Viernes, 20 de enero de 2017

| 1989/03/20 00:00

El testamento de Truffaut

Los enredos de un hombre acusado de un crimen que no cometió, son la trama de "Confidencialmente tuya", la obra póstuma de Francois Truffaut.

El testamento de Truffaut

Julien Vercel es un hombre que ya pasa los cuarenta. Vive en una casa grande, con una mujer a la que desprecia. Tiene una oficina inmobiliaria en una pequeña ciudad del sur de Francia. Mientras caza, en medio de la neblina de los pantanos, escucha un disparo y luego descubre un automóvil abandonado, con las puertas abiertas y las luces encendidas. Hace lo que haría cualquiera en su caso: cierra las puertas y apaga las luces.
Por ese gesto tendrá que soportar el acoso de la policía, las sospechas de todos y el terror de sentirse perseguido. Es que la policía encontrará el cuerpo de otro cazador, con el rostro destrozado. Es el amante de su esposa y ésta, también será asesinada.
Con esos elementos iniciales, el director francés Francois Truffaut, el mismo de obras maestras como "Los 400 golpes", "La noche americana", "La historia de Adéle H.", "La habitación verde", entre otros títulos, ha dejado su testamento cinematográfico con ese hombre bajo sospecha y en una película fotografiada en blanco y negro por el cubano Néstor Almendros, "Confidencialmente tuya".
Es una comedia policíaca. También una historia de amor, porque la secretaria de ese hombre perseguido y sospechoso está enamorada de él. Julien nunca lo ha sospechado y sólo ahora, cuando lo tienen contra la pared, ella surge como la única persona en quien puede confiar, aparte del abogado que lo representa ante ese investigador que, desde los primeros pasos, está dispuesto a encerrarlo en la cárcel.
La película está basada en una novela "La larga noche del sábado", escrita por uno de los maestros del género policíaco, Charles Williams, autor de otros titulos como "El arrecife del escorpión" y "Marcada por la sospecha". La violencia subterránea del escritor, ese ambiente infernal de las pequeñas poblaciones donde nada puede ocultarse, esas mujeres capaces de sacrificarse, son elementos característicos de un lenguaje desarrollado por Williams, lenguaje que Truffaut ha transformado en su universo personal. Ese universo donde las mujeres son sensuales, agresivas y posesivas, donde la ternura, el humor y las cosas cotidianas acaban por imponerse.
Truffaut para su última película escogió dos actores estupendos: Jean-Louis Trintignant como ese hombre paciente y tranquilo que se siente excitado con el espectáculo de las piernas que desfilan a través de una ventana a ras del piso y que descubre que ha sido manipulado por todos, comenzando por su mujer para quien él ha sido el mejor recurso para borrar un pasado borrascoso. Fanny Ardant, alta, sensual y de boca grande es la secretaria, Bárbara Becker, una terca, independiente, recién separada del marido, actriz aficionada y con una lealtad a toda prueba. Por supuesto, su sentido de la verdad no le impide ver a su jefe como un sospechoso más y será en esa búsqueda afanosa del responsable de varias muertes, donde entienda todo el alcance de sus emociones y sentimientos. Todo esto, mientras la muchacha despliega su sentido común, su sentido de la observación, su perspicacia y, sobre todo, las ganas de sacar al otro del lío en que se encuentra.
La película tiene ese toque personal de Truffaut para las escenas cómicas, aun en medio de la mayor tensión. Las situaciones son ridículas. La secretaria esconde al jefe, éste le miente al abogado y el abogado por su lado desarrolla otras actividades que irán enredando más la trama.
Cualquiera de los personajes es sospechoso. Y si esto fuera poco, todo se complica cuando una mujer, taquillera en un cine e implicada con una cadena de clubes nocturnos, hace llamadas telefónicas amenazantes que dan otra pista al acorralado empresario y su secretaria.
Detectives privados, investigadores tercos, cadáveres regados por la ciudad, sacerdotes sin sotana, mujeres infieles, policías divertidos, abogados tramposos, rufianes explotadores, prostitutas colaboradoras, informantes ocultos, secretarias rubias en busca de trabajo, son algunos de los personajes extraños que aparecen y desaparecen mientras las sospechas aumentan alrededor de Trintignant.
La visión de todo el conflicto es obtenida a través de la muchacha. Será ella con su ingenuidad, con su torpeza para ciertas situaciones, con su fidelidad hacia el patrón, con sus ganas de descubrir al culpable, quien le imprima otro sentido a una historia que en otras manos hubiera sido sólo eso, una aventura policíaca de un marido acusado de matar a la mujer y el amante. Con el toque Truffaut, es decir, con su sensibilidad, con su buen humor, con su ternura, con su delicadeza y también con su erotismo púdico, además de su profundo conocimiento del cine, esta historia trasciende el género. Es la visión de un mundo sacudido por la maldad y rescatado por el amor y la imaginación.
Además de la música de Georges Deleure, compuesta con elementos que recuerdan los clásicos del género policíaco, resaltando los momentos de peligro y alertando oportunamente al espectador cuando alguna amenaza se cierne sobre los personajes, hay que destacar la fotografía espléndida de Néstor Almendros, con ese blanco y negro que hace más ominosa la atmósfera, más peligroso el ambiente, más sutil el erotismo de esas relaciones, más humorístico el entorno en que respiran.
Hay un momento de la proyección en que el espectador se siente cómplice de los personajes escondidos, amigo del acusado, compañero del engañado, solidario con él. Es el momento en que el espectador descubre de nuevo por qué siempre busca las películas de un director como éste.-

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