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| 1/28/2012 12:00:00 AM

El viejo y la joven

Una narración con una elaborada trama que oscila entre el cuento de hadas, el erotismo suave y el retrato de una sociedad.

Joyce Carol Oates
Una hermosa doncella
Alfaguara, 2011
213 páginas
 
Más de cincuenta novelas y tres nominaciones al Pulitzer es la carta de presentación de la reconocida narradora norteamericana Joyce Carol Oates. Como dice Jane Smiley, del Washington Post, su obra es como un museo con una multitud de salas. De las cuales sobresale Una hermosa doncella, un dibujo sin sala propia pero que de cualquier manera merece la contemplación. Se trata, sin duda, de una obra menor de la prolífica escritora -varias veces candidata al Premio Nobel y autora de la popular La hija del sepulturero-. Una hermosa doncella cuenta la intrigante historia entre Katia Spivak, una niñera de 16 años que trabaja en Bayhead Harbor, un exclusivo veraneadero de Jersey, y Marcus Kidder, de 67 años, un glamuroso y rico escritor de literatura infantil, retratista en sus ratos de ocio. El encuentro entre ellos ocurre de la manera más casual, en Ocean Avenue, la calle chic de Bayhead Harbor. Marcus se encuentra con Katia Spivak, quien contempla extasiada una vitrina y no puede evitar decirle: "¿Y si pudieras escoger, si pudieras cumplir tu deseo?".

Tal como se oye, una narración que recrea la atmósfera de los cuentos de hadas. Cuando Katya mira el escaparate de la tienda de Hilbreth siente, además de una punzada en el corazón, desolación, resentimiento, disgusto, indignación y una envidia infantil contra quienes compran objetos caros para sus caras viviendas. Lo cierto es que la joven Katya acepta el juego -y los regalos- que le propone el recién conocido Marcus Kidder , "un artista de verdad", y empieza con él una equívoca relación que de inmediato nos hace pensar en los relatos clásicos sobre el tema como La casa de las bellas durmientes, de Kawabata; El viejo y la jovencita, de Italo Svevo; Memoria de mis putas tristes, de García Márquez y, por supuesto, Lolita, de Nabokov. Aunque se trate de una Lolita mezclada con la leyenda de El Castillo de Barbazul. Marcus Kidder, al parecer, colecciona esposas-niñas y es mejor no abrir las puertas y los cuartos de su gótica mansión.

Katya Spivak, una joven pobre de Vineland, sur de Jersey, con un padre ausente y una madre alcohólica, medio prostituida, que se rebusca la vida en los casinos de Atlantic City, con una familia que literalmente raya en el código penal, se siente deslumbrada con el viejo escritor y el mundo refinado al que la quiere invitar. En otras palabras, se siente única y querida de una manera que nunca antes lo había sido. "Lo que anhelaba por encima de todo era que la quisieran a ella, Katya Spivak. Que le dijeran que era especial, no una chica cualquiera". Marcus Kidder percibe su debilidad y no le queda difícil seducirla con las palabras precisas: "Este sentimiento entre nosotros, Katya, que nació esa mañana en Ocean Avenue, y que estoy tratando de capturar por medio del arte, tú también lo sientes, querida, ¿no? ¿Qué somos almas gemelas, nacidas en momentos dispares?".

El astuto viejo teje su red en la que caerá la joven doncella. Tal parece ser la novela que estamos leyendo. Joyce Carol Oates, una narradora baquiana, no solo por sus numerosos libros sino por ser profesora de escritura creativa en la Universidad de Princeton, quiere invitarnos a esa fiesta, adornada con lentejuelas teñidas de un porno soft. Cómo no haberlo previsto… Se trataba de una trampa: la narradora, a su vez, había tejido otra red para atrapar al inocente lector. El asunto iba por otro lado. La narración, para bien o para mal, entra en otra dimensión. Debemos olvidarnos de la historia de la joven seducida. En el Castillo de Barbazul se tejían otras tramas. Marcus Kidder, maestro de ceremonias, había preparado otro desenlace. Como en los cuentos de hadas, los finales pueden llegar pronto. Y de forma inesperada: "Yo soy el viejo Rey, querida. Tú eres la hermosa Doncella. Para hablar claro, te estoy pidiendo que me ayudes en un acto muy pragmático…".

En mi opinión, la autora, con su natural talento para contar historias, abusa un poco de la trama en desmedro de los personajes. Una tímida objeción porque sin lugar a dudas se trata de una obra que vale la pena leer.
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