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| 7/17/2015 10:00:00 AM

Encuentran restos de una embarcación del siglo XVIII en Cartagena

Los restos fueron hallados frente a la Casa de Huéspedes Ilustres y corresponderían a uno de los buques que Blas de Lezo hundió en 1741 para evitar que los ingleses invadieran La Heróica.

Un equipo de investigadores nacionales e internacionales encontró los restos de un naufragio de la época colonial que, de acuerdo con las fuentes históricas, correspondería a una de las embarcaciones que Blas de Lezo –el almirante español conocido como ‘patapalo’ o ‘mediohombre’– hundió en 1741 para evitar la invasión británica en Cartagena.

Dentro de las piezas identificadas se encuentran un cañón y más de 100 estructuras de madera. Las  piezas, relocalizadas en el fondo del mar, deberán permanecer ahí, pues actualmente no se cuenta con las instalaciones ni los recursos necesarios para conservar este tipo de bienes en la superficie.

El naufragio se localizó al frente de la Casa de Huéspedes Ilustres, en las inmediaciones del Fuerte de San Juan de Manzanillo. Según explicó Carlos del Cairo, Director de la Fundación Terra Firme e investigador de la Universidad Externado, “la ubicación permitió garantizar la seguridad de los restos, pues los constantes patrullajes de la guardia costera y la vigilancia del personal de Presidencia de la República evitaron el saqueo sistemático de éstos bienes, que hacen parte del patrimonio cultural de la nación”.

El proyecto inició en julio de 2014 cuando, con la ayuda de un sensor Side Scan Sonar EdgeTech 4200, el mismo que se utilizó para la exploración del Titanic, los investigadores tuvieron los primeros indicios de la presencia del naufragio.

Sin embargo, durante la excavación el equipo de arqueólogos encontró restos descontextualizados, pues ya habían sido removidos hace 20 años durante trabajos de mantenimiento del canal. “En la zona pueden apreciarse las marcas de las uñas de las dragas. Durante esa época en el país aún no existía una ley que protegiera el patrimonio cultural sumergido”, agregó del Cairo.

En total 10 arqueólogos, 7 buzos de salvamento y un equipo de logística y transporte, dotado con 3 embarcaciones y una plataforma de trabajo, hicieron parte de la excavación que duró más de 40 días. En el proyecto participaron científicos colombianos y especialistas internacionales de Argentina, Uruguay, Chile, México y España, expertos en prospección arqueológica subacuática, interpretación de restos arqueológicos relacionados con embarcaciones, arquitectura naval, historia y restauración.

“Actualmente estamos preparando una exposición temporal en la Casa de la Cultura de Bocachica, en la que se presentarán algunos objetos donados por la comunidad relacionados con las actividades de pesca que se desarrollan en el área, y parte de los objetos de cerámica y de vidrio que están siendo tratados”, indicó del Cairo.

La investigación  contó con el respaldo de la Fundación Terra Firme, la Universidad Externado de Colombia, el Instituto Colombiano de Antropología e Historia ICANH, el Centro de Investigaciones Oceanográficas e Hidrográficas, Buceo y Salvamento y la Escuela Naval de Cadetes Almirante Padilla.

La historia detrás

La Guerra del Asiento, también conocida como la Guerra de la Oreja de Jenkins, enfrentó entre 1739 y 1748 a los reinos de España y Gran Bretaña por el control del Caribe. En el marco de éste conflicto, y tras una arrolladora victoria en Portobelo (Panamá), el almirante inglés Sir Edward Vernon decidió invadir Cartagena de Indias dotado con la fuerza naval más poderosa de la época: 186 buques, 27.600 hombres y 2.000 cañones.

En ese entonces la ciudad era gobernada por el Virrey Sebastián de Eslava y la defensa militar estaba  a cargo del reconocido Teniente General Blas de Lezo y Olavarrieta. ‘Mediohombre’ –nombre que nació de las múltiples amputaciones que había sufrido durante su carrera militar– tan solo contaba con 3.000 soldados, 600 indios de la tribu kalamarí armados con arcos y flechas, y 6 barcos: el Galicia, el San Carlos, el San Felipe, el África, el Dragón y el Conquistador.

El 13 de marzo de 1741 las tropas cartageneras divisaron en el horizonte la poderosa flota británica. Antes de desembarcar, los ingleses se aseguraron de acabar con la red de fortalezas que protegían la ciudad con más de 10.000 cañonazos. Convencido de su victoria, Vernon envió una carta a su primo, el Rey Jorge II de Inglaterra, informando sobre la hazaña. En su honor los británicos acuñaran monedas conmemorativas, incluyendo una en la que aparece Blas de Lezo arrodillado ante el propio Vernon.

Sin embargo, Blas de Lezo lo tenía todo preparado. Ordenó la construcción de una serie de trincheras que retrasaron la marcha inglesa y evitaron que los cañones se acercaran a la ciudad. De Lezo envió, además, a un grupo de soldados españoles quienes, simulando la rendición, se entregaron al ejército británico para guiarlos hacia una trampa.

Con la información de los sometidos, las tropas de Vernon planearon la ofensiva final para el 19 y el 20 de abril de 1741. Armados de escaleras, los británicos treparían las murallas, ingresarían a la ciudad y así acabarían definitivamente con los españoles. Esperándolos se encontraba Blas de Lezo, quien mandó cavar un foso, de manera que las escalas nunca alcanzaron lo más alto de la muralla. Los ingleses fueron masacrados desde lo alto.

Desmoralizados los ingleses, derrotados por las estrategias de Blas de Lezo y disminuidos por las enfermedades tropicales, Edward  Vernon finalmente ordenó la retirada de su tropa el 20 de mayo de 1741.  En total 9.500 soldados británicos dentro de los que se encontraba Lawrence Washington, el medio hermano de George Washington, murieron en el enfrentamiento. Los europeos perdieron 50 de sus embarcaciones, e incluso incendiaron algunos de sus propios barcos por falta de tripulación. La vergonzosa derrota llevó a que el rey Jorge II de Inglaterra prohibiera a sus historiadores escribir crónicas sobre la batalla.  
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