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| 8/15/1988 12:00:00 AM

EL TALLER DE LEZAMA

Primera edición de los relatos del escritor cubano, que marcaron su primera época narrativa.

EL TALLER DE LEZAMA EL TALLER DE LEZAMA
Algunos melómanos exígentes llegan hasta Stravínsky, al que aceptan a regañadíentes; todo lo posteríor les resulta ínsufríble, descartable del todo. Lo correspondíente en literatura no sucede bajo una línea cronológica, sino por la separación de una línea quebrada que divide la literatura en aquella que es de comprensión linguística inmediata y, por fuera de ella, la de aquellos autores que se entregan a la escritura de una manera menos controlada, liberando el inconsciente en el fluir del texto, o dando a éste un elaborado tratamiento, intrincadamente personal, cuya lectura llega a ser un desafío para la comprensión del lector. Un desafío que llegá a poner a prueba -como decía Carroll- la paciencia de una ostra. A este género pertenece José Lezama Líma.
Cuando en 1966 aparecíó "Paradiso", con esta novela de Lezama Líma quedó claro que la novelístíca latinoamericana sobrepasaba los límites de toda una tradición narrativa. Antes, Carpentíer había bordeado estos línderos. Había hecho cambíar el rumbo a la novela híspanoamericana. Rompía el orden del discurso, la cronología de los acontecimientos, constantemente confundía el tiempo; el tiempo de la acción y el tiempo de la narración se separaban para volverse a juntar y, liberando la prosa a una dimensión de experimentación poética, la novela le dio la espalda a la aventura de la anécdota. Lezama Lima, inmerso en un hedonismo verbal sin límites, quizás más suntuoso que el exhibido por Carpentier -pero sin su peso histórico-, sobrepasó en exhuberancia al autor de "La consagración de la primavera", centrando su mundo, es cierto, en La Habana, pero haciendo de la ciudad un lugar privilegiado: allí estructura más que sus relatos, el acto mismo de escribir.
De 1944 a 1956 Lezama Lima dirigió una revista representativa del movimiento de poesía esotérica, llamado trascendentalísmo. En esta época, Lezama ya había publicado cuentos y poemas. Es esta, pues, la etapa germínal de sus grandes novelas, de sus ensayos y de sus poemas extensos, que posteríormente lo lanzarían a la fama universal.
Los "Relatos" que acaban de aparecer editados por Alianza Editorial Colombiana, constituyen la primera edición que circula en el país y pertenecen a aquella época que uno puede imaginar como el taller en donde se fraguó su posterior literatura. Tienen el interés específico, más allá de la valoración del cuento, de revelar la pura escritura lezamaniana, su temperamento artístico, su juego de simulaciones, su sentido poético de la realidad, la que modifica con su propio hedonismo verbal.
De aquí que dentro de la prosa cubana de la revolución, Lezama Lima sea un caso aparte. Es un raro, un disidente literario, si se quiere. Imposible situarlo dentro de la corriente de los escritores que, comprometidos con las transformaciones que sufre el país, van a darle expresión a la necesidad vital que tiene en aquel momento Cuba para reconocerse y hacerse reconocer mediante la literatura, en ún proceso que ha roto con el pasado. Pero Lezama Lima sigue allí, como un islote de granito, en medio de las transformaciones intelectuales que modifican la literatura cubana. Vistas las cosas desde la óptica de la literatura postrevolucionaria, Lezama Lima no deja de entregarse al ocio ornamental. Aún así, adhiere y participa activamente en la Revolución, pero ésta postura no transformó, ni su credo poético, ni su legendario hedonismo de intelectual que vive rodeado de un verdadero museo de objetos preciosos: la vasta biblioteca, el lujo y la riqueza, que parecieran una desafiante incitación en la Cuba socialista.
Hombre cultísimo, exquísito erudito, extraordinario conversador, Lezama Lima daba la impresión del viajero incansable. Europa y Asia estaban presentes permanentemente en su cultura. Pero todo ello lo aprendió en su biblioteca: apenas salió fugazmente de La Habana, a México y a Jamaica.
Estos dos hechos, capitales en la escritura de Lezama, su vasta cultura y su trasferencia al ámbito fabulador de su barroquismo original fundan, pues, toda una estética literaria, magníficamente expuesta en estas variaciones que constituyen estos relatos, y que si exigen del lector una disposición especial, ella será ricamente compensada con la bella luz difusa de una visión, que cruza como un sueño bajo el conjuro de la sonora palabra encantada de José Lezama Lima.

Enríque Pulecio

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