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| 8/11/2012 12:00:00 AM

El vengador del futuro

En esta innecesaria revisión de la película de ciencia ficción de 1990, un hombre pierde la memoria y debe tratar de averiguar quién es, mientras huye de unos villanos

Título original: Total Recall
Director: Len Wiseman
Guión: Kurt Wimmer y Mark Bomback.
Actores: Colin Farrel, Kate Beckinsale, Jessica Biel, Bryan Cranston.
 
Hay dos momentos de la película original (de 1990) que se me quedaron cuando la vi hace años. Una era una muchacha de tres senos (recuerdo la confusión, ¿será erótico? ¿estorboso?) y la otra cuando Arnold Schawrzenegger trataba de pasar por inmigración a Marte disfrazado de mujer.

Al parecer, ambos momentos se le quedaron a más gente, porque pueden verse citados en esta nueva versión. Ahora, resulta difícil saber si algo de esta película frenética e incoherente se le quedará a algún adolescente en la mente. Lo dudo: todo pasa demasiado rápido como para permanecer.

Situada en el futuro, sucede en las dos únicas zonas habitadas después de una catástrofe ambiental. Una es en el norte, en lo que era Londres, y otra en el sur, donde quedaba Australia.

En Londres todo es ordenado, limpio y blanco, la clase de futuro que hemos visto en algunas películas (THX 1138), mientras que en el sur todo es oscuro, caótico y vagamente asiático, como hemos visto en otras (Blade Runner). Un pasadizo une los dos extremos del mundo y por ahí baja y sube una enorme torre, trasteando trabajadores. Ahí vemos a Douglas Quaid (Colin Farrell), que no luce muy contento con su vida.

Como en la original, decide ir a un sitio a implantarse recuerdos de ser un gran espía y ahí su vida se derrumba. Entra la Policía, lo persiguen, no sabe quién es y, al no saber eso, tampoco sabe qué quiere o qué es correcto o justo. Son los temas del escritor de ciencia ficción Philip K. Dick, en uno de cuyos cuentos está basada la cinta: ¿Qué hace que uno sea quien es? ¿Cómo confiar en los recuerdos? ¿Es real lo que llamamos realidad?

La principal de sus perseguidores es Lori (Kate Beckinsale) que pasa de ser su preocupada y cariñosa esposa a una harpía asesina. Resulta que Quaid, antes de perderse entre falsas memorias, era un espía doble, el segundo al mando de una nebulosa resistencia (no está muy claro contra qué se resisten) con una novia (Jessica Biel) particularmente heróica y convincente. Entonces vemos a estas dos trigueñas (Beckinsale en particular parece salida de una interminable propaganda de bálsamo para el pelo) disputándose al galán.

Dejando de lado la incoherencia de la película (¿para qué hacen atravesar el planeta a los trabajadores? ¿No era más fácil, villanoso y polucionador construir las fábricas en el sur?), hay algo perverso en la trama: un hombre huye de su exmujer que quiere hacerle daño y debe encontrar las agallas para acabar con ella.

Como sucede a menudo en estas películas de acción y venganza, el odio hacia el antagonista va en aumento y alcanza su clímax en el duelo final donde se nos induce a darle rienda suelta a nuestros peores instintos y exigir un aniquilamiento ejemplar, ojalá doloroso.

Pero, vaya, en este caso se trata de una muchacha con pelo lindo, manejable. ¿No hay algo profundamente retorcido al hacer fuerza para que la dejen untada en unas paredes del futuro? Pero así está construída. Entonces queda uno sintiéndose sucio además de atontado, una combinación novedosa aunque no por eso recomendable.
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