Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1998/03/30 00:00

EL ULTIMO SUEÑO DEL JUGLAR

A sus 83 años y con cerca de 1.000 composiciones,José Barros tiene listo su nuevo ritmo musical: el catanguelé.

EL ULTIMO SUEÑO DEL JUGLAR

Alas dos y media de la tarde el maestro José Barros se sienta en la sala de su casa en El Banco tratando de tomar un poco de aire fresco. Por la ventana de la vieja casa se cuela una brisa pesada y lenta que apenas alcanza a mover-le un poco su escaso cabello blanco. El sopor del medio día parece espantar todo en este pueblo ribereño a orillas del Magdalena. Lo único que los 42 grados centígrados no espantan es la risa del maestro Barros. La de Barros es una risa traviesa que le sirve para celebrar todas sus hazañas en la vida.
Poco a poco José Barros va contando toda la historia contenida en sus 83 años de vida. La infancia en El Banco, "cuando la fuerza del río Magdalena era espantosa, no como ahora que da vergüenza", dijo, señalando un hilillo de agua que pasa a pocas cuadras de su casa y que él apenas alcanza a ver. El Magdalena de hoy es un río moribundo y manso que parece dormir una siesta eterna. Los ojos de Barros brillan cuando recuerda que en esos tiempos en el río había caimanes gigantes y garzas y patos y nutrias negras. Cuenta Barros que alcanzó a ver manadas de animales salvajes asoléandose a la orilla del río."Había caimanes como peces", dijo, mientras vuelve a sonreír.
Barros no soporta el calor. Suda. Mira desesperado e impotente a través del ventanal. Una extraña enfermedad lo tiene postrado a una silla. Le cuesta levantarse y mantenerse en pie. Quién lo creyera: el rey de la cumbia no puede dar un paso. Pide ayuda para salir al corredor de la casa y poder refrescarse un poco más. Pero el calor de El Banco es infernal. Las hojas del tamarindo apenas se mecen. El asfalto de la calle se derrite y se convierte en una melcocha negra. Ya instalado en el corredor, el maestro Barros se dedica a saludar a todo el que pasa."Adiós maestro", le dicen los paseantes. El sólo se limita a mirarlos y a responder el saludo.
Pasar en las tardes por la casa de Barros a saludarlo se ha convertido en el único atractivo turístico que la queda a este pueblo estancado en el tiempo. Cuando salen de la escuela los niños se agolpan en la ventana para verlo tararear sus melodías. Lo ven pulir las partituras de sus canciones y silbar los nuevos ritmos. José Barros es una leyenda viviente. La correspondencia que recibe no tiene dirección. Sólo dice: 'José Barros, El Banco (Magdalena)'. "Y aquí llegan todas las cartas. Las leo casi todas. Pero sólo respondo algunas", contó con sinceridad.

El catanguelé
Aunque el cuerpo de Barros luce estropeado su mente está lúcida. Recuerda todas sus canciones, inclusive las menos populares; sus viajes a México y Argentina cuando muy joven se le dio por conocer de primera mano los orígenes del bolero y del tango. Evoca con nostalgia las noches de bohemia cuando él ponía la música y sus amigos el trago y las mujeres. Aquellas noches del joven José Barros en La Reforma y en Corrientes, cantando, bebiendo y riendo. Piensa en los viajes de la inmortal Piragua, la de Guillermo Cubillos, que viajaba de El Banco, viejo puerto, a las playas de amor en Chimichagua. De Cubillos dice que era cachaco. "Había nacido en Chía", dijo el maestro Barros, mientras trató de acomodarse en la mecedora.Pese a sus años, José Barros tiene tantos proyectos como recuerdos. Está metido de cabeza en darle los últimos toques al ritmo musical que inventó: el catanguelé, que él mismo viene anunciando desde hace algunos años y al que todavía no ha podido ponerle punto final. El catanguelé es una mezcla musical entre el merengue dominicano y el colombiano.Pero, sobre todo, el catanguelé es la consagración de José Barros como uno de los grandes maestros de la música colombiana. Luego de que otro grande, Francisco 'Pacho' Galán, creara el legendario merecumbé, nadie en el país había inventado un nuevo ritmo. Ese es el gran mérito de Barros. En momentos en que la mayoría de la música que se escucha es reciclada o extranjera, Barros asumió el reto de crear un nuevo género musical y ahora, después de mucho trabajo y estudio, está a punto de dar a conocer su obra.
El maestro Barros luce feliz con el invento."El catanguelé es tan bueno que lo van a bailar hasta los viejitos", dijo, mientras golpeaba una de sus rodillas con la yema de los dedos, llevando la melodía. La canción que está puliendo se llama Catalina y dice que se refiere a una muchacha bastante alegre que le gustaba mucho el baile y que por cuenta de eso ponía a sufrir al marido. ¿Quién es Catalina? ¿Acaso se trata de un nuevo amor? "No _respondió_, uno ya no está para esos trotes. Es una muchacha que me contaron que le gustaba mucho la rumba y el zapateo", dijo.
Hay dos músicos a los que José Barros le gustaría que interpretaran el nuevo ritmo: Juan Carlos Coronel, de quien dice que tiene una de las mejores voces para ritmos tropicales, y el 'Checo' Acosta, a quien conoció después de que éste grabara una nueva versión de la Llorona loca, la que salía en una calle de Tamalameque con un tabaco prendido en la boca.
Esos son sus sueños. Sueña José Barros con sanarse de su enfermedad y algún día volver a tomar una antorcha en su manos para bailar nuevamente, como hace muchos años, al son de las pilanderas, sus porros, cumbias y pasillos que lo hicieron inmortal. En su casa de El Banco espera el maestro Barros que se hagan realidad. Ojalá Dios quiera que se le cumpla ese sueño al último juglar colombiano.

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