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| 4/4/2015 10:00:00 PM

El teatro de la guerra

Durante la Muestra Nacional y Latinoamericana Teatro y Conflicto, del 5 al 12 de abril en Bogotá, se reflexionarán sobre la violencia en el continente.

Si se deja volar la imaginación –dice la dramaturga sudafricana Jane Taylor–, el escenario se convierte en un infinito mundo de posibilidades. En él se puede contar la historia de un hombre cuyo trágico destino era asesinar a su padre y casarse con su madre, o echarse una mirada crítica a la sociedad, la política, la religión o la violencia. En la muestra de teatro latinoamericano, organizada por la Corporación Colombiana de Teatro como parte de la Cumbre Mundial de Arte y Cultura para la Paz, el público podrá ver la variedad de herramientas que utiliza este género artístico para invitar al público a reflexionar sobre la realidad y para poner en escena la cotidianidad de las personas.

 “Se trata de una muestra muy especial”, afirma Patricia Ariza, directora de la Corporación Colombiana de Teatro. “Del 5 al 12 de abril, grupos y directores de trayectoria como Violeta Luna de México, Malayerba de Ecuador y Yuyachkani de Perú presentarán obras que indagan sobre la narrativa del conflicto de sus respectivos países”. Además de La Candelaria de Bogotá, representan a Colombia Umbral Teatro de Bogotá y La Antiliga de Medellín, entre otros.

Los actores contarán historias de mujeres y guerra, los falsos positivos, los desaparecidos y las víctimas de las masacres paramilitares. En Negro, del grupo Teatro del Presagio, de Cali, los actores se contorsionan dramáticamente en una obra que busca dialogar con el público sobre lo irreparable del conflicto, la dignidad humana y la violenta cotidianidad que miles de colombianos han tenido que vivir.

Si el río hablara, de La Candelaria, recurre a títeres que los actores mueven al ritmo del caudal de un río para narrar la tragedia de las cientos de madres que perdieron a sus hijos y que aún hoy siguen buscando los cuerpos a sabiendas de que es inútil. Si los ríos hablaran –dice la metáfora de la obra– narrarían la violencia que han visto, mencionarían a los cientos de muertos que se ha llevado la corriente para borrar las evidencias de la infamia.

Este pequeño festival demuestra que el teatro no ha renegado del espíritu que le imprimieron sus creadores, los antiguos griegos. Para muchos historiadores, este género artístico –más que cualquier otro– mantenía a ese pueblo y a sus gobernantes con los pies en la tierra. Por eso, el teatro debía estar siempre cerca a las instituciones políticas.

Poco después de la batalla de Salamina, en la que Atenas derrotó al Imperio persa –el más poderoso del mundo–, Esquilo escribió Los persas, una tragedia en la que afirma que el talón de Aquiles de los poderosos invasores fue una cierta arrogancia que los hizo creerse indestructibles. Como los atenienses comenzaban a embriagarse con ese mismo sentimiento, pues habían derrotado a un Ejército mucho más numeroso que el suyo, Esquilo les ponía en escena el peligro que podía acecharlos. Y como en el escenario todo ciudadano tenía voz propia y podía actuar para dar a conocer su opinión a la ciudad, Aristófanes utilizó la comedia para burlarse de Sócrates y su filosofía, y para acusar de corrupto al afamado político Cleón.

Para los atenieses, el teatro jugaba un importante rol educativo y por eso la temática de la mayoría de las obras giraba en torno a la realidad política y social. Si bien en Colombia el teatro nunca ha tenido el papel central que tenía en Grecia, las obras recientes que reflexionan sobre el tema del conflicto y la posibilidad de la reconciliación demuestran, una vez más, que este es un género artístico que no puede dejarse de lado. “El teatro –dice Fabio Rubiano– reúne a todas las artes bajo un mismo escenario”. Además, es el que más fielmente se acerca a la realidad y tiene a su disposición un sin límite de posibilidades para modificarla.

Este privilegio quedó demostrado en Labio de liebre de Rubiano, uno de los éxitos más recientes del Teatro Colón, que también gira en torno al tema de la violencia, la venganza y el perdón. La obra utiliza música, animación y actuación para contar la historia de Salvo Castelo, quien cumple una condena por haber cometido actos atroces. Castelo fue desterrado y mientras paga por sus crímenes comienzan a visitarlo algunas de sus víctimas. Durante los diálogos que sostienen, los espectadores presencian cómo por momentos la víctima se convierte en victimario y viceversa. El público ríe, llora, siente disgusto y compasión y llega a su casa con más preguntas que respuestas.

Pero el teatro no solo invita al público a reflexionar y a hacerse preguntas. Este género artístico tiene la capacidad de permitir a las personas ponerse en los zapatos del otro y entender la historia desde esa perspectiva. Esto, dicen los psicólogos, puede resultar muy útil al intentar resolver un conflicto.
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