Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1989/07/17 00:00

EN EL FILO DE LA NAVAJA

En "El negociador", la paz del mundo queda en manos de un agente secreto.

EN EL FILO DE LA NAVAJA

"El negociador" Frederick Forsyth
Novela
Plaza & Janés. 480 páginas
Las primeras 89 páginas de esta nueva novela de Frederick For syth, uno de los escritores más populares del mundo, son aburridas. Reconstruye con una minuciosidad asombrosa la campaña del presidente norteamericano John Cormack, para lograr con 105 soviéticos, encabezados por Mikhail Gorbachov, un nuevo tratado que frene la proliferación de armas nucleares. La historia transcurrirá entre 1989 y 1991 y mientras el mandatario de Estados Unidos forcejea con los "halcones" de su administración, los soviéticos están muy preocupados porque sus reservas de petróleo se están reduciendo, y un grupo de millonarios y políticos norteamericanos pone en marcha un plan que busca impedir la firma de ese tratado que acabaría con sus fábricas de armamentos, a tiempo que desestabilizan la paz política y financiera en el Medio Oriente mediante golpes de Estado y atentados. Eso en las primeras 89 páginas de un libro que durante las últimas semanas ha estado ocupando los primeros lugares en las listas de los best-seller.

Pero, en la página 90, la novela estalla y sorprende con un hecho que quitará el sueño de la señora Margaret Thatcher, conmoverá a los jerarcas soviéticos y hará temblar los cimientos humanos de la Casa Blanca. El secuestro violento en la campiña inglesa de Simon Cormach, el hijo único del presidente norteamericano un joven que estudia durante un año en Oxford y quien, a pesar de la protección que lo rodea, es golpeado y capturado por un grupo de cuatro terroristas encapuchados. De ahí en adelante el lector, aún el más indiferente a las emociones, tendrá que dejarse llevar por el auténtico torbellino en que se convierte esta historia, que es una mirada profunda y lúcida sobre el fenómeno del terrorismo internacional. Es que los cuatro hampones apenas son el brazo ejecutor del plan urdido por petroleros y fabricantes de armas para impedir el acercamiento entre soviéticos y norteamericanos

Entonces entra en escena el personaje clave del libro, Quinn, uno de los pocos expertos en el mundo que sabe cómo negociar con secuestradores y asesinos, y cuya última misión terminó con el asesinato de una niña en Sicilia, a manos de la mafia. Quinn es un lobo solitario, conoce lodos los mecanismos de la vida y los suenos de los soldados de fortuna. Ha estado en los peores antros en Estados Unidos, Latinoamérica y Europa. Ha recibido todas las medallas posibles por su valor y sus heridas mientras agonizaba en los arrozales de Vietnam. Casi no habla. Es experto en artes marciales, conoce todas las armas de fuego, mil maneras de escaparse y camuflarse y es buscado por la Policía de numerosas ciudades para encerrarlo. Quinn será quien conduzca las negociaciones con los terroristas mientras el lector, con este ritmo que es totalmente visual, recuerda la que sigue siendo la mejor novela de este autor, "El día del Chacal". Habrá un momento en el que el secuestro del muchacllo ceda ante la violencia pintoresca que utiliza el escritor para describir la cacería de los secuestradores.

Con ocasión de la aparición de esta novela, Forsyth comentaba el éxito escandaloso de todos sus libros ("El cuarto protocolo", "El emperador", "Odessa", "Los perros de la guerra", "La alternativa del diablo", y "El día del Chacal", casi todos convertidos en películas, inferiores al texto, con excepción del último título, cuya versión fue dirigida por Fred Zinneman), y decía: "Al lector le fascinan los detalles minuciosos, le gusta que si uno escribe sobre una reunión en la Oficina Oval cuente cómo se sienta el Presidente, qué corbata usaría, cómo se dirige a los subordinados. Así mismo, cuando uno muestra un escenario en cualquier lugar del mundo hay que ser preciso con las calles, los sitios históricos, las comidas locales, la música típica, las costumbres cotidianas, todo ese aire que le imprime al relato un aire de verosimilitud que sirve de soporte a las más fantásticas y descabelladas de las novelas. En ocasiones hay que regresar a la línea central del relato, insistir de nuevo en ciertos detalles, cargar más la atmósfera y, por supuesto, sorprender cada tantas páginas para que el interés nunca decaiga".

Forsyth escribe bien, o sea, domina desde el principio el material que tiene entre sus manos. Sus personajes son definidos, sin ambiguedades y en ocasiones maniqueístas, pero eso le dará más ocasión para los enfrentamientos, para los conflictos. De la trama principal se van desprendiendo ramas narrativas que alimentan la corriente central y el lector se encarga de ir anudando los hilos. Conocedor de la política internacional (la muerte de Khomeini ya se ha producido en este libro, meses antes del acontecimiento real), dueño de un archivo de informaciones envidiable y con un equipo de investigadores que se encarga de suministrarle todos los datos necesarios para que, en determinado momento de la historia, suelte una frase o una palabra que completa la escena dramática (los apuntes históricos, las referencias a personajes reales, las alusiones a situaciones que el lector ha visto en los periódicos varios meses atrás son como una corriente subterranea que avanza sutilmente), Forsyth es un escritor que fascina al lector y por eso esta novela se encuentra actualmente entre los títulos más vendidos al lado de las obras de García Márquez, Muñoz Molina Rushdie (cuyo "Versos satánicos" ya está en las librerías colombianas, tranquilamente), Tom Wolfe y la nueva novela de Le Carré. Al llegar a la página 90 de "El negociador", el lector ya sabrá por qué.--

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