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| 5/3/2008 12:00:00 AM

En la cama

El cineasta chileno Matías Bize se arriesga a contar el aparatoso encuentro sexual de dos jóvenes que no volverán a verse.

Título original: En la cama.
Año de estreno: 2005.
Dirección: Matías Bize.
Actores: Blanca Lewin y Gonzalo Valenzuela.

Toda la acción sucede en un sórdido motel de Santiago de Chile en el que en vez de “salida” dice “sexit”. Una mujer y un hombre que acaban de conocerse en un bar, los jóvenes Daniela y Bruno, tienen un apasionado encuentro sexual antes de separarse para siempre. No pasará nada más. Sólo ese encuentro. Y una serie de conversaciones sobre lo divino y lo humano que les ayudarán a conocerse. Dependeremos enteramente, pues, de qué tanto nos gusten esas dos personas. La buena noticia es que, a pesar de un último acto en el que se pretende atar, sin fortuna, tantos cabos que no tendrían por qué atarse (se trata, a fin de cuentas, de un romance de una noche), los protagonistas de En la cama (2005) nos convencen de que podríamos conocerlos alguna vez en alguna parte.

En la cama es la respuesta del cineasta chileno Matías Bize a esas películas del director norteamericano Richard Linklater en las que se puede intuir un par de vidas a partir de un encuentro. Linklater reunió en el cuarto de un hotel de paso, en Tape (2001), a tres traumatizados compañeros de colegio que tratan de superar los recuerdos de los “buenos” tiempos. Les dio una noche completa a dos desconocidos para caminar, filosofar y enamorarse por las calles de Viena en la ya clásica Antes del amanecer (1995) y después les dio la oportunidad de verse cara a cara en las calles de París, 10 años más viejos, 10 años más arrepentidos, en la brillante Antes del atardecer (2004). Bize ha querido hacer algo parecido en En la cama. Y no lo comparo para ser odioso, sino para llegar a la conclusión de que, mientras Linklater ve el mundo con los ojos del romanticismo (el destino existe en los tres relatos que he citado), Bize lo ve con los ojos del pragmatismo: como un escenario en el que hay que hacer las cosas que hay que hacer, y punto.

En la cama es una buena idea. Tanto así que, en la reciente Entre sábanas, el director colombiano Gustavo Nieto Roa ha puesto a otros dos personajes (estos dos mucho menos verosímiles, mucho menos humanos) en una situación semejante. La verdad es, sin embargo, que se trata de una buena idea que es casi imposible de ejecutar. Porque si se logra lo fundamental, si se consigue que los héroes sean personas que nos interesen, lo siguiente es atreverse a narrar una aventura que no vaya a ninguna parte, darles paso a interpretaciones memorables, filmar planos que en verdad nos describan lo que está ocurriendo y escribir unos diálogos que muevan el largometraje hacia a delante.

Poco de eso se ve en En la cama. Gracias a los valientes actores que los encarnan, nos parece que conocemos a sus dos amantes, de alguna parte. Y eso nos ayuda a llegar hasta el final. Pero unas cuadras más allá de la salida del teatro, con pocos planos y pocos diálogos para recordar, tenemos la sensación de que nada pasaría si no volviéramos a verlos.
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