Viernes, 31 de octubre de 2014

| 1991/08/26 00:00

EN CUATRO ACTOS

Amor, tragedia, fantasía y humor en las obras de teatro de reciente estreno en Santa Fe de Bogotá.

EN CUATRO ACTOS

EN LA REALIDAD Y EN LA FICCION, COLOMBIA HA SIDO UN PAIS de teatreros. La violencia genera violencia en las tablas, o escenas de humor para combatirla. El rebusque de marras se traduce en tragicomedias. La liberación femenina se representa con desnudos a media luz y con disfraces de ejecutivas al estilo Wall Street. El estrés del habitante de la metrópoli se convierte en un juego dramático que se mueve entre el alcohol y el suicidio, Este sigue siendo un país de actores. Incluso los que se sientan frente al escenario lo son, Las escuelas de formación de actores siguen floreciendo. Y aunque muchos de los que en ellas triunfan se dejan llevar por el encanto de la pantalla chica, todavía hay muchos que se entregan en cuerpo y alma al teatro puro. En ciudades como Santa Fe de Bogotá, un aficionado puede escoger entre más de una docena de opciones para una noche. Hay teatro para todos, Hay obras buenas y obras deplorables, Y a primera vista salta el hecho de que cada vez se recurre menos a los montajes politizados-que dominaron una época no muy lejana y más a las comedias con temática importada. A propósito del estreno simultáneo de varias obras, SEMANA reseña las cuatro que ya empiezan a sonar con más fuerza entre el publico.

ORINOCO
El autor no es venezolano ni colombiano, es mexicano. Pero ese no es un impedimento para que el dramatur o Emilio Carballido, gracias a su fascinación por la exuberancia de los paisaje, colombovenezolanos, haya tejido toda una historia alrededor del río Orinoco. La obra, del mismo nombre, ha sido montada por el Teatro Popular de Bogotá con la participación de Alejandra Borrero y Lucy Martínez bajo la dirección de Miguel Durán.
Pero la historia no es sobre pescadores, ni sobre los habitantes de sus orillas. En un principio el Orinoco es sólo un escenario representativo que sirve como soporte sugestivo de la trama dos artistas de cabaré que viajan casi a la deriva en un viejo barco de pasajeros cuando el río todavía era una vía de comunicación importante para los largos viajes. Es una especie de barco fantasma, en donde las dos protagonistas se descubren ante el espectador y ante ellas mismas, con todas sus ilusiones y fracasos, sus expectativas y nostalgias. Son dos personalidades opuestas que enfrentan su destino de diferente forma. Una, en plena juventud, mira el futuro con optimismo y vitalidad, cualquier situación de riesgo es un pretexto para una oportunidad mejor., La otra, en el otono de su vida, se lamenta por un pasado que siempre pudo ser mejor y que se ha perdido inevitablemente. Todo cuando le sucede es susceptible de tragedia.
Y en medio de este conflicto de personalidades, el Orinoco se yergue como la figura idealizada de sus aspiraciones: un río generoso y amplio que corre por su cauce hacia el mar abierto, Así como él, las dos bailarinas se dejarán llevar por su propio río de vivencias hacia las metafóricas aguas del destino. El final, sin embargo, lo propone el espectador, luego de haber vigilado de cerca las vidas de Mina y Fifí, en su desenfrenado viaje por el Orinoco.

LA TRIFULCA
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