Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1987/11/02 00:00

EN LA ONDA DEL CABLE

Con la T.V. por suscripción, se completa en Colombia la revolución del video

EN LA ONDA DEL CABLE

En Colombia los avances tecnológicos, como la justicia, cojean pero llegan. El sistema de televisión por suscripción o "por cable", no es la excepción. Tras numerosos inconvenientes, con una base jurídica compleja y en medio de la inexistencia de reglamentación legal están arrancando alrededor de 10 estaciones locales en otras tantas ciudades del país. La televisión "por cable" que, dicho sea de paso, no siempre es por cable, es un sistema de transmisión cerrada al que solamente tienen acceso quienes paguen un determinado derecho por su conexión a la red.
El resultado es tan sencillo como trascendental: no hay comerciales y la amplitud y variedad de la programación pueden guardar una relación más directa con el gusto de los usuarios, que corresponden a una franja bastante homogénea de la población.
Aunque en los Estados Unidos, que es el país pionero del sistema en el mundo, la mayor parte de la televisión pagada va efectivamente por cable (ver recuadro), el sistema que parece más viable en Colombia, para el cubrimiento de las ciudades grandes, es análogo al de la transmisión convencional: las microondas. El sistema consiste en una emisora que opera por la banda de UHF, inexplotada en el país. La señal es codificada, de tal manera que solamente la pueden "entender" los televisores que estén equipados con un decodificador especial. Así que cable, lo que se dice cable, solamente se ve el de la antena.
Todo parece indicar que ese sistema va a ser el más usado en Colombia. Sin embargo, el primer canal en operación en el país es una red de distribución por cable físico que opera la Sociedad Cablesistema Ltda. desde hace algunos meses en Envigado. Los resultados son aparentemente halagueños: 1.200 suscriptores, que se sirven de una longitud instalada de cable de 17 kilómetros.
No obstante, el proyecto de mayor envergadura de la TV por suscripción es el consorcio TV Cable, integrado por RTI, Caracol y El Tiempo, por un lado, y RCN-Datos y Mensajes, por el otro, que prestará el servicio en Bogotá. Con una inversión inicial que se acerca a los $900 millones, la salida al aire está prevista para el 1° de noviembre.
"Un proyecto que pretendiera cubrir buena parte de Bogotá tenía que operar necesariamente por medio de una transmisora convencional pues los costos de tendido de redes y sus dificultades inherentes lo habrían hecho impracticable", dice Fabio Guzmán, gerente general de TV Cable. "De esta manera, se puede ofrecer inmediatamente el servicio a cualquier sector de la ciudad". Guzmán cree firmemente en el éxito de la empresa. Para él, la competencia natural del sistema "cable" son las antenas parabólicas, tan visibles en los paisajes urbanos del país, y el alquiler de videocintas. "En cuanto a las parabólicas, no sólo son ilegales, puesto que los decodificadores que usan sólo pueden ser usados en los Estados Unidos, sino que la programación no se conoce de antemano. Nosotros, no sólo operamos mediante un contrato de concesión, sino que pagamos al Estado el 10% de nuestros ingresos de mantenimiento. Por otra parte, nuestra programación no sólo será conocida de antemano por el usuario, sino que será diseñada de acuerdo con sus gustos específicos". Y frente al alquiler de videocintas tampoco hay problema, porque "la variedad de títulos y los horarios llenarán todos los gustos".
Sin embargo, a pesar de las evidentes ventajas de sus horarios y su programación, que incluirá "bombas" como el noticiero diario de Dan Rather, uno de los más importantes del mundo, la televisión pagada o por cable, no cubrirá, al menos a mediano plazo, sino a un sector pequeño de la población, pues su costo no es accesible para la mayoría. El usuario deberá pagar en Bogotá una tarifa de inscripción de $30 mil, más $10 mil por la instalación y un depósito de $20 mil por el uso del decodificador, a lo que se agrega el pago diferido de un año del servicio a razón de $6 mil mensuales. Eso hace que la meta de lograr el punto de equilibrio, que es de 12 mil suscriptores, sea un reto que a muchos no parece tan fácil.
Al margen del anterior, que se puede considerar el proyecto macro, en varias ciudades se preparan para iniciar operaciones antes de la fecha límite fijada que es el 31 de julio de 1988; entre otras en Cali, el periódico El País; en Barranquilla, Pasatcol; en Bucaramanga, Promisión S.A.; en Ibagué, S.A.S. TV; en Tunja, Ultra T.V., y en Cartagena, Rafael Covo & Cía. Para ellas, por las características de las ciudades que servirán, el sistema más apropiado parece ser propiamente el del cable. Roberto Sandoval, director de operaciones de Mass Media International de Colombia, una firma especializada que asesora a varios de los proyectos de provincia, piensa que el esfuerzo financiero para iniciar operaciones en una ciudad pequeña es menor con el sistema de cable y, en muchos casos, no sería superior a los $150 millones. Sandoval, un cerebro fugado que tiene con su hermano su propio canal local de cable en Boúlder, Estados Unidos, piensa que, además, las posibilidades técnicas del cable le dan una gran ventaja, "pues por su medio se pueden transmitir, no sólo señales de televisión, sino datos, noticias escritas, incluso señales de radio, de la misma manera que se hace en los Estados Unidos".
Las proyecciones de la televisión pagada o por cable son impresionantes, si se tiene como marco de referencia lo ocurrido en los Estados Unidos, donde han puesto en peligro hasta a las grandes cadenas nacionales. El mercado de Colombia puede tener un desarrollo análogo. Y, a pesar de que es inminente su nacimiento en firme, aún no hay reglamentación suficiente al respecto.--

