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| 8/4/2012 12:00:00 AM

El último aristócrata

Murió Gore Vidal, uno de los narradores más polémicos de los últimos tiempos. Sus grandes novelas, sus opiniones políticas y sus escándalos lo convirtieron en un referente de la cultura estadounidense.

Dicen que tener un escritor que opina y participa en la política activa de un país es un rasgo tercermundista. Pues bien, Gore Vidal fue precisamente eso en los Estados Unidos: un escritor que trascendió la esfera literaria, aspiró a cargos de elección popular y fustigó duramente al Estado, a sus políticos y a sus partidos emblemáticos: "Sólo hay un partido político en Estados Unidos, el partido de la propiedad y tiene dos alas de derecha: republicana y demócrata. Los republicanos son un poco más estúpidos, más rígidos y doctrinarios en sus políticas de laissez-faire que los demócratas, que son más simpáticos y un poco más corruptos". Al presidente Franklin D. Roosevelt lo acusó de haber provocado a propósito el ataque de los japoneses contra Pearl Harbor y a George W. Bush no lo bajaba de "criminal de guerra". Pensaba que Estados Unidos había traicionado el sueño de sus padres fundadores de ser una República para convertirse en un Imperio.

Para que no hubiera ninguna duda de su interés en la política, alguna vez dijo: "La única cosa que siempre he querido hacer en mi vida es ser presidente". No llegaría a serlo pero nunca dejó de comportarse como un presidente no electo en la sombra. Eugene Luther Gore Vidal nació en la academia militar de West Point y fue el único hijo de una casquivana niña mimada de la era del jazz y de un atleta de fama nacional que fundó una de las primeras líneas aéreas de pasajeros en los Estados Unidos. Pertenecía -y era consciente de serlo- a la 'aristocracia', aunque en rigor, esa clase social no existe en ese país. Pero el efecto aristocrático en su personalidad se vio reflejado con una pasmosa seguridad en sí mismo y en sus opiniones a contracorriente de las ideas dominantes y siempre provocadoras, irreverentes, salidas de tono. Sus padres se separaron y la educación del joven Gore recayó en su abuelo materno Thomas Pryor Gore, senador demócrata del Estado de Oklahoma, por cuya casa desfilaban figuras públicas y los políticos del momento.

Por fortuna, el hombre político no enterró al gran escritor que había en él. A los 21 escribió su primera novela Willywaw, basada en sus experiencias como militar en el destacamento de la bahía de Alaska, muy bien recibida por la crítica. Dos años más tarde, en 1948, sorprendió con otra novela, La ciudad y el pilar de sal, en la que abordó el tema gay; estaba dedicada a Jimmie Trimble, un amante que tuvo en el colegio de St. Albans. Hoy parecería una novela cándida pero en aquella época desató una gran polémica hasta el punto que el diario The New York Times se negó a publicar reseñas de sus nuevos libros. Esto lo obligó a firmar con seudónimo y a buscar otras formas de ganarse la vida con su oficio. Escribió para teatro y para cine obras que tuvieron un gran éxito: The Best Man, Visit to a Small Planet y Ben Hur, aunque en esta última no figura en los créditos como guionista, por absurdas razones de cambio de productor.

El éxito económico de sus incursiones en Hollywood y en Broadway le permitieron comprarse una villa en Ravello, Italia, y concentrarse en escribir durante largos años la que es considerada su obra mayor de ficción, una serie de novelas sobre la historia de Estados Unidos: Burr, 1876, Lincoln, Washington D.C., Imperio, Hollywood y La edad de oro. Con esas novelas llegó a ser, en palabras del crítico Harold Bloom, "El creador de una mitología norteamericana". Y no hay que olvidar otra novela que consolidaría su prestigio en el ámbito hispano Juliano el Apóstata, sobre el emperador romano del siglo IV que quiso revivir el mundo pagano frente al cristianismo ascendente. Tampoco, sus ensayos literarios y políticos, "incomparables en cuanto agilidad, sinceridad y concreción", según dijera Italo Calvino.

A los 86 años murió en Los Ángeles, víctima de una pulmonía, sin haber renunciado un solo instante a su elegancia y a su inteligencia mordaz.
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