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| 3/6/2005 12:00:00 AM

Entre copas

La obra más reciente de Alexander Payne, director de 'Las confesiones del señor Schmidt', es una estupenda película casera en la que aparecemos todos. ****

Título original: Sideways.
Año de producción: 2004.
Director: Alexander Payne.
Actores: Paul Giamatti, Thomas Hayden Church, Virginia Madsen, Sandra Oh, Marylouise Burke, Jessica Hecht, Missy Doty, M. C. Gainey, Alysia Reiner.

La verdad es menos incómoda cuando nos es revelada como si sólo fuera una broma. Y mucho menos aún si es un personaje ficticio el que la descubre por nosotros. Es eso lo que consigue la admirable Entre copas: decirnos la verdad sin afanes, al ritmo de la torpe melancolía de su protagonista, igual que un documental sobre los gestos ridículos que repetimos; recordarnos que el absurdo es una realidad vista de reojo -una realidad que hasta ahora comienza a aceptarse- mientras nos hace reír de los peores accidentes de la excursión que narra; ponernos frente a lo que somos, sin ahorrarnos dramas de fondo ni juzgarnos, dejándonos en la libertad de creer que podemos ser mejores que nuestras caricaturas. Sí, es una comedia estupenda que consigue asombrarnos con las cosas que vemos todos los días. Decepcionará a los espectadores que persiguen aventuras extraordinarias en los teatros de los centros comerciales. Pero hará felices durante dos horas a quienes van a cine a buscar pruebas de vida.

Entre copas describe hasta el menor detalle de una despedida de soltero que dura siete días. El cuarentón Miles Raymond, novelista escrupuloso sin novelas a la vista, experto catador de vinos que trata de sobrevivir a la más reciente de sus depresiones, invita a su mejor amigo, un actor segundón llamado Jack, a un tour por las vinerías de los valles de Santa Bárbara, California, una semana antes de que se convierta en otro hombre casado. Por supuesto: será él, Miles, quien aprenda algo de ese viaje. Pero a los otros tres personajes principales les pertenecerá por lo menos una escena fundamental de la película: la mesera Maya nos pondrá de su lado con un maravilloso discurso sobre la vida del vino, la catadora Stephanie nos afectará con sus gritos de mujer engañada ("¡espero que mueras!", exclamará) y Jack nos conmoverá con su fragilidad de último minuto justo cuando estemos a punto de creer que no le importa nada.

Todos tendrán algo qué decir, claro, porque se trata de una película de Alexander Payne. Y Payne, autor de las reveladoras Ciudadana Ruth, Election y Las confesiones del señor Schmidt, suele entregarles a los personajes las riendas de sus relatos. ¿Por qué lo hace? ¿Por qué retrata a sus héroes en crisis con la atención de un historiador? Porque añora el cine norteamericano de los años 70, entiende que hablar de esos individuos es hablar -así no se quiera- de los tiempos que estamos viviendo y sabe bien que tarde o temprano todas las narraciones se convierten en texto de historia. Sí, eso es. En unos 20 años, cuando alguien vea Entre copas por primera vez, se dará cuenta de que también en esta época nos reíamos de los fracasos de siempre. Es un gran logro.
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