Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1997/03/24 00:00

EL TUNEL DEL TIEMPO

La exposición 'Momias y rituales. Secretos funerarios de Perú y Colombia', pone en conocimiento del público la realidad científica acerca del fenómeno de momificación.

EL TUNEL DEL TIEMPO

El cine y la literatura de terror se han encargado de colmar de leyendas fantásticas, muchas de ellas tenebrosas y grotescas, la imaginación de cinéfilos y lectores acerca de las momias. Pero lo cierto es que el fenómeno de la momificación, descubierto y practicado por el hombre desde el nacimiento mismo de las civilizaciones, trasciende la simple anécdota de la conservación de los cadáveres. Y es que desde cuando los arqueólogos europeos comenzaron a desenterrar los grandes vestigios de la civilización egipcia, las momias se convirtieron en uno de los mayores atractivos científicos y culturales alrededor del mundo. No sólo por el propio hecho de que los investigadores se hallaran frente a realidades humanas de miles de años atrás, sino porque su análisis suponía desentrañar buena parte de los misterios sobre la evolución social del hombre.El primer acercamiento a las momias sempiternas ha sido cultural, pues el fenómeno de la momificación ha servido de soporte esencial en el estudio de las complejas relaciones del hombre con la muerte. Para las antiguas civilizaciones que practicaban este rito, tanto en América como en Africa, Asia y Europa, se trataba de un fenómeno asociado directamente con la convicción de la existencia de la vida después de la muerte. Para algunas culturas, la conservación del cadáver era también la conservación del espíritu. Por eso no es de extrañar que los antiguos guerreros del Perú y de Colombia cargaran con la momia de sus caciques para enfrentar al enemigo en la guerra. Para otras, la momificación tenía que ver más con la preparación del cadáver en su viaje hacia la otra vida. Por tal motivo, muchas momias han sido encontradas no sólo con sus utensilios cotidianos sino con toda una corte de súbditos dispuestos a colaborarle en su trance.El segundo acercamiento al fenómeno ha sido científico. En los últimos años los avances de la ciencia y la tecnología han permitido estudiar a las momias con un grado de proximidad inimaginable hace apenas una década. Gracias a la escanografía, la radiografía y a otras evolucionadas técnicas computarizadas de análisis, proyectadas a la investigación de las momias, la comunidad de científicos, biólogos, antropólogos y arqueólogos han logrado remontarse sin margen de error a las civilizaciones antiguas para conocer sus costumbres, sus formas de alimentación, su hábitat, sus desplazamientos geográficos y, en general, su tipo de vida, detalles imposibles de detectar con el sólo estudio de sus vestigios materiales.Precisamente estas dos motivaciones, la cultural y la científica, animaron al Museo Nacional, en colaboración con el Instituto Colombiano de Antropología -ICAN-, la Universidad Nacional y el Museo Jacinto Jijón y Caamaño, del Ecuador, a presentar al público, en la sede del Museo Nacional, en Bogotá, los resultados de la investigación que viene realizando un equipo de trabajo liderado por el antropólogo colombiano Felipe Cárdenas-Arroyo, a partir de la colección de fardos funerarios, momias y cráneos reducidos pertenecientes al ICAN y al Museo Jacinto Jijón de Quito. El proyecto, iniciado en 1992 y proyectado hacia el año 2000, apunta al análisis sobre los diversos aspectos de la biología humana de la cultura Maranga, asentada en los suburbios de Lima y localizada en el tiempo entre los años 450 a. C. y los 500 d.C., mucho antes de la aparición de los Incas.La exposición está organizada en forma pedagógica, de manera que el espectador tenga una visión de conjunto sobre los tipos de momificación -natural y artificial-, los elementos asociados al rito y las connotaciones culturales, políticas y biológicas de tan valioso material arqueológico y antropológico.Se trata de la primera exposición de esta índole en Colombia, un esfuerzo que hace volver la mirada no sólo sobre esa fascinante realidad cultural, tan tergiversada por la imaginería popular, sino sobre un trabajo que da cuenta de las maravillas del origen de las civilizaciones, descubiertas gracias a las más sofisticadas técnicas científicas.

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