Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1989/01/02 00:00

EL TOQUE DE MIDAS

La mano del Grupo Santodomingo y el olfato de Diego Fernando Londoño, producen milagros en Caracol.

EL TOQUE DE MIDAS

Para muchos, el Grupo Santodomingo tiene fama de tener el toque de Midas: todo lo que toca se vuelve oro. Exageración o no, es evidente que eso fue lo que sucedió en el caso de Caracol. La empresa, fundada hace 40 años, terminó con el transcurso del tiempo siendo propiedad de cuatro familias (López, Santamaría, Londoño y Restrepo), en partes iguales. Como sucede con frecuencia, en una empresa donde no existe un accionista mayoritario y además sus socios dependen económicamente de ella, las cosas se complican en momentos de crisis.

Esto fue lo que sucedió en Caracol en 1985. Después de más de 30 años de conquistar y dominar el mercado de la radio y la televisión en Colombia, a la empresa le llegó la hora de las vacas flacas. Dos factores fueron determinantes en este proceso. El virtual monopolio de la sintonía en radio, que había convertido a Caracol en "la primera cadena radial colombiana", entró a ser disputado por un gallo de pelea: RCN, con todo el respaldo de la organización Ardila Lulle. Las tres moribundas estaciones de radio que Carlos Ardila había adquirido a comienzos de los años 70, diez años después se habían convertido en una potencia radial comparable a Caracol. Detrás de este proceso, además del empuje de la organización Ardila Lulle, estaba Juan Gossaín, copiloto de Yamid Amat, quien decidó pasar a ser comandante de su propio jumbo. Esto en cuanto a la radio.
Porque en cuanto a la televisión, los problemas aunque de otra índole, no eran menos graves. El más serio era originado por la llegada del rey Nielsen. Caracol, que había llegado a depender en gran parte de la telenovela, se enfrentó a una mala racha en este tipo de dramatizados. Desde comienzos del 85 con "Notas de sociedad", hasta mediados del 86 con "Tuyo es mi corazón", los ratings de telenovela tras telenovela se colgaron, promediando apenas 20 puntos.

La combinación de estos dos elementos, competencia en radio y escasa sintonía en televisión, desembocó en que en 1985 la empresa, que había sido rentable toda la vida, pasara a tener balances en rojo. Más grave aún, en un momento dado Caracol necesitaba 300 millones de pesos para continuar operando. Los propietarios, acostumbrados a vivir de la empresa, no estaban en condiciones de meterse la mano al dril y se llegó a un punto muerto. Como era de preverse, el deterioro en la situación económica se tradujo en un deterioro de las relaciones de los socios y comenzó la bús queda de un comprador.

La cosa no era fácil. Una compañía que había llegado a ser avaluada el cerca de 2 mil millones de pesos, cuya operación arrojaba pérdidas, parecia un elefante blanco. El príncipe encantado que habría de rescatar a la doncella en apuros fue ni más ni menos Julio Mario Santodomingo Escéptico al principio, la cabeza de Grupo acabó dejándose convence por su mano derecha, Augusto López, quien sostenía que desde todo punto de vista seria muy conveniente entrar en Caracol. El ingreso, que comenzó con el 50%, vendido por lo accionistas Santamaría y Restrepo pasó rápidamente al control con e 70%, con la venta del Grupo López Esto significó en la práctica que Caracol se convirtiera en una empresa de Grupo Santodomingo. Y algo más. Según conocedores del medio, Caracol se volvió la niña consentida de Augusto López.
Se anticipaba que la inyección de capital y la pauta publicitaria de Grupo Santodomingo le darían a la empresa la respiración boca a boca que necesitaba urgentemente para recuperarse. Sin embargo, hubo mucho más. La eficiencia y la capacidad organizativa del Grupo, le imprimiero una nueva dinámica y le dieron un apoyo logístico no menos importante que el financiero.

