Lunes, 16 de enero de 2017

| 2008/06/21 00:00

El tenor de la Callas

El cantante nace, lo mismo que el poeta, decía Giuseppe Di Stefano. La carrera activa de un cantante no tiene por qué durar 40 o 50 años… también hay que vivir y disfrutar.

Giuseppe di Stefano nació con una voz privilegiada. Fue un tenor que poco creía en los maestros de técnica vocal

AGiuseppe di Stefano, el mítico tenor italiano que murió el pasado 3 de marzo en su casa de Santa María Hoe, cerca de Milán, no le molestaba que le llamaran el 'tenor de la Callas': "Lo considero un cumplido, un piropo enorme, yo la adoraba. Cuando cantábamos era divertido, trabajábamos, estudiábamos, hablábamos de música, hacíamos proyectos en común, estábamos inflados de ilusión por nuestras carreras. Era maravillosa, podía cantarlo todo, no tenía que forzar la voz para cantar desde belcanto hasta Wagner".

En cambio no le hacía gracia que le relacionaran con Alfredo di Stefano, el futbolista argentino: "Había que coger una lupa y leer 'Di Stefano cantó anoche Tosca', mientras le dedicaban tres páginas para explicar cómo había metido él su último gol".

Murió tras permanecer cuatro meses en coma. Nunca consiguió recuperarse de las lesiones de que fue víctima a fines de 2004, cuando intentaba defender a su esposa, Monika Kurth, de las agresiones de un grupo de asaltantes que entró a su casa de Diani, en la costa de Kenia.

Casa que, paradójicamente, compró para hacer realidad su sueño de vivir un eterno verano. Porque antes que tenor, Di Stefano fue un bon vivant, fanático del juego y eterno fumador de puros, lo que generaba escándalo en el medio musical y a lo cual se atribuyó en parte la brevedad de su carrera (15 años), pero lo suficientemente intensa como para pasar a la historia como el más grande tenor de la década del 50 y principio de los 60. Los críticos le censuraron haber abusado del tabaco y de la voz por abordar roles demasiado comprometidos: "Hablan sin saber. Nunca fui un artista que me muriera por cantar, por estar aquí y allí. Siempre quise disfrutar la vida y no ser esclavo de nada. Hasta que pude hacer determinado repertorio, lo hice. Luego, cuando ya no era posible, canté opereta y lo disfruté".

Caso único en la historia, Di Stefano nació tenor. No necesitó de grandes sacrificios para educar su voz y esa naturalidad sedujo al mundo. La idea de convertirse en cantante surgió en una noche de juego. Di Stefano ganó, cantó para celebrarlo y uno de sus compañeros le dijo que debería cultivar su voz: tenía 16 años. "Tener todas las facultades para cantar bien es un milagro y yo fui bendecido. Pero no creo que la cualidad más importante para hacer carrera sea la voz, sino la manera de expresarse y comunicar. El resto es experiencia, tablas, talento, llámenlo como quieran". Tampoco creía en la técnica vocal: "Técnica es lo que uno adquiere con su arte dejando que los sentimientos fluyan para cantar como si fuera lo último que se va a hacer en la vida".

Tomó clases con los barítonos Luigi Montesanto y Mariano Stabile y empezó a actuar en espectáculos de variedades bajo el nombre de Nino Florio. En la II Guerra Mundial se enroló en el Ejército, donde cantaba para entretener sus compañeros, y al terminar ésta tomó la decisión de convertirse en cantante. Debutó en 1946 en Manon, de Massenet, en Reggio Emilia. Antes de un año ya había actuado en la Ópera de Roma y seducido a la Scala de Milán.

Lo demás es historia: con Callas formó la más excitante pareja de la ópera, sus discos inundaron el mundo, se convirtió en el tenor mejor pagado y dejó la ópera en 1963. Argumentaba: "La vida activa de un cantante no tiene por qué durar 40 o 50 años… también hay que vivir y disfrutar"… Así lo hizo. Hasta la noche del asalto. n

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