidad no se puede conocer ni transformar racionalmente pero al menos se puede aprehender a través de la ficción, es el interesante planteamiento de esta novela que no es muy bien resuelto formalmente y que más parece una indefinición entre el tratado sociológico y la novela de aventuras.
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