Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1983/10/17 00:00

3 EN 1

Santiago García y el grupo de La Candelaria viajan con "El diálogo del rebusque" a México

3 EN 1

Autor, director y actor. Esto es simultáneamente Santiago García en "El diálogo del rebusque", una obra basada en uno de los clásicos del siglo de oro español, "El Buscón" de Quevedo, y que ha sido depurada en año y medio de trabajo y reposiciones.
"El diálogo del rebusque" sigue en parte una tradición teatral y cinematográfica que rescata los temas clásicos, como ha sido el caso en Racine, Anouilh, Sartre, Mazurszki y Woody Allen. En esta obra, el Buscón don Pablos interpreta su vida, pero el contexto en que se desenvuelven sus aventuras y desventuras es diferente: La obra no transcurre en el siglo XVI, sino 400 años más tarde y su acción no se desarrolla en España sino en el infierno, creando un mundo entre familiar y lejano. Esta ambiguedad se acentúa cuando, al final de la obra, --tanto en Quevedo como en García--, el Buscón decide ir a la Indias a buscar fortuna.
Y en busca de fortuna sale precisamente en dos semanas el grupo de La Candelaria con su montaje de la obra de Quevedo. Participará en el XI Festival Cervantino de Guanajuato (México), al lado de grupos provenientes de Polonia, Checoslovaquia, Costa Rica, Estados Unidos... Es la primera vez que Colombia participa en este certamen. Antes de su partida, Santiago García habló con SEMANA.
SEMANA.: La Candelaria ha montado pocas obras. ¿Montar tan pocas obras y mostrarlas tanto no está frenando un poco el desarrollo del teatro?
SANTIAGO GARCIA.: Bueno... Sí, pero hay que hacer una pequeña observación. Entre 1971 hasta 1983, resolvimos una serie de preocupaciones que teníamos: hacer obras que tuvieran un gran impacto popular, que pudiéramos presentar mucho. Invertimos los términos. En lugar de montar muchas obras y presentarlas poco, montar pocas obras y presentarlas mucho, que me parece que es la función fundamental del teatro. Es decir, que mucha gente vea teatro. Y de estratos muy diversos. Nosotros preferimos que hubiera muchos consumidores y que el esfuerzo por montar una obra fuera muy grande pero que tuviera una repercusión muy larga. Entonces, en este período, en estos trece años hemos montado cinco obras de creación colectiva del grupo, que tuvieron unos procesos muy largos. Porque el proceso de invención de una cosa seria siempre es largo. Y en ese mismo período montamos tres obras de autor. La tercera, esta última de "El diálogo del rebusque" nos quitaba el estigma de sólo montar obras de creación colectiva y de ser como unos renegados del teatro de autor y, por otro lado, también nos quitaba otro estigma importante que nos estaban colocando como enemigos de los clásicos. Montamos una obra clásica y de autor, para negar una serie de consejas que había alrededor de nuestro clan La Candelaria. O sea, en estos doce años hemos montado ocho obras que si uno las compara con el ritmo de trabajo de cualquier grupo estable europeo o norteamericano es más o menos normal. Si se compara con una compañía de teatro y no con un grupo --que ahí está la diferencia-- sí es muy poco. Una compañía monta tres al año. Para un grupo, es bastante montar ocho obras en doce años. Nosotros del 66 hasta el 71 montamos cuarenta obras, funcionábamos como una compañía. Pero cada obra la dábamos 60, 70, 80 veces, como en el caso de "Marat-Sade". Actualmente montamos mucho menos, pero, por ejemplo, con "Guadalupe" llevamos más de mil funciones.
S.: ¿Usted no cree que ese modo de hacer teatro frena un poco la actilvidad teatral en el sentido de buscar nuevas formas de expresión, de desarrollar un autor teatral, como se busca en los EE.UU. y en Europa?
S.G.: A nosotros nos importa un carajo lo que pasa en los EE.UU. Nos importa lo que pasa en Colombia.
S.: Es una comparación...
S.G.: Pero como vivimos en función de esas comparaciones, a mi, personalmente, gran parte del teatro de los Estados Unidos me parece repulsivo. Hay otro teatro muy interesante. Por ejemplo el teatro de San Francisco, el teatro campesino de Luis Valdez, el de Aztlán que trabajan igual que nosotros. Hacen una obra original y propia, inventada en dos años y la presentan durante tres o cuatro años. Si nosotros no queremos frustrar a nadie, lo que queremos es tener mucho más público. Si hay otros actores que no pueden trabajar en nuestro grupo, porque tenemos obras de repertorio, entonces es muy bueno que trabajen en otros grupos y que inventen otros grupos. En el caso europeo, pues también tenemos ejemplos, como lo son el Berliner Ensemble, el Piccolo Teatro de Milán o el teatro El Sol, de Arienne Mnouschkine de París. Cada obra la presentan más de mil veces. Y más de mil veces quiere decir tener más de trescientos, cuatrocientos mil espectadores y no a una elite. Eso es lo que nos interesa.
S.: Pero el teatro La Candelaria no ha desarrollado un trabajo de autor paralelo al trabajo del grupo.
S.G.: ¿Y la obra que acaba de ver no es una obra de autor? ¿Acaso yo no he nacido dentro de ese ámbito de La Candelaria? Esta no es una obra de creación colectiva. Es que nosotros no queremos ser abanderados ni representantes del teatro colombiano. Somos un grupo que trabaja su onda. Hay el TPB, hay el Teatro Libre, hay el TEC, La Mama, hay 70 grupos de teatro en Colombia, y lo interesante sería que se dedicaran a su originalidad y que no fueran estorbados en ella y que no fueran abanderados, como si fueran paradigma, de todo lo que tiene que hacer todo el teatro colombiano. Nuestro grupo no quiere ser una especie de modelo del teatro colombiano y quisiéramos que nos dejaran un poco libremente experimentar nuestro mundo. Nosotros no queremos estorbar las otras líneas y las respetamos. Creemos muy importante la línea del Teatro Libre..Que monten a Miller, que monten a Koestler, a Shakespeare, que monten a gente del grupo de teatro de ellos. El TEC, que tenga un autor de cabecera como Enrique Buenaventura. Son diferentes aspectos que cada uno va dando su resultado. Entonces, ¿por qué diablos nosotros vamos a tener que ser el modelo?--
Pedro Cote

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