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| 9/2/1985 12:00:00 AM

EN BUSCA DEL TIEMPO OLVIDADO

Cómo se hizo y por qué "Los gritos del silencio".

"La primera vez que vi a Pran fue en 1972, dos años después de que la guerra entre Khmer Rojo y el gobierno de Lon Nol, apoyado por los americanos, había empezado. Cuando mi avión aterrizó en el aeropuerto de Pochentong en ese día de septiembre, Pran estaba allí esperándome".
"Describir una relación como la de Pran y la mia requiere candor y franqueza acerca de uno mismo, no recuerdos románticos. Me siento expuesto y vulnerable. También me pregunto nerviosamente qué pensará él cuando lea esto", escribió Sydney H. Schanberg en el New York Times el 20 de enero de 1980.
El artículo que así comenzaba, leído por millones de norteamericanos, también llegó a manos de David Puttnam, el inglés que ha sido considerado como el mago del cine de los 80, el hombre detrás de "Carros de fuego", "Gandhi" y ahora "La Misión" (recientemente filmada en Cartagena). Desde hacía años venía buscando una historia con gancho para hacer una película sobre la amistad y el efecto de la política en gente común y corriente. Después de leerlo, Puttnam supo que ahí estaba el gancho para "Los gritos del silencio". Sydney Schanberg, corresponsal del New York Times, y su asistente camboyano, Dith Pran, permanecieron en Cambodia después de la salida de los americanos y presenciaron la caída de Pnom Penh. Pero mientras Shanberg pudo salir del país y luego ganarse el premio Pulitzer por sus crónicas, Pran fue obligado a quedarse y desapareció en medio del holocausto que provocó el régimen del Khmer Rojo desde 1975, un régimen que quiso crear una utopía rural cerrándose al mundo y arrasando con el pasado. Puttnam buscó a Schanberg y le expuso su idea, a pesar de que el periodista le habló de otras propuestas en el mismo sentido. Sabía que aunque su propuesta no era la más alta, tenía un factor a favor: su proyecto no tenía las características hollywoodenses que Schanberg rechazaba. Esperó cuatro meses la decisión del periodista. Finalmente obtuvo el sí.
Puttnam quería ahondar en las áreas cubiertas por "El francotirador" y "Apocalipsis ahora", y hacer una película que captara por encima de los hechos reales históricos, por encima del horror de la guerra, una realidad íntima: la de la amistad entre el norteamericano y el camboyano.
Empezó entonces la tarea de conformar un equipo. Puttnam había leído cosas de Bruce Robinson y sabía que tenía talento para introducir pasión en lo que muchos sólo veían hechos escuetos. Ahí estaba el libretista. También había visto el trabajo de Roland Joffé en T.V. y sabía que no sólo tenía gran habilidad para recrear la realidad, sino una extraordinaria capacidad de organización, indispensable para adelantar el inmenso trabajo en ciernes. Ahí estaba el director. Y en Iain Smith, un escocés con quien había trabajado en "Carros de fuego", encontró al productor asociado para armar el complejo rompecabezas de la película que se filmó en Tailandia con un presupuesto de 15 millones de dólares.
Ninguno sabía mucho sobre Cambodia, el país donde Schanberg y Pran habían entablado amistad, el país que había sido destrozado pedazo a pedazo por una guerra continuada que acabó con la neutralidad que había intentado preservar durante años.
Dos años y medio duró la investigación de Robinson para escribir el libreto. Viajó por Tailandia para captar el ambiente de humedad y calor, la naturaleza que crece y se pudre simultáneamente. "Cuando llegué a Bangkok para investigar el libreto, no sabía qué hacer. No quería ir a ninguna parte cerca de los campos de refugiados. No soy periodista. Odio la violencia. Después de una semana tuve suficiente". Pero, además del viaje, leyó todo lo que pudo, vio fotografias, habló con periodistas. Finalmente, según sus propias palabras, "me concentré en el miedo que debieron sentir cuando el Khmer Rojo entraba y el último avión tomaba pista".
El libreto, sin embargo, resultó demasiado largo. Estaba escrito, según el director, "con una intensa ira de hombre blanco. Sentí un estremecimiento por las cualidades míticas de la amistad de Pran y Sydney. El libreto me enfrentó a un problema que tendríamos que encarar todos los días de filmación. Era un tema muy complejo y emocional. El fondo político era importante, claro, pero movido igualmente por la idea de que era también una película acerca de obsesiones personales. Estaba fascinado por la ética de la amistad: un hombre podía ser humana y moralmente impecable en los más amplios temas políticos, y al mismo tiempo ciego a las responsabilidades con los más cercanos a él. ¿Qué le debía el uno al otro? Ahí había dos tipos de ética: la occidental, idealista pero exigente, y la oriental, más pragmática y tal vez finalmente más afectuosa".
