Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1996/10/14 00:00

ELOCUENCIA DEL TEJIDO

Tradición y contemporaneidad en el trabajo de Olga de Amaral.

ELOCUENCIA DEL TEJIDO

La exposición de Olga de Amaral en la Galería Diners de Bogotá confirma las razones por las cuales su trabajo, a pesar de ocupar una posición privilegiada en el área de los textiles, se considera y relaciona generalmente en el contexto más amplio y significativo de las artes plásticas. La muestra testimonia fielmente el ánimo experimental que ha marcado la trayectoria de su autora y se halla dividida en dos espacios cada uno con planteamientos unificados pero diferentes entre sí. En el primer piso se encuentran trabajos que _como los que se vieron en 1993 en la retrospectiva del MAM_ dejan en claro los argumentos culturales que respaldan su producción, no sólo como prolongación de la tradición textil tan fuertemente arraigada en el país, sino como presencia evocadora de ritos y manifestaciones artísticas de particular significación en la historia nacional. Estas piezas le otorgan al espacio una atmósfera religiosa llena de brillos y reflejos que recuerda los ambientes de las iglesias barrocas neogranadinas, y que se complementa espléndidamente con Lienzo ceremonial, tríptico que, como una especie de gran retablo, ocupa la pared del fondo. Si tenemos en cuenta que en su obra un tipo de trabajo de especial significación para las culturas indígenas como el tejido se halla cubierto, al igual que numerosos altares, marcos y aforros, por pan de oro _una técnica popularizada gracias a los batihojas o plateros españoles dedicados a la laminación de metales preciosos_ es apenas natural que remitan al período colonial. Las obras subrayan la mezcla de elementos aborígenes y europeos que dieron origen a la sociedad colombiana, y conducen a consideraciones sobre su composición e idiosincrasia, pero los trabajos son de evidente contemporaneidad, como lo corrobora su libertad formal y el hecho de ser realizados a partir de elementos pretejidos por artesanas. En el segundo piso se percibe también una atmósfera de recogimiento aunque las metas e implicaciones de las piezas son distintas. En este nivel las obras se presentan a la manera de una 'instalación' puesto que ocupan tridimensionalmente el espacio y transmiten por su misma distribución un sentimiento y una idea. Los trabajos se han dispuesto componiendo una especie de centro ceremonial, o de ámbito sagrado, y pueden ser apreciados por ambas caras, una dorada y una plateada, en claro simbolismo sobre la vida y la muerte. Son piezas bastante rígidas gracias a que los textiles que les sirven de soporte, cada uno de estructura diferente, han sido cubiertos con yeso antes de recibir el oro, coincidiendo con la vieja aspiración de Amaral de "tejer muros" y subrayando los estrechos vínculos de su obra con la arquitectura. El título de estos trabajos revela, sin embargo, que en este caso su inspiración son las estelas, esos monumentos monolíticos que han sido producidos en diferentes culturas, entre ellas las prehispánicas, como testimonio de diversos acontecimientos. Es decir, se trata como en las obras del primer piso de trabajos relacionados con tradiciones y ritos ancestrales, pero sus alusiones son a otro período de la historia y a otra manera de abordar los dominios del espíritu. Tal vez el hecho de que las estelas hayan constituido por lo regular monumentos funerarios sea el motivo de que la instalación produzca una impresión de solemnidad y silencio que, aunada a las implicaciones culturales de la técnica, conduce a meditar, no sólo en torno al arte, sino sobre el país y los valores de la sociedad contemporánea.

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