Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2001/08/13 00:00

El sueño de Bocelli

Con su ‘Bohème’, y el establecimiento musical en contra, Andrea Bocelli entra al mundo de la ópera y la acerca al gran público.

El sueño de Bocelli

En materia lirica el final del siglo XX se empantanó en la inútil discusión sobre la incursión de los cantantes de ópera en la música popular. Un fenómeno que alcanzó dimensiones inusitadas a partir del megaconcierto de los tres tenores —Pavarotti, Domingo y Carreras— en las Termas de Caracalla de Roma, un experimento que, de paso, ha reportado millones al popular trío. Para la fracción más ortodoxa del medio clásico tales experiencias han tenido dimensiones telúricas y consecuencias nefastas. Lo cierto del asunto es que los llamados ‘Tres mosqueteros’ siempre regresan al mismo punto: “Cantando otros géneros buscan acercar la ópera al gran público”; con resultados no tan evidentes en las taquillas de los teatros.

Andrea Bocelli acaba de grabar La Bohème de Puccini y representa el fenómeno inverso: una voz de las entrañas de lo popular irrumpe en la ópera. El asunto no es tan sencillo, pues Bocelli es un cantante difícil de encasillar. Se trata de un tenor lírico de legítima casta pero el gran punto de partida de su carrera fue el Festival de San Remo. Su formación involucró célebres maestros del canto lírico pero su estilo esquiva sellos típicos de los divos líricos.

Por supuesto la fracción que crítica los desatinos de Pavarotti, Domingo y Carreras tampoco ve con buenos ojos el arribo de Bocelli a la ópera; algo que inicialmente resultaba improbable porque Bocelli, invidente, podría tener serios problemas para moverse en un escenario. Improbable, pero no imposible, como lo ha demostrado como Macduff en Macbeth de Verdi en Pisa, Rodolfo de La Bohème en Cagliari, Camille de La viuda alegre de Lehár en París y Werther de Werther de Massenet en Estados Unidos.

Ha recibido críticas de todo tipo. Algunas rayan en la crueldad y otras no le escatiman los elogios. Sin embargo, a raíz de su Bohème de Cagliari se pronunciaron dos de las voces más respetadas del mundo lírico, ajenas al llamado star system, el italiano Franco Corelli —para muchos el más grande tenor italiano de la década del 60— y la búlgara Raina Kabaivanska, una de las grandes sopranos de la Scala durante las últimas décadas. “Andrea es un tenor lírico con voz de auténtica belleza, su sentido romántico exalta la legítima esencia del bohemio”, declaró Corelli; Kabaivanska no disimuló su entusiasmo: “Canta con diabólica precisión, no tuvo ni una falla y su afinación fue perfecta”. Veredictos que han puesto a pensar a más de uno.

Pues bien, en medio de la discusión Decca Classics tomó la decisión de poner en el mercado una nueva versión de la gran ópera de Puccini, con Andrea Bocelli cantando la parte protagonista de Rodolfo, al lado de la soprano, también italiana, Barbara Frittoli como Mimí. Cantan rodeados de voces jóvenes italianas (Paolo Gavanelli es Marcelo, Eva Mei es Mussetta, Natale de Carolis es Schaunard y Mario Luperi es Colline). La orquesta es la Filarmónica de Israel.

La decisión del director es el puntillazo final en esta especie de gran provocación: Zubin Mehta, el director del ya histórico Concierto de las Termas de Caracalla, que también está en la mira del establecimiento: “Mehta parece empecinarse en dilapidar su bien construido prestigio”, dijo de él un comentarista.

Pero como al fin de cuentas lo que interesa es el resultado, pues hay que descubrirse ante esta magnífica Bohème. Y Andrea Bocelli, venga del Festival de San Remo o de donde sea, es la estrella. Su caracterización emana juventud y resulta soberbia desde el ángulo vocal, la voz brilla en el agudo, recrea infinitos detalles de la partitura y tiene una precisión sorprendente. No en vano dijo de él Myun-Whung Chung, director de la Academia de Santa Cecilia de Roma: “El micrófono ama el sonido de su voz”.

Si Mehta es culpable de los pecados del trío de los tenores, ese es otro asunto. De su nueva Bohème sale limpio de culpa y a la altura de su prestigio porque dirige soberbiamente y con inspiración.

Ahora bien, lo importante es que aparentemente Bocelli con sus no muy frecuentes incursiones al mundo lírico parece estar consiguiendo lo que los tenores no han logrado en decenas de megaconciertos: acercar la ópera a un público que jamás habría meditado esa posibilidad. n

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.