Lunes, 20 de octubre de 2014

| 1992/03/16 00:00

En cuerpo ajeno

"Cuerpos pintados", el proyecto de 45 artistas chilenos que pasmaron su obra en 45 cuerpos desnudos, se exhibirá próximamente el Museo de Arte Moderno de Bogotá.

En cuerpo ajeno

ALGUNA VEZ, EL FOTOGRAFO CHILEno Roberto Edwards se enfrentó a una imagen de la modelo Veruschka, en la que no se adivinaba a Primera vista si su cuerpo estaba desnudo o sutilmente vestido. Era una mezcla de las dos situaciones. Sobre su piel, un pintor alemán había delineado la textura de la ropa que estaría de moda muy pronto. Cuando cerró la revista en la que Veruschka ocupaba las páginas centrales, Edwards no imaginó que esa imagen quedaría para siempre en su cabeza, y se convertiría en el estímulo para emprender su más osado proyecto fotográfico. Pero Veruschka, que se asomaba desde su interior cada vez con más fuerza, se lo reveló muy pronto. Entonces Edwards buscó al pintor Mario Toral, también chileno, y le propuso que formara parte de su irreverencia.
Toral, convencido de que el arte es una búsqueda permanente, intuyó que había encontrado para su obra un soporte mucho más interesante que el que podía ofrecerle el lienzo o el papel. Entonces se dio a la tarea de conseguir una mujer que quisiera ver pintados sobre su piel, por unas horas, sus motivos de vanguardia. Cuando el cuerpo de la modelo se había convertido en un Toral viviente, Edwards disparó su cámara en las más diversas posiciones, sobre un fondo perdido que hacía ver a la mujer como una aparición del más allá.
De este experimento no quedaron más que algunas fotografías, y nuevas ideas dando vueltas en la cabeza. Ideas que fueron tomando forma, hasta que hace algún tiempo cristalizaron en la ambiciosa propuesta de reunir 45 artistas chilenos de diferentes épocas y diversas tendencias, para que plasmaran su obra en los cuerpos de 45 modelos.
Se trataba de romper esquemas en varios sentidos. Para empezar, los artistas tenían que enfrentarse al reto de pasar de dos a tres dimensiones. Pero esto era poco frente al desafío de alejarse del silencio del estudio, y de la seguridad que ofrece un lienzo inerte, para compartir las vicisitudes de la creación con un cuerpo sensible, atento a cada pincelada. Y había que presentarle un nuevo concepto a una sociedad tradicionalista, en la que pesaba más el tabú que el interés por descubrir nuevas forrlias del arte. Sin embargo, al lado de estos retos conceptuales hicieron su aparición problemas de carácter funcional, que no por eso dejaban de ser asuntos de cuidado. De un lado, los organizadores debieron ubicar en Estados Unidos y en Alemania los pigmentos esoeciales oue se dejan aplicar sobre la piel con la claridad requerida y sin riesgos de intoxicación. Por otro, tuvieron que conseguir los 45 modelos no profesionales para que todo fuera lo más natural posible- entre un grupo de estudiantes de arte y de arquitectura, con la suficiente sensibilidad artística para entender la magnitud del proyecto.
Es cierto que el hombre ha pintado su cuerpo desde los comienzos de la historia. Los cazadores primitivos lo hacían para confundir a su presa. Los guerreros, para mimetizarse entre la selva. Los actores, pa explotar nuevas posibiliddes en la comunicación corporal. Los curacas, para invocar a los dioses. En este caso, los 45 pintores -entre quienes figuran Nemesio Antúnez, Mario Toral, Fernando Allende, Marcelo Larrain, Carlos Maturana y Paulina Humeres- debían convertir al cuerpo humano en parte integral de su obra, con todas sus posibilidades de movimiento, de textura, de forma y, por supuesto, de interioridad.
Nunca había sido tan cierto aquello de que el cuerpo humano es la mejor obra de arte que se ha hecho sobre la tierra. Porque en este hombre intervino, para que el cuerpo fuera parte de su creación. Pintó sobre sus propias pulsaciones. Mezcló los colores con el humor de un cuerpo que alberga recuerdos, sentimientos e intuiciones.
No se limitó a delinear formas y figuras sobre la piel, sino que hizo de la piel el elemento esencial de suobra.
Lo más interesante del proyecto es que las cosas no se quedaron en un cuerpo pintado, luego de ocho o 10 horas de esa productiva interacción entre el artista y la modelo. Una vez plasmada la obra, y antes de que las pinturas se diluyeran bajo el agua, Roberto Edwards se encargaba de darle nueva vida a cada cuerpo, explotando todas las posibilidades del movimiento; y acudiendo a los ángulos y a las posturas más exigentes. Con base en este trabajo fotográfico se realizó una imponente exposición en el Museo de Bellas Artes de Santiago de Chile, y se editó un libro que, sin duda alguna, pasará a la historia. El galerista colombiano Alfred Wild se sorprendió con el proyecto, y se propuso traerlo al país. "Cuerpos pintados" estará a mediados de marzo en el Museo de Arte Moderno de Bogotá. Y en el 93, otros cuerpos pintados ocuparán la atención público del arte. Pero en esa ocasión serán cuerpos de modelos colombianos, pintados por artistas colombianos.
No se sabe si Veruschka pasará a la historia. Tampoco se sabe si lo harán el fotógrafo Roberto Edwards, el pintor Mario Toral, alguno de los 44 artistas restantes que participaron en el proyecto, o alguno de los 45 modelos. Pero "Cuerpos pintados" con seguridad pasará, por haber permitido que el hombre encontrara una nueva forma de mirar al hombre.

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