La última escena recrea el encuentro de Pran y Schanberg después de cuatro años y medio de horror: Pran luchando por sobrevivir haciéndose pasar por un taxista ignorante en medio de la dominación del Khmer Rojo, y Schanberg, acosado por sentimientos de culpa, remordimientos y angustia en busca de quien tanto le había ayudado en su trabajo periodístico. Esta última escena es la más conmovedora. Pero no lo es tan solo porque significa el reencuentro de dos amigos, sino porque es el momento "en que la película toca el mundo real", como lo dijera uno de los que participó en su realización.
Fue filmada en un campo de refugiados en la frontera Tailandia-Kampuchea, no muy lejos de donde hoy se encuentran los tanques vietnamitas. La filmación se hizo muy cerca de la historia real. Así lo decidió el director Roland Joffé. "Eramos huéspedes tanto de sus mentes como de su territorio. La película era sobre ellos. Decidí que deberíamos usar Khao-I-Dang (un campo con más de 100 mil refugiados), para filmar la última escena, si bien solamente habíamos recreado eventos. Pero todo eso pasó y quería que las caras del final de la película fueran las caras de las gentes que habían sido testigos de lo que había pasado en Cambodia".
El equipo trabajó con asesores y algunos actores cambodianos. Fue muy difícil encontrar gentes de esa nacionalidad para desempeñar papeles de importancia: el 99% de las clases medias y cualquiera que fuera considerado vagamente intelectual habían sido barridos por el Khmer Rojo y los que habían logrado llegar a los campos de refugiados, eran seres semidestruidos. Para encontrar cambodianos, Susie Figgis, la encargada de hacerlo, tuvo que recorrer el mundo, de Manila a París, poner avisos en los periódicos, hacer llamadas telefónicas. Los que localizó en su mayoría no hablaban inglés, pero cualquiera que hablara khmer, aunque no tuviera experiencia en actuación -también la mayoría- era contratado. En Los Angeles hizo contactos con grupos de refugiados y realizó con ellos varias sesiones. "Una y otra vez" dice Figgis, "hablando de lo que habían vivido rompían en llanto. Lloraban porque no habían tenido la oportunidad de contar su historia antes".
En la filmación hubo momentos críticos. Cuando recreaban la escena de la entrada victoriosa del Khmer Rojo, cerca de una tercera parte de los extras contratados se pusieron a llorar, abandonaron el set y se refugiaron en los hoteles donde estaban hospedados. Ese momento era para ellos muy triste. Habían guardado muchas esperanzas y la llegada del Khmer Rojo significaba un futuro, pero la realidad había sido diametralmente opuesta.
Dos horas de película recogen siete años de guerra y en ella sus realizadores capturaron una realidad interna. No se podía documentar en detalle todo el sufrimiento de Cambodia, pero lograron mostrar cómo fue utilizado ese país, pudieron recuperar un pasado que muchos habían olvidado y lo lanzaron a la cara de los espectadores que salen sobrecogidos con el drama.
Hay una cierta intención profética en "Los gritos del silencio". Su productor confiesa que pretende que ella produzca varios efectos: dar respuestas, abrir interrogantes, hacer que los políticos piensen dos, tres, cuatro veces acerca de las consecuencias que sus decisiones pueden tener en seres humanos comunes y corrientes. "Cuando filmábamos las escenas del Khmer Rojo, dice Joffé, quería que la audiencia, a través de la cámara, se sintiera parte no sólo de lo que estaba pasando, sino que sintiera lo inusual, lo extraño de todo eso. Cambodia se había convertido en un mundo surrealista y las imágenes también tenían que serlo; quería llevar la audiencia a un lugar en donde el detrito emocional de una guerra sucia había eliminado o atrofiado las relaciones humanas".
" Los gritos del silencio" es algo más que una película sobre sangre y guerra. Es una película sobre la gente. Y la gente que la protagoniza, los cambodianos, aquellos que lograror escapar a los campos de refugiados aquellos que un día tuvieron un país en paz, con campos de arroz y ríos de peces, quieren que esa guerra no se olvide, quieren que algún día, su país se vea libre de toda intervención -norteamericana, francesa, soviética, vietnamita-, "Los gritos del silencio" ha vuelto a poner sobre el tapete el tema de Cambodia.

