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| 12/22/1986 12:00:00 AM

EL ULTIMO VIAJE

En "La nieve del almirante", Alvaro Mutis vuelve a sacar de excursión a Maqroll el Gaviero.

A lo largo de la obra de Alvaro Mutis aparece un personaje impreciso, mitad legendario, con visos de una transfiguración del poeta, cuya sola mención viene a inquietar a lo largo de sus nuevas apariciones, Maqroll el Gaviero. Aunque su voz era reconocible y su destino ya irrevocable, la semblanza definitiva del Gaviero no emergía en la expresión cabal de sus breves bocetos: en "Caravansary", de 1981, está fugazmente presente en dos relatos brevísimos; y luego, en "Los emisarios", de 1984, hay una nueva relación de su vida errante. Sin embargo, la primera mención de Maqroll la encontramos en "Los elementos del desastre" de 1952
Ahora en una nueva novela de Alvaro Mutis, que Alianza acaba de publicar, reaparece de cuerpo entero este personaje cuya semblanza, digámoslo de una vez, no es simple. Treinta y cuatro años separan al primer Gaviero de éste que nos muestra Mutis en "La nieve del almirante".
En realidad, "La nieve del almirante" en una tienducha perdida en las alturas de una cordillera, donde los conductores de camiones se detienen, en medio de la espesa niebla, para apurar un café. El tendero, en un tiempo, era un tal Maqroll el Gaviero, y sus recuerdos y su pasado se hunden en el misterio. Años más tarde, en una librería del viejo barrio gótico de Barcelona, aparecen por venturoso azar unos manuscritos suyos, que es lo que constituye la relación de la novela: "La nieve del almirante".
Relatada en forma de diario, la novela abarca los cuatro largos meses que Maqroll emplea en remontar el río Xurandó, que serpentea por las selváticas regiones de tierra caliente, en compañía del capitán del precario lanchón, un pasajero nórdico, digno de toda sospecha; el mecánico y el práctico de la embarcación, en un viaje alucinante, rumbo a un remoto aserradero en el que Maqroll invertirá sus desastradas finanzas.
La novela se conforma en torno a la tradición del relato de viajes, incluso, a las crónicas del Descubrimiento. La descripción del viaje que Maqroll entreteje con paciencia y maestria, es el relato de los peligros que asechan sin cesar a los viajeros en un paisaje devorador, pero que tiene su réplica exacta en la intensa vida síquica del narrador, alimentada sin tregua por pensamientos sombríos y reflexiones derrotadas, y empujada, hasta el borde del abismo, por sus sueños y delirios febriles.
Si lo "real maravilloso" o el "realismo mágico" definió unas cuantas obras de la reciente literatura latinoamericana, esta novela puede fundar un nuevo estilo gótico levantado con las voces y presencia del trópico embrujado.
La extrañeza del mundo y de los hombres, el imperativo de la rebelión personal, el lastrado peso del fracaso y la recurrente coreografía militar que irrumpe con fuerza de síntesis histórica, son elementos que están subsumidos en las pulsiones del relato, alentando su ritmo sostenido, sosteniendo su tono exaltado, alimentando el fuego de su reverberación, que por momentos llega a ser demencial. Y sin embargo, el relato no abandona la superficie de la travesia. ¿Qué sucede realmente? Pocas cosas, en verdad. Encuentros, cópulas extrañas, destinos que se cruzan, historias que se relatan, peligros previsibles... La anécdota se agota rápidamente. La aventura no está sobrecargada de acciones, mucho menos de heroísmo. Lo que allí está presente es la visión de un paisaje lujuriante que en su leve contacto con lo extraño pone en el corazón del hombre "un súbito y profundo trastorno", como entrevió Conrad el resultado del contacto del hombre con la soledad selvática. Así, la doble naturaleza transforma la realidad, traspuesta, más que por los incidentes, por el determinismo del espíritu, por la exaltada imaginación, por la evocación de la memoria y la sugestión de una vago peligro que asecha misterioso al Gaviero, el relator.
La prosa diáfana y profunda, excepcionalmente precisa y tumultuosa, fragua mitológica, es el resultado natural de una pasión poética y de un esplendor verbal que Octavio Paz definió así: "Triunfo de la apariencia, es decir del espíritu humano que tiende siempre u encarnar, a manifestarse, a presentarse y, de este modo, a erigirse en monumento de sí mismo, de su poder y de su ruina".

MAS UNA EMOCION QUE UNA HISTORIA
Uno de los aviones que tanto frecuenta Mutis por su oficio (todo un ejecutivo de transnacional) lo llevó recientemente a Madrid para el lanzamiento de "La nieve del almirante". Meses antes otro avión con él a bordo, entre México y Buenos Aires, fue el lugar donde escribió las primeras cinco páginas de su nuevo libro, en el que cuenta el último viaje de Maqroll el Gaviero
La presencia en España de este bogotano de 63 años, que vive en México, fue registrada con despliegue por medios como El País de Madrid, que reseñó su novela y logró opiniones del autor. Algunos de esos conceptos sobre su vida y su obra, fueron estos:
-"Todo lo que escribo está destinado a perpetuar ese lugar" (Coello, una finca en el Tolima donde Mutis pasó su infancia).
-"Soy gibelino, monárquico y legitimista".
-"Yo no tengo la culpa de vivir en un mundo en el que el ideal es una mezcla de supermercado y de gula. Lo que me sorprende es que alguien se sorprenda de que yo prefiera una catedral gótica a un McDonald's".
-"Me niego a aceptar leyes de vida, reglas, decretos, nacidos e impuestos por una ideología, por un orden de ideas puramente racional".
-"Mi nueva novela es más una emoción que una historia. No me interesa contar una historia sino dejar constancia del trazo de un destino".
-"Nadie ha podido cambiar la fiebre distorsionada y enloquecida de la historia".
-"En el fondo soy un señorito bogotano que detesta la selva, la democracia y la vulgaridad".
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