Pac-Man en USA
Cuando la televisión por cable nació en los Estados Unidos hace más de 10 años, pocos imaginaron que a la vuelta de una década llegaría a amenazar el inmenso poder de las cadenas nacionales de televisión como la NBC, la ABC y la CBS.
En esa época, la mayoría pensaba que el cable era una tecnología menor útil tal vez para mejorar en ciertas zonas la recepción de la señal. Sin embargo, hoy más de la mitad de los hogares norteamericanos están suscritos al servicio. De 10 millones de suscriptores en 1976, se ha pasado a más de 43, mientras algunas estaciones locales, a través de conexiones por satélite, compiten a nivel continental con las redes establecidas. El crecimiento es tan estable y acelerado, que se considera que la televisión por cable será el medio de comunicación más importante de los Estados Unidos antes de que comiencen los años 90.
Según el Wall Street Journal, a la bonanza contribuye, por una parte, la poca incidencia del costo de la colocación de las líneas que van por los conductos telefónicos, ya que la nación se encuentra virtualmente cubierta por su red y, por la otra, la reciente liberación de las tarifas para los usuarios. Sin embargo, muy buena parte del crecimiento espectacular de la industria del cable reside en que tiene una especie de subsidio, que consiste en que no hay que pagar derechos de autor por el uso de películas o programas ya presentados por las estaciones tradicionales. Con esa medida, que pretendía en su momento incentivar la naciente industria, se abrieron compuertas que aún no han podido ser cerradas. Las cadenas nacionales como la NBC, la CBS y la ABC, así como los productores de las películas, consideran que se trata de un privilegio inaceptable que los coloca en condiciones de inferioridad. Tan alarmadas se encuentran, que sus agremiaciones están presionando en el Congreso la eliminación del régimen.
El vociferante presidente de la Motion Picture Association of America que agrupa a los principales productores, afirma que "el Congreso no tenía, ni en su más fantástica imaginación, la más remota idea de lo que estaba haciendo cuando adoptó la ley".
Pero John Malone, presidente de la compañía más grande de cable de los Estados Unidos, Cable Communications Inc., que tiene 8 millones de suscriptores, piensa que "si el Congreso trata de decirle al pueblo norteamericano cuáles programas debe ver y cuáles no, va a tener que pagar con el infierno".
Sin embargo, la actitud de los defensores del cable no es tan recalcitrante como parece, pues son conscientes de que su situación legal no tiene mucho futuro. Malone agrega: "Queremos poner al cable en una base estable, a largo plazo, para que todos los intereses estén debidamente balanceados y nadie desaparezca". Una actitud conciliatoria que podría evitar que sus privilegios se esfumen definitivamente. Queda la duda de si, guardadas las proporciones, podrá la TV cable o "o pór suscripción" sobrevivir en Colombia, sin las facilidades que ha tenido en los Estados Unidos, pero con un mercado mucho más pequeño.--

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