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| 10/3/1988 12:00:00 AM

EL TEMOR ROJO

En "La casa de la calle Carroll", una joven mujer descubre cómo el sueño americano se convierte en pesadilla, en plena era McCarthy.

La película norteamericana "La casa de la calle Carroll", aparentemente, es un historia de suspenso, romance y aventuras. Es la historia de esa muchacha llamada Emily Crane quien, a comienzos de los cincuenta, descubre que en la Norteamérica de sus padres y abuelos, alguien, escondido en las esferas judiciales y oficiales, ha decidido que está prohibido pensar, que nadie tiene libertad para elegir lo que quiere y que es mejor andar con cuidado. De lo contrario, en cualquier momento ese cuerpo joven, limpio y hermoso puede amanecer cubierto de hormigas.

El espectador se deja llevar de la mano por el guionista Walter Bernstein, el director Peter Yates y los actores Jeff Daniels, Kelly McGillis, Mandy Patinkin y Jessica Tandy, en medio de la tensión que surge cuando la joven, despedida de su trabajo en la revista Life cuando no quiere colaborar con una comisión del Congreso que investiga actividades antinorteamericanas, va descubriendo poco a poco el complot que va urdiéndose al otro lado del jardín. Se trata de una casa donde las persianas siempre están bajas y las luces encendidas, aunque sea de día, y de donde salen.y entran personajes misteriosos, con la barba crecida, y aire solitario y confundido.

Aparentemente, la película es para divertirse, para emocionarse con esa trama inteligente que tiene como heroína a una chica supuestamente frágil, que tendrá coraje para enfrentarse a un grupo de delincuentes nazis que es ayudado a incorporarse como ciudadanos norteamericanos, aprovechando los nombres de personas muertas. Pero, detrás de la belleza de la muchacha, la torpeza del agente y el ambiente nostálgico de los cincuenta, se esconde una auténtica bomba de tiempo.

El guionista, Walter Bernstein es el autor de la historia de esa película de Woddy Allen, "El testaferro", donde un Zero Mostel destrozado porque lo han dejado sin trabajo en Hollywood, sospechoso de comunista en plena era de McCarthy, sabe que ya no tiene más alternativas. Bernstein, lo mismo que otros escritores, actores y directores de Hollywood, fue perseguido por sus ideas y colocado en una lista negra que le impedía conseguir trabajo, teniendo que hacer de testaferro, escribir y que otros firmaran por él. Por eso en "La casa de la calle Carroll", en medio del suspenso y la aventura, uno adivina que las cosas que se dicen y se cuentan, son sinceras. Se sienten a fondo porque el guionista supo lo que era ser perseguido en los cincuenta, como esta muchacha que deberá despojarse de su inocencia, tendrá que quedarse en la calle, tendrá que aceptar un empleo de basura, leyéndole a una ánciana solitaria para no morirse de hambre, pero con la satisfacción de no haber vendido a nadie, ni siquiera su propia conciencia ante esa comisión investigadora.

Para que el espectador capte la corriente subterránea que alienta en esta trama, el director Peter Yates ("Sospechoso", "Bullit", "Los muchachos del verano", "Abismo" y "Eleni", entre otros títulos), cuenta su historia con vigor, con destreza y con el apoyo del director de fotografía Michael Balhaus (el mismo de las películas de Fassbinder y otros realizadores europeos), va creando esa atmósfera de miedo y zozobra en esa norteamérica de 1951, en plena Guerra Fría, cuando todos sospechan de todos, cuando desde el gobierno se arma la más sucia y detestable trama para intentar reducir las libertades individuales. En ese marco, la muchacha tiene que ser sometida a la humillante experiencia de un interrogatorio que la dejará desnuda ante los ojos de esos investigadores, que no respetan dignidad, ni libertad, ni ninguno de los principios constitucionales. La pelea arranca desde las primeras tomas con esos diálogos cruzados, histéricos y agresivos entre los congresistas y la joven, cuando ella descubre que el pais ideal en el cual creía vivir ya no existe. Ellos están acabándolo, enlodándolo con sus sospechas y su paranoia anticomunista, ellos están dando el espectáculo más grotesco de los últimos años. Por eso el espectador que estaba ahí, sentado en la oscuridad, listo para una película de suspenso, besos y escenas de tiros y muertos, descubre a tiempo que se halla ante una obra más importante, más significativa, más profunda porque tiene que ver con la pelea que su heroína sostiene contra todo un sistema descompuesto y temeroso.

Mirando "La casa de la calle Carroll", sintiendo ese aire de agresividad y liberación que hay en sus diálogos, en los gestos de una excelente actriz como ésta, en la reconstrucción de una época infame; mirando esta trama que va anudándose y soltándose en el laberinto de ese jardín que separa las dos casas, uno siente que Peter Yates y el productor Robert Benton (el mismo de tantas películas tiernas, el mismo del guión de "Bonnie y Clyde"), así como los actores y el guionista, han logrado una película muy interesante para comprender mejor hasta dónde puede llegar el estado de paranoia colectiva cuando ciertos valores son puestos en duda, cuando elementos vitales como la libertad y la autonomía y la autosuficiencia, son colocados sobre un auténtico asador medioeval que recuerda algunos fragmentos de las obras de Arthur Miller o John Cheever, o, también por qué no, las historias desmoralizadoras de ese escritor que acaba de morirse, Raymond Carver. --
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