Todas estas circunstancias coincidieron con un hecho que ha sido de terminante en la resurrección de Caracol. La llegada de Diego Fernando Londoño a la presidencia de Caracol Televisión. Londoño de 36 años, es en cierta forma el delfín de la empresa. Hijo de Fernando Londoño, e hombre bajo cuya presidencia se consolidó Caracol como la primer empresa audiovisual del país, Diego Fernando había sido el arquitecto de una revolución en la radio. El y Yamid Amat implantaron un nuevo concepto informativo con los noticieros matutinos. A pesar de este antecedente, en el medio se pensaba que con la llegada del Grupo Santodomingo, Londoño tenía sus días contados. Sin experiencia en televisión es identificado como el hijo del dueño anterior, no se veía razón alguna para que el Grupo Santodomingo, que tradicionalmente pone a su propia gente, lo conservara en el cargo. Menos aún cuando en ese momento la telenovela de Caracol, "Marina de noche", rompía el récord histórico de bajos ratings para ese tipo de programa: 13.2.

Contrariando los pronósticos, no le corrieron la butaca. Y esta acabó siendo la decisión más acertada, ya que de ahí en adelante Caracol se ha ido anotando éxito tras éxito en las telenovelas. Con un equipo integrado por Daniel Winograd, asesor de la presidencia, y Mabel de Ayalde, vicepresidenta de producción, se jugaron la carta de "Gallito Ramírez", del escritor David Sánchez Juliao.
Una historia de boxeo en la Costa con una ex reina de belleza como protagonista, para muchos parecía demasiado riesgo. Sin embargo, seis meses después, el Gallito Ramirez y la Niña Mencha habían entrado a formar parte del folclor nacional. La sintonía pasó de 13.2 a 40 puntos. Esta cifra, aunque no muy alta para una telenovela, señalaba que había llegado el momento de la destorcida. Entusiasmados con el éxito del regionalismo, el humor y la "mamadera de gallo", decidieron utilizar estos mismos ingredientes en la siguiente telenovela, "El Divino", de Gustavo Alvarez Gardeazábal. Del acento costeño se pasó al "Mirá, vé" y se introdujo, tal vez por prímera vez en una telenovela, el homosexualismo como recurso en un contexto humorístico.
Casi 10 puntos más se trepó el rating, sobrepasado más tarde por "San Tropel" que llegó a 58. Después de cuatro largos años, Caracol volvía a superar la cifra mágica de la sintonía: 50 puntos. "Caballo Viejo", y "Quieta Margarita" habrían de promediar 60 puntos. En cuestión de telenovelas, un promedio de aciertos del 50% es considerado bueno. Por tanto, una serie de cinco éxitos en fila significa una moñona.

En general, los críticos de televisión coinciden en señalar como factores del éxito el humor, las situaciones frescas y la calidad técnica de la realización. Carlos Gustavo Alvarez, director de la revista Elenco de El Tiempo, dice que "Caracol ha logrado integrar muchos elementos para obtener un producto final de calidad: buenos libretos, buenos directores buenos actores y un buen concepto de mercadeo y publicidad... en horario garantizado". Por su parte, Germán Rey coincide en la calidad técnica y agrega que han logrado una buena ambientación y musicalización especial para cada obra. Sostiene, además, que hay aspectos importantes como el hecho de que en las telenovelas de Caracol "se trabajan los núcleos tradicionales del melodrama, pero buscándoles nuevas formas de expresión. Han dejado a un lado la truculencia y presentan las cosas más amablemente, con la incorporación de buenas dosis de humor, apoyado por unos buenos libretos".

Como si el éxito de las telenovelas fuera poco, los otros programas empezaron a subir paralelamente. Desde enlatados como "Alf", pasando por clásicos como "Sábados felices", hasta concursos como "Adán y Eva" han hecho que, en los últimos tiempos, de los 15 programas con mejor rating, seis por lo menos sean de Caracol. La seguridad que esto le ha dado a las directivas de Caracol, las ha llevado a proyectos innovadores como el de los largometrajes para televisión (ver recuadro).
Todo esto, combinado con la exitosa gestión en radio de Ricardo Alarcón, llevará, según los observadores a que la inversión hecha por el Grupo Santodomingo hace menos de dos años para adquirir el control de Caracol, se recupere en breve término. Como en sus propias telenovelas, después de los grandes dramas, viene el final feliz. -

PREMIER CARACOL
La idea es novedosa en Colombia. Nunca antes se había ensayado, a pesar de que la televisión llegó al pais hace más de 30 años. Se trata de la producción de largometrajes para la pantalla chica.

