Martes, 24 de enero de 2017

| 1984/05/14 00:00

EL SOL POR LA VENTANA

SEMANA entrevistó a Ana Mercedes Hoyos sobre la nueva etapa de su trayectoria artística.

EL SOL POR LA VENTANA

Actualmente la conocida pintora bogotana hace una exposición-instalación con pinturas de formato circular que refieren la presencia de girasoles. Ellos ocupan totalmente los lienzos y se han colgado para configurar un campo sobre uno de los muros de la Galería Garcés Velásquez. Estos cuadros parecen cambiar en forma radical las propuestas que hasta ahora ha hecho la artista. Galaor Carbonell entrevistó a Ana Mercedes Hoyos para los lectores de SEMANA, en un esfuerzo por aclarar los asuntos pertinentes a la continuidad o a la ruptura que con respecto a su obra anterior se da en la actual.
SEMANA: ¿Cómo se pasa de ventanas y cielos intelectuales y descarnados, a una pintura de flores?
ANA MERCEDES HOYOS: Me parece gravísimo que un artista se encasille va sea en la pintura de Ventanas o de Atmósferas o de lo que sea. Considero que las Ventanas fueron una etapa muy importante para mí pues representaban lo que podía expresar en aquel momento. Las Atmósferas fueron una evolución que tiene que ver con la idea de la apertura de las Ventanas, pero no me podía quedar en eso. Entre otras cosas no resistía más los insultos del público de Bogotá. Había que salir de eso y lo mejor era seguir trabajando con el tema de la naturaleza que me interesa más que las ventanas. Estas ultimas eran muy limitantes para un desarrollo completo de mi pintura. De las Atmósferas pasé a esquemas de paisajes y de estos últimos surgieron los girasoles. Ellos son parte del paisaje.
S.: ¿Cómo ha sido su experiencia previa con el paisaje?
A.M.H.: He pintado ríos, arco iris, lluvias, bosques. La idea ahora era pintar girasoles y repetir de manera seriada, aunque cada cuadro fuera perfectamente individual y diferenciable con respecto a los otros. Pero me interesaba romper la escala de la pintura de caballete y recrear el espacio de la Galería, tomando la pared del fondo y usándola como lienzo. El resultado surge del cambio de escala, del cambio fundamental del espacio y de la opción de transformar otros espacios con los mismos cuadros en sitios diferentes.
S.: ¿No teme Ana Mercedes Hoyos que se piense que pinta girasoles por evitar la incomprensión de antes?
A.M.H.: Yo me imagino que de todas maneras me volverán a insultar porque ya la gente me había comenzado a aceptar como la pintora de las Atmóferas y los cuadros blancos. Han comenzado a ver los girasoles y están horrorizados: aterrados pensando que cómo es posible que use estos colorinches cuando lo anterior era tan medido, tan clásico, etc. Esto seguramente me habrá de crear otros problemas con el público y, de no ser así, seré la primera sorprendida.
S.: Aparte de la continuidad temática con el paisaje, ¿cuál considera que es la continuidad entre los girasoles y su pintura anterior?
A.M.H.: La más directa conexión pudiera ser el formato, que no está planteado caprichosamente. Dentro de la idea de los paisajes anteriores estaba el tema de la Laguna de Guatavita, que exigía el formato redondo. Es la forma de aquel cráter. Pero también había trabajado con la luz del sol filtrada y descompuesta en los arco iris. Investigué el fenómeno de la descomposición de la luz con el prisma o con las gotas de agua, y es un asunto bastante complejo y fascinante. El arco iris también resultó ser redondo. Eso es un dato científico. Uno está parado en un cierto sitio de la corteza terrestre que también es redonda y por eso no alcanza a ver la totalidad del arco iris, sino de un pedazo apenas.
S.: ¿Pero qué tiene que ver todo esto con los girasoles?
A.M.H.: Son flores muy misteriosas, buscan siempre la luz y tienen un sistema de núcleo interno y pétalos que muestra claramente su proceso de desarrollo. Todo ello, de alguna manera, lo hacen más visualmente, relacionándolo con diversos fenómenos de la naturaleza en forma más evidente que otras flores, como las rosas, por ejemplo. Las otras flores palidecen ante el girasol. Pero aparte de eso, son utilitarias, alimenticias y además una flor muy loca. Todo ello la hizo muy interesante para mi. Por eso no siento que haya tomado lugar un salto muy grande en mi trabajo, si no otra relación entre las muchas cosas de la naturaleza.
