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| 10/6/2012 12:00:00 AM

El último historiador universal

La muerte del británico Eric Hobsbawm tiene de luto al gremio de los historiadores. Su obra es fundamental para enteder los hechos clave del siglo pasado.

Se podría decir que en las bibliotecas de todas las universidades, pero también en las de los intelectuales, los historiadores y los aficionados a esa disciplina, la obra de Eric J. Hobsbawm tiene un lugar especial. No solo porque durante años fue el historiador vivo más prestigioso del mundo, cuyos trabajos se convirtieron en un recurso de consulta universal, sino porque su larga vida le permitió ser testigo excepcional de la mayoría de los procesos que describió, sin dejar jamás, curiosamente, sus convicciones marxistas que marcaron su visión.

Incluso un país como Colombia, menospreciado por los grandes historiadores norteamericanos y europeos porque rompe los modelos de la clásica historia de América Latina, le fue esquivo a este británico fallecido el lunes a los 95 años de edad. Ni siquiera la lucha que libró durante sus últimos años contra una leucemia apagó su mente, que mantuvo activa para escribir y opinar, no solo del pasado y presente del mundo, sino de su otra gran pasión: el jazz.

Gran parte de la vida de Hobsbawm estuvo atada a la historia del siglo XX. Nació en Alejandría cuando Egipto era un protectorado británico, en 1917, el mismo año en que triunfó la revolución soviética y se impuso en Rusia el comunismo, una visión política que admiraría pero también criticaría el resto de su vida. Cuando era muy niño su familia, de religión judía, se trasladó a Viena (su madre era de origen austríaco) y Berlín, donde se afilió al Partido Comunista a los 14 años. Sus padres murieron en un corto lapso y él quedó en manos de sus tíos, que trasladaron la familia a Inglaterra, justo cuando el nazismo empezaba a tomar fuerza en Alemania.

La llegada de Hobsbawm a las islas marcó su vida profesional y, con el tiempo, dejaría una huella indeleble en la vida intelectual de ese país. Empezó a estudiar Historia en el King's College de Cambridge, pero tuvo que hacer un receso forzoso en la Segunda Guerra Mundial al vincularse como voluntario al Cuerpo de Ingenieros y al Royal Army Educational Corps. Según decía, la experiencia del trabajo físico de cavar trincheras lo puso en el terreno de lo que era la vida de los obreros. En la posguerra se doctoró en Cambridge, en donde formaría parte de la élite intelectual de esa universidad, a pesar de ser un reconocido militante e intelectual del Partido Comunista Inglés.

Junto a otros brillantes historiadores del Partido, como E. P. Thompson, Christopher Hill, Rodney Hilton y Raphael Samuel, usó los postulados marxistas de la lucha de clases para reescribir desde la perspectiva de los de abajo (obreros, campesinos, vasallos, proscritos, bandidos) los grandes hitos de la historia, como el surgimiento del capitalismo y la clase obrera o las revoluciones. Ese grupo fundó en 1952 la prestigiosa revista Past and Present, pionera de la historia social y referente actual de esa disciplina.

A pesar de su militancia Hobsbawm no aplicó dogmáticamente el marxismo a sus investigaciones. Si bien defendía a la Unión Soviética, más por el hecho de haber acabado con el nazismo, también la criticaba. Visitó varias veces el Kremlin, aunque en más de una oportunidad manifestó sus disgustos con el sistema comunista. En 1956, por ejemplo, se alejó de Moscú después de que Nikita Krushev ordenó a sus tanques entrar a Budapest. Pero aunque todos sus colegas comunistas renunciaron al partido en protesta, Hobsbawm permaneció fiel, incluso luego de la caída del Muro de Berlín, cuando muchos intelectuales comunistas renegaron de su ideario.

Pero él no solo siguió usando el marxismo como método para entender las contradicciones del siglo XXI, sino que contribuyó a su renovación teórica al criticar profundamente el determinismo económico de la obra de Marx y otros como Lenin y Trotsky, y al darle una mayor relevancia a otros aspectos de la historia como la cultura. Hobsbawm y sus colegas británicos, junto con la escuela francesa de los Annales, contribuyeron a transformar la disciplina histórica.

Entre su inmensa bibliografía se destaca la trilogía La era de la revolución: Europa 1789-1848, La era del capital: 1848 y 1875 y La era del imperio: 1875-1914 quizás una de las mejores historias sobre el surgimiento de la modernidad. Esta serie fue complementada por The Age of Extremes: the short twentieth century, 1914-1991, conocida en español como Historia del Siglo XX, sin duda su obra más conocida. En este libro, traducido a más de 40 idiomas, Hobsbawm argumenta que el siglo XX realmente comenzó con el fin de la Primera Guerra Mundial y terminó con la caída del Muro de Berlín, en 1989. Y que su principal protagonista fue el comunismo soviético.

Por su interés en las revoluciones y la adaptación de la sociedad al capitalismo occidental, Hobsbawm viajó a América Latina más de una vez. Estuvo unos meses en Colombia y visitó Argentina en varias oportunidades. En sus libros Rebeldes primitivos: Estudio sobre las formas arcaicas de los movimientos sociales e n los siglos XIX y XX (1959) y Bandidos (1969), basado en el mito de Robin Hood, analizó el fenómeno del bandido social, ese personaje rural que ante la injusticia decide ser el protector o el vengador de los débiles, convertido en un convicto ante la ley y en un héroe ante los más pobres. Para Hobsbawm el bandido social es ante todo una forma de protesta social premoderna y con esta idea expuso una de las explicaciones de la Violencia en Colombia de mediados del siglo XX. Para él la Violencia "procede de una revolución frustrada", de una situación resultante de "cuando las tensiones revolucionarias sociales no son disipadas por el pacífico desarrollo económico ni atajadas para crear estructuras sociales nuevas y revolucionarias".

Este estudio sirvió para desatar en Colombia una amplia producción de investigaciones sobre la Violencia, que aún no termina. Hobsbawm también ejerció una fuerte influencia sobre los historiadores que en la década de los ochenta empezaron a estudiar la formación de la clase obrera en Colombia.

Hobsbawm podía escribir un libro de alcance mundial con la misma agilidad con la que contaba pequeñas historias. Su obra es el reflejo de la vida de un hombre que más allá de ser inglés fue un ciudadano del mundo, un vocero de los millones y millones de protagonistas silenciosos que casi nunca tienen un lugar en la historia.
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