Aunque es una experiencia conocida de sobra en Estados Unidos y Europa, aqui nadie se habia aventurado a realizarla, hasta hace pocas semanas, cuando, en una conversación informal que sostenian el presidente de Caracol Televisión, Diego Fernando Londoño, y el director Bernardo Romero Pereiro, surgió el tema. Londoño lo cogió al vuelo y en poco tiempo logro cristalizar todo un proyecto de largometrajes que se Inaugura el próximo 11 de diciembre con la obra "El camaleón". Sin embargo, este es apenas el primero de ocho largometrajes que Caracol va a producir (dos este año y seis el próximo), para transmitir en su espacio "Premier Caracol", en el que los televidentes ya se han acostumbrado a ver películas de hora y media de duración, con historias completas que comienzan y terminan en el mismo espacio. Nada de capítulos, ni de esperas hasta la semana siguiente.

El primer largometraje, "El camaleón", está listo. Bernardo Romero es autor del libreto y director de la obra.
Hizo el rodaje en tiempo récord, ocho días, utilizando las técnicas del cine -plano a plano y una sola cámara.
Romero reunió en esta primera experiencia de largometraje para televisión a actores tan conocidos del medio como Carlos Muñoz, Gloria Gómez, Carlos Barbosa, Luis Fernando Ardila y Alejandro Buenaventura.
"El resultado" es optimo -dijo Romero a SEMANA. Además, se cuenta con la ventaja de la edicion posterior, que permite imprimir el ritmo que uno quiere a la obra". Como quien dice, Romero echó mano de las ventajas técnicas del cine y las combinó con una fundamental que aporta el video: poder ver el resultado a los pocos segundos de grabada una escena. Por otra parte, afirma Romero, "para los actores es más fácil, porque no tienen que memorizar grandes fragmentos del libreto".

El argumento de "El camaleon" se basa en un proceso de trasferencia de personalidades entre un siquiatra y su paciente, un criminal que no recuerda a cuántas mujeres ha asesinado (¿16, 17, 18, 20?), para dictaminar si es loco. Carlos Muñoz protagoniza los dos papeles.

Detrás del proyecto de los largometrajes hay toda una filosofía. No se puede competir con los gringos en este tipo de realizaciones desde el punto de vista de la inversión y de la utilizacion de ciertos recursos de producción. Por eso, "hay que competir con contenidos y no con formas", asegura Romero y sostiene que es esto lo que abre posibilidades en los mercados internacionales. Por otra parte sostiene, "es más fácil vender largometrajes que capítulos de telenovelas". Además, la experiencia ha demostrado que, aparte del mercado hispano de television donde podrían tener cabida las producciones colombianas, en los países donde existe televisión por cable hay demanda para los largometrajes. Y esto es importante para la contabilidad de las empresas. Por regla, general, la inversión no se recupera con la trasmisión nacional y sólo la venta en el exterior es lo que garanliza que no haya pérdidas.

Desde el punto de vista del desarrollo del medio en Colombia, Romero afirma que "se abre un campo de trabajo para quienes saben de cine pero no pueden hacerlo porque no tienen como". Y esto se corroboraría con hechos como el de la realización de "El camaleón", por ejemplo, que costó 25 millones de pesos, mientras que la pelicula "Maria Cano", financiada por Focine, superará los 150, según directivos de Caracol.

Con la producción de largomelrajes, Caracol -y en general la televisión colombiana--ha dado un paso adelante. Los televidentes tienen ahora la palabra.

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