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| 11/22/2008 12:00:00 AM

En el planeta porno y otras historias

Yasutaka Tsutsui, un autor de culto en el Japón, se traduce por primera vez al español.

Yasutaka Tsutsui

Hombres salmonela en el planeta porno

Atalanta, 2008

182 páginas

Los hombres salmonela en el planeta porno: es difícil resistir la curiosidad de leer un libro con ese título. Más aun cuando su autor es un reconocido escritor japonés de ciencia ficción y está en el prestigioso sello Atalanta, dirigido por el conde Siruela.

De la curiosidad se pasa bastante rápidamente a una increíble trama: una delegación de científicos japoneses en el planeta Nakamura, perteneciente al sistema solar kabuki, tiene que resolver el problema del embarazo de Shinazaki, una mujer de 32 años y la única integrante femenina. Pero resulta que no es cualquier embarazo: ella ha quedado en estado de gravidez involuntariamente y gracias a una planta obscena llamada "íncubo de la viuda". Por supuesto, hay que evitar esa gestación y para encontrar la forma de interrumpirla los doctores Sona y Mogamigawa, en compañía del lúbrico Yohachi, deberán ir a Nudalia, una zona del planeta donde viven unos humanoides desnudos que se la pasan fornicando.

Por cierto, en el Planeta Nakamura la sexualidad es omnipresente. El laboratorio de los científicos queda en el monte El Gemido Nocturno, llamado así porque cuando de noche soplaba fuerte el viento, los huecos y las grietas de las laderas emitían "un sonido que sonaba como el gemido de una mujer". Y hay más. La sensualidad de las especies de los reinos animal y vegetal es tan desbordada, que se encuentran dispuestas a copular con todo el que se atraviese en su camino, sin importar el género o la especie. Por eso, los mencionados expedicionarios, antes de llegar a Nudalia, en la selva serán acosados por caimanes borboteantes, cocodrilos mangas verdes, hipopótamos tatami y hierbas acariciantes, hiedras frotadoras, mientras escuchan los sonidos estridentes de los gorriones-pene, pequeñas aves rojizas, "cuya cabeza guardaba una gran semejanza con el miembro viril".

Como se puede observar, lo de planeta porno no es ninguna exageración. La pregunta pertinente, entonces, sería: ¿Se trata de una narración porno? Bueno, no es fácil la respuesta. Hay sin duda algo grotesco, exagerado, machista y misógino. Sin embargo, el discurso porno es solemne y plano y en cambio aquí abunda el humor. Que no se queda en el mero chiste, en el esperpento por el esperpento, y nos lleva hacia una reflexión. El lector que consiga sobreponerse a sus resistencias podrá ver una crítica a la sexualidad humana. Y una propuesta, gústenos o no: "Pero aquí se hace a plena luz del día y en el exterior, abiertamente, es la cosa natural más bella que puede hacer una persona, y se realiza como si fuera un tipo de arte". Detrás del estrambótico tinglado existe una visión de la existencia como un gran escenario cómico en el que todos los seres humanos son actores y personajes de una ópera bufa.

Los hombres salmonela en el planeta porno es un relato largo, casi una nouvelle, acompañado de otros cinco, más breves y menos fantásticos, en la medida en que resulta relativamente fácil inferir en ellos las alusiones al mundo real. El bonsái Dabadaba es un bellísimo relato sobre una planta que produce sueños eróticos -y un divertimento en el inagotable juego sueño-realidad-; Rumores sobre mí es una parodia a la intromisión de los medios de comunicación en la vida privada a la manera de Truman Show de Peter Weir; El límite de la felicidad describe con un hálito de terror la vida satisfecha de la clase media; El mundo se inclina es una sátira al feminismo y a la burocracia y El último fumador describe una sociedad en la que los fumadores son perseguidos y amenazados de muerte como si vivieran bajo un régimen totalitario.

Al final hay una interesante entrevista con Yasutaka Tsutsui, una especie de carta de presentación para el público hispano-parlante dado que esta es la primera vez que se traduce a nuestro idioma. Desde luego, en Japón no es un desconocido: autor de 30 novelas y 40 libros de cuentos, llevados al cine en películas manga. En 1997 el gobierno francés lo nombró Caballero de las Artes y la Letras.
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