S.: De todas maneras hemos venido hablando de un asunto más que nada temático, o literario. Insisto en que explique usted cuál es la continuidad pictórica entre estos girasoles, las Guatavitas y las Atmósferas.
A.M.H.: No creo que uno pueda tener una técnica, simplemente, y desarrollarla. Al menos el caso mío es más complejo porque creo que los girasoles necesitan de una técnica especial, así como los otros temas que he trabajado también la necesitaban. Lo que hago es partir de cero para investigar qué le sirve a un tema determinado. Me siento adversa a los artistas que se deleitan en la técnica, que se convierten en virtuosos y que pintan cada cuadro mejor que el anterior hasta llegar a la perfección dentro del mismo tema. Creo que el artista que se plantea ese simple problema no es un creador, sino un acomodado a soluciones fáciles.
S.: Si uno intentara ver literalmente, podría creer que de verdad está usted pintando girasoles, pero es evidente que pinta brochazos, que es lo mismo que hacía cuando pintaba Atmósferas o Lagunas de Guatavita, que eran y siguen siendo problemas de pura pintura que evitan caer en la trampa del tema.
A.M.H.: Es obvio que no hago realismo y que estos son "mis" girasoles.
S.: Por eso quiero que intentemos dilucidar el hecho de que, aunque nominalmente éstas sean flores, siguen siendo las marcas que deja la brocha.
A.M.H.: La gran continuidad entre mi obra anterior y la actual es la necesidad que siento de construir el girasol. Yo siempre me planteo la pintura en forma constructivista. No me interesa la superficie de las cosas y ahora estoy ante la urgencia de estructurar la flor. Esto empieza por la armazón del núcleo y la idea de cómo crece la flor de ahí hacia afuera. Para ello tengo que inventar una técnica que concibe la evolución hacia la semilla y la reproducción, etc. Todo esto lo he hecho consultando, entre otras cosas, hasta libros de Botánica. Es por eso que el primer cuadro de estos que pinté pertenece mucho más al ámbito de las flores que al de la pintura, y es más "girasol de los girasoles" que "mío" .
S.: Otros pintores en la historia del arte han trabajado con el girasol; ¿Siente usted relación con alguno de ellos, entre otros con Van Gogh?
A.M.H.: Claro. Incluso pinte versiones del florero de Van Gogh a distinta escala, y uno de esos cuadros estará en la exposición. Yo quería estudiar la manera como él había pintado estas flores pero encontré que estaban secas y que pertenecían a un mundo muy distinto del mío.
S.: ¿En qué sentido fundamental se diferencian sus girasoles de los de Van Gogh?
A.M.H.: En primer lugar por el romanticismo de aquéllos; es pintura preciosa y se refiere a un momento sentimental depresivo; son flores, exultantes. En cambio lo mío es una propuesta plástica, espacial y de paisaje, con una visión totalmente diferente de la que pudo haber usado el trágico holandés. Los míos son agresivos pero alegres.
S.: Cómo calificaría Ana Mercedes su falta de romanticismo?
A.M.H. Yo soy pasional. No tengo ninguno de los problemas, ni económicos, ni sentimentales, ni anímicos que podía tener Van Gogh. No tengo ni angustias, ni depresiones, ni paso por crisis en mi vida. Tengo la capacidad de ser más racional y de construir. La parte constructiva constituye la gran diferencia entre un planteamiento romántico y uno que yo llamo pasional.
S.: Usted ha hecho un montaje con los cuadros y los ha puesto en el contexto de un conjunto. ¿Qué pasa cuando se descompleta al venderse los cuadros individualmente?
A.M.H. Nada, porque los individuos que componen el conjunto actual pueden ser ajustados de nuevo a cualquier espacio. Uno sólo de estos cuadros genera alrededor suyo su propio entorno. Es imposible concebir la idea de fragmento en estos girasoles. Próximamente llevaré estos cuadros a la Galería de la Fundación Mendoza en Caracas. Allí las paredes son totalmente distintas de las de la Galería de Bogotá, y allí tendré, por lo tanto, que hacer otro montaje, pero con las mismas obras.

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