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| 9/6/2008 12:00:00 AM

En el valle de las sombras

El director de la premiada ‘Crash’ denuncia los primeros monstruos que ha producido esa interminable guerra en Irak. **1/2 (Aceptable)

Título original: In the Valley of Elah.
Año de estreno: 2007.
Dirección: Paul Haggis.
Actores: Tommy Lee Jones, Charlize Theron, Jason Patric, Susan Sarandon, James Franco, Barry Corbin, Josh Brolin.

El discurso político es a la larga lo de menos: no sobra que la desigual En el valle de las sombras pruebe, una vez más, que la guerra deshumaniza, que a los gobiernos les tiene sin cuidado la suerte de los hombres que envían al campo de batalla, que la confrontación en Irak sólo servirá al final, como la de Vietnam, para dejar miles de traumas regados por ahí. Sin embargo lo más valioso de esta segunda película de Paul Haggis, el realizador de televisión que reveló en Crash el buen estado del racismo norteamericano, es el retrato de un padre retirado de la vida militar que trata de sobrevivir a la noticia de que su único hijo, un soldado enloquecido por todo lo aprendido en Bagdad, ha sido descuartizado unos días después de volver como un héroe a Estados Unidos de América.

Es Tommy Lee Jones, el hombre curtido, justo e impenetrable de El fugitivo, Hombres de negro Y Sin lugar para los débiles, quien encarna a ese padre torturado que investiga la muerte de su hijo como un detective estoico: su interpretación del viejo Hank Deerfield, que lleva al personaje por la angustia, el dolor, la culpa, la ira y la compasión sin caer en histrionismos, eleva a En el valle de las sombras desde los peligrosos terrenos de la propaganda antiguerra (que bordea todo el tiempo por bienintencionada) hasta los incómodos escenarios sobre los que se mueven los héroes de los dramas trágicos.

Hace lo mismo Charlize Theron, logra mostrarnos, también, que contiene su tristeza, en el papel de la detective que comanda la investigación como si fuera su propio niño el que hubiera sido asesinado. Y algo parecido logra el resto del elenco: aparecer en la historia con la mirada desconcertada que producen las peores revelaciones que ha traído aquella invasión descarnada.

Ciertos analistas estadounidenses han comparado a En el valle de las sombras, que parte de una historia verdadera, con obras sobre las consecuencias de la guerra tan conocidas como Regreso a casa (1978) o El francotirador (1978). No es, por supuesto, una mala comparación: el desencanto que produce un país que deja morir engañados a sus jóvenes, recorre las escenas de todas estas producciones desde el principio hasta el final. El largometraje de Haggis cae no obstante, tal vez por el complejo que le produce ser un simple relato policíaco, en la tentación de ser una parábola. Y así, en la búsqueda de imágenes metafóricas, en la búsqueda de moralejas visuales, se desentiende de la suerte de importantes personajes secundarios igual que un gobierno que abandona a sus tropas en el desierto.

Lo anterior no significa que se trate de un trabajo a descartar, no. No estamos, de ninguna manera, ante una película que sobre. La cara de Jones, ante la confesión irreflexiva del hombre que cometió el crimen, es suficiente para hacernos revivir los propios dramas que enfrentamos. 
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