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| 2/14/2005 12:00:00 AM

En defensa del patrimonio

El TLC podría significar riesgos para la televisión colombiana como expresión de la identidad cultural nacional. Los principales libretistas le manifestaron sus inquietudes al Presidente de la República.

Mientras la semana pasada tenía lugar en Cartagena la séptima ronda de conversaciones del Tratado de Libre Comercio (TLC), al despacho del presidente Álvaro Uribe llegaba una carta firmada por 30 libretistas de la televisión nacional -lista encabezada por Fernando Gaitán, Dago García, Mauricio Navas y Felipe Salamanca- que en un tono de gran preocupación exponen sus argumentos para que la negociación en el tema de televisión tenga un tratamiento especialmente cuidadoso.

La carta asegura que la televisión es un área de la identidad cultural colombiana y un patrimonio esencial para el crecimiento como país. Por eso expresan el miedo que les provoca que la cultura sea tratada en las negociaciones de la misma forma que otros sectores. "La cultura, que incluye telenovelas, series, danza, teatro y literatura-es lo que somos y queremos ser, es cómo hablamos, en lo que creemos, la cotidianidad de este país-, permite compararnos y enorgullecernos de lo que somos", dice Mauricio Navas.

La carta asevera: "En la cultura, y en especial en las decisiones que tomemos en este momento, nos jugamos lo que queremos ser y cómo queremos ser ante los demás en un mundo, que no por ser globalizado puede reducirnos a ser un simple bien de consumo de libre comercialización".

Otro argumento de consolidación de la industria es que 20 años atrás, los 10 programas más vistos en la televisión eran extranjeros, y luego empezó a consolidarse un estilo particular, innovador y proponente. Fue cuando la pantalla retrató grandes momentos de la historia de Colombia; llegó a los lugares más recónditos de su geografía mostrando su épica, su cultura; adaptó importantes obras de la literatura, penetró en varios universos desconocidos para la gran mayoría de los colombianos y recreó la vida de ciudades y pueblos.

En la séptima ronda, un nutrido grupo de la sociedad civil, de organizaciones y particulares interesados en el tema de la cultura y la televisión -el libretista Fernando Gaitán, entre otros- estuvo en Cartagena en el cuarto de al lado para hacerle seguimiento a los temas y prestar su asesoría si era del caso. Sin embargo, la puerta de las conversaciones está cerrada y lo que allí sucede es confidencial.

La idea es ante todo que se mantengan los porcentajes de producción nacional -70 por ciento de productos nacionales en prime time y 50 por ciento en otros horarios- en la pantalla ahora y a futuro; que igualmente se mantenga el circuito de producir, sacar al aire y exportar; proteger la industria consolidada de la producción que genera un sector importante de empleo, y que las fuerzas del mercado no perjudiquen la creatividad ni lesionen la industria.

Los libretistas piden que se consolide un criterio claro en el que el gobierno comprenda la importancia de la preponderancia del producto nacional en pantalla, que a Betty, la fea y Pedro el escamoso se les dé la importancia que tuvieron como instrumento de cultura ya que 80 por ciento de los colombianos tienen como única entretención la televisión.

Navas aclara que lo que preocupa no es que entren programas extranjeros sino que haya cabida para los propios. Dago García agrega que "preocupa que podrían mandarnos un canal gringo que entraría a competir de forma desleal con los nacionales, sin costo y sin generación de empleo".

Por eso se aclara que debe haber una delimitación cuidadosa de las reservas culturales futuras, es decir, las salvedades acerca de las cuales se dejan constancia en el Tratado: proteger la presencia local, que las empresas que prestan el servicio de televisión estén constituidas en Colombia, y entregar subsidios o incentivos para la producción nacional. La Comisión Nacional de Televisión está de acuerdo con los libretistas en su posición.

"Lo que vamos a perder es intangible", dicen los escritores. Por eso, se trata de proteger el futuro de un país que cada vez pierde más identidad y mantener los espacios para que la televisión colombiana, los don Chinches y las Bettys, no pasen al olvido. Es televisión pensada en Colombia, hecha en Colombia por colombianos y para colombianos. No es una maquila.
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