LOS AMIGOS
SIDNEY SCHANBERG: Nació en 1934 en Clinton, Massachusetts. Su padre era tendero. Se graduó en Harvard en 1955 y al año siguiente se enroló en la Armada. Empezó a escribir en el periódico de la Tercera División Armada en Francfurt. Fuera ya del servicio militar, entró como copy al New York Times en donde después se convirtió en reportero. En 1967, el periódico lo envió a Albany, para seguir las elecciones del estado de Nueva York.
Dos años más tarde, viajó a Nueva Delhi para cubrir la guerra entre la India y Pakistán. En 1973, abrió la oficina del New York Times en Singapur que le sirvió de base para su extenso cubrimiento de los conflictos en el sureste asiático.
Schanberg fue uno de los pocos periodistas occidentales que permanecieron en Pnom Penh cuando entró el Khmer Rojo en abril de 1975, y fue testigo de la caída de la ciudad. Sus crónicas ganaron el Premio Pulitzer de "reportaje internacional" y dos premios más.
Fue designado editor metropolitano del New York Times en 1977, cargo que dejó en 1980, para convertirse en columnista regular del diario.

DITH PRAN: Nació en 1942 cerca del templo budista de Angkor al noroccidente de Cambodia, donde su padre era supervisor de carreteras. El hecho de haber aprendido francés durante el bachillerato y de ser autodidacta en inglés, le permitió conseguir un trabajo como intérprete khmer (cambodiano), con el Grupo de Asistencia de los Estados Unidos en 1960. Pero después de los ataques aéreos norteamericanos sobre ciudades camboyanas cercanas a la frontera con Vietnam, la operación se cerró. Pran trabajó brevemente en la película inglesa Lord Jim, luego como recepcionista en un hotel hasta que la guerra entre el Khmer Rojo y el gobierno de Lon Nol acabó con el turismo en 1970. Pran trasladó a su familia a Pnom Penh y comenzó a trabajar como guía e intérprete para periodistas extranjeros que lo pusieron en contacto con Schanberg en 1972.
Schanberg arregló la salida de la familia de Pran (su mujer y cuatro hijos) hacia los Estados Unidos. Cinco días después, Pran salvó la vida de Schanberg, pero cuando el periodista norteamericano salió para Tailandia, no pudo llevarse consigo al asistente. Pran sobrevivió al reino del terror haciéndose pasar por un trabajador ignorante y escapó en 1979 por la frontera con Tailandia.
Se reunió con su familia en los Estados Unidos y ahora trabaja como fotógrafo en el New York Times.

LOS ACTORES
SAM WATERSON: Nació en 1942 en North Andover, Massachusetts. Su padre inglés era profesor, y su madre pintora. Hizo su primer debut en las tablas a los seis años, en un montaje que hizo su padre de la Antígona de Anouilh. Con un grado en arte dramático de la universidad de Yale, Waterson se trasladó a Nueva York y tuvo su primer papel como galán en una gira nacional de "Oh Dad, Poor Dad". La revista Life le dedicó cinco páginas a la producción y eso le trajo a Waterson numerosas ofertas. Durante los siguientes 10 años trabajó continuamente en teatro, cine y T.V. Después de que hizo un papel en la producción "Much Ado About Nothing" de Shakespeare en un festival en el Central Park, que luego fue llevado a Broadway con éxito, Waterson obtuvo papeles protagónicos en "The Class Menagerie" (con Katherine Hepburn en T.V.) y "El gran Gatsby" (con Robert Redford en cine).
Trabajó después para Woody Allen en " Interiores" y con Walther Mathau en Hopscotch. Además, hizo el papel del escritor que investiga la muerte de un soldado americano en Vietnam en Friendly Fire, una película de T.V. con Carol Burnett. En "La puertas del cielo" hizo el papel de un siniestro terrateniente, su primer rol de villano en 15 años de Waterson vive con su esposa y cuatro hijos en una granja en Connecticut.

HAING S. NGOR: Cuando los "liberadores" del Khmer Rojo entraron en el hospital militar de Pnom Penh el 17 de abril de 1975, el doctor Ngor estaba operando un paciente. Nunca entonces, ni después durante los cuatro años de terror que le tocó vivir, admitió Ngor que era médico, porque sabía que el Khmer Rojo consideraba a cualquier persona educada como enemiga del Estado.
Durante los dos meses siguientes, Ngor buscó en medio del caos, por todo el país, a su familia. Encontró a su novia, a la madre de ella, a sus propios padres, cuatro hermanos y dos cuñadas con tres hijos. Cuatro años después todos habían muerto de hambre o enfermedad. Sólo él y una sobrina sobrevivieron. Ngor estuvo en prisión tres veces y fue torturado por el Khmer Rojo con métodos que llevaron a la muerte a otros prisioneros.
Después de que el ejércita vietnamita invadió Cambodia, Ngor y su sobrina de 9 años llegaron a Tailandia. Trabajó como médico en los campos de refugiados durante 18 meses, antes de viajar a Los Angeles en octubre de 1980. En los Estados Unidos no se le reconoció el grado en medicina, razón por la cual Ngor se inscribió como supervisor asistente del Programa de Empleo, para ayudar a buscar trabajo a sus compatriotas. Estaba en ese trabajo cuando el director Roland Joffé lo encontró. Aunque nunca había actuado, Ngor aceptó el papel, en parte con la esperanza de que la película le recordaría al mundo la situación de Kampuchea.
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