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| 12/1/2002 12:00:00 AM

El último surrealista

El pintor chileno Roberto Matta dejó un legado que el mundo artístico siempre le agradecerá.

Cuando se habla de historia del arte latinoamericano es normal, y apenas lógico, reconocer la notoria influencia que artistas europeos han ejercido en países del Tercer Mundo. Durante el siglo pasado, por ejemplo, Picasso, Duchamp, Léger, Matisse, entre tantos otros, marcaron en su momento la pauta sobre los nuevos rumbos del arte. Aquí se tenía contacto con esas propuestas con algunos años de retraso pues no todos los artistas podían viajar a Nueva York o a Europa para estar al tanto de ellas. La información que llegaba tampoco era la ideal. Y por eso las vanguardias siempre fueron consideradas un elemento propio del Viejo Continente.

¿Pero era posible que ocurriera lo contrario, que algún latinoamericano influyera en quienes serían algunos de los artistas más grandes de la historia? La respuesta es sí. La obra del chileno Roberto Matta, quien hace pocos días falleció a los 91años de edad en Italia, fue fundamental para artistas norteamericanos como Jackson Pollock, Rothko, William Baziotes, Robert Motherwell y Arshile Gorki.

Matta, quien vivía en París desde 1933 y había ingresado oficialmente al surrealismo cuando André Breton, el fundador del grupo, le compró dos dibujos por sugerencia de Salvador Dalí, viajó a Estados Unidos en 1939, al lado de otros surrealistas, e inmediatamente entabló contacto con los principales artistas de ese país. Por ser uno de los pocos que hablaba inglés pudo explicarles a los norteamericanos los preceptos del surrealismo y, sobre todo, su particular método de trabajo: el automatismo síquico.

Ese método consistía simplemente en que el lápiz recorriera la superficie del papel de manera automática para que la pintura o el dibujo aparecieran de manera espontánea. Para Pollock, por ejemplo, la asimilación de esa técnica fue fundamental. También les habló de cómo explotar la libertad y el mundo interior, de lo síquico, a través de la pintura en uno de los momentos más críticos de la historia. Se ha dicho que en medio de estas representaciones Matta revolucionó ciertas visiones religiosas tradicionales para dar paso a un "misticismo auténtico". "Si Dalí ilustró las fantasías del subconsciente, Matta las ha retratado con fidelidad de paisajista que observa sus panoramas interiores y los pinta como si se encontrara allí con su caballete y su paleta, mientras sopla el ciclón del tiempo que integra y desintegra el espacio", comenta el historiador Alvaro Medina.

Matta tomó un camino diferente al de los norteamericanos pues optó por incluir elementos figurativos que "le permitieran representar lo inhumano del hombre". Por esta razón fue expulsado del surrealismo en 1948, cuando volvió a París, aunque también se dice que la ruptura tuvo otra causa: Matta se convirtió en el amante de la esposa de Gorki, hecho que llevó al suicidio del artista. En 1959 sería aceptado de nuevo.

Esas pinturas llenas de alucinaciones y de imágenes cargadas de significados, y que fueron agrupadas en lo que él mismo llamaría Morfologías, no sólo tuvieron ese reconocimiento en Estados Unidos. Marcel Duchamp también lo hizo: "Su primera contribución a la pintura surrealista, y la más importante, fue la de descubrir regiones del espacio hasta entonces desconocidas en el campo del arte". El espacio le daba orden a todo lo que aparecía en sus pinturas, pero no como fondo ni como escenario sino como el eje mismo de la obra. Tal vez por tener una formación como arquitecto pudo ir más allá en este aspecto. Como también lo hizo con el tiempo pues, se dice, que fue capaz de generar movimiento donde, en apariencia, no puede existir. "Estar ante una obra suya es estar en el pasado, presente y futuro", comentó el curador de su última exposición en la Casa de Arte 'Ulises' de Roma.

Fue comunista, se llamó a sí mismo "ciudadano del mundo", nunca se mostró orgulloso de Chile, murió con la ciudadanía española y francesa. Visitó su país no más de 10 veces y vivió en París, Londres e Italia. Al lado del cubano Wilfredo Lam y de los tres muralistas mexicanos, Diego Rivera, David Siqueiros y José Clemente Orozco, Matta ha sido considerado uno de los más grandes artistas latinoamericanos del siglo XX. Murió pero, para fortuna de la humanidad, su obra perdurará en los principales museos del mundo.
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