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| 3/22/1999 12:00:00 AM

ENTRE EL GOBIERNO Y LA CULTURA ESTOY CON LA CULTURA

"El ministro de Cultura, Alberto Casas, defiende su gestión y desmiente los rumores sobre el <BR>cierre de su cartera

La crisis financiera por la que atraviesan algunas de las instituciones más importantes del
sector cultural, como la Biblioteca Nacional y la Orquesta Sinfónica de Colombia, tienen al ministro de
Cultura, Alberto Casas, en el ojo del huracán. SEMANA dialogó con él para despejar las dudas sobre su
gestión y sobre la posible liquidación de su cartera.
Semana: Hay serios rumores acerca de que el Ministerio de Cultura va a desaparecer para fusionarse
con el de Educación. ¿Eso es cierto?
Alberto Casas: No es cierto, no vamos a cerrar nada.
Semana: Pero cuando Ernesto Samper lanzó la propuesta de crearlo usted fue uno de sus principales
opositores...
A.C.: Sí. Yo estaba de acuerdo con la hipótesis de García Márquez y de Belisario Betancur. Lo que pasa es
que una vez creado este instrumento hay que utilizarlo. Y una vez metido en esta tarea me he dado cuenta
de que el ministerio sí hacía falta. Me parece muy ilustrativo el ejemplo de la Fiscalía. El principal enemigo era
Alfonso Gómez y ahora está haciendo una labor importante.
Semana: Una de las principales razones para la creación del ministerio era la garantía de un mayor
presupuesto. El de este año, 20.000 millones de pesos, es incluso inferior al que alcanzó en su momento
Ramiro Osorio en Colcultura. Así las cosas ¿cómo justifica hoy el ministerio su existencia?
A.C.: Lo más importante es que por primera vez en la historia del país se reconoce a la cultura como un
sector. Antes nadie sabía bien qué era cultura porque la mezclaban con educación o con salud. Cuando la
cultura pertenecía al Ministerio de Educación el presupuesto se lo chupaba todo Fecode. Ahora, aunque
escasa, la plata para la cultura está garantizada. Nos asignaron 20.000 millones de inversión para este año.
Yo voy a luchar para que planeación lo suba a 40.000. Lo que sucede es que todo el mundo cree que el
ministerio está para darle plata a todo el mundo y eso no es cierto.
Semana: Si el ministerio no está para financiar proyectos, ¿entonces para qué está?
A.C.: Para crear políticas que establezcan cuáles de las entidades deben ser financiadas por el Estado.
Hay que establecer prioridades pero deben ser las propias regiones las que ejecuten los proyectos. En este
sentido la prioridad del ministerio es la formación de gestores culturales y no esperar a ver cómo
consigue recursos para todo el mundo. Lo que pasa es que la labor del ministerio se nota tanto que la gente
quiere más.
Semana: ¿En dónde se nota tanto la labor del ministerio como usted dice?
A.C.: La presencia del ministerio no se puede comparar con la de Colcultura. Hay muchas zonas donde sólo
aparecen paramilitares y guerrilla y ahí está el ministerio. El encuentro folclórico 'Crea', por citar un caso,
es un proyecto muy atractivo que ha producido efectos enormes en zonas de desplazados. Por eso
estamos trabajando en un centro de estudios para que experiencias como Crea no sean flor de un día. Con
los niños, por ejemplo, tenemos un programa específico basado en cambiar la filosofía del miedo por la de la
esperanza. El programa ha sido fructífero un muchas zonas rojas e incluso en Armenia a raíz del terremoto.
Semana: Pero en casos concretos como el de la Biblioteca Nacional, se ha hablado incluso de cerrarla. ¿Esto
no es suficientemente grave?
A.C.: La situación en general de todas las instituciones es delicada, similar a la que tiene un padre de familia
cuando debe repartir su escaso ingreso entre sus hijos. A cuál de sus hijos prefiere el papá entre la biblioteca,
el museo y los demás, no sé. Lo que es claro es que aunque la situación sí es de estrechez no es tan grave
como para tener que cerrarla.
Semana: ¿Pero las cifras que da Carlos José Reyes en 'El Tiempo', según las cuales el presupuesto de
1.800 millones de pesos asignado el año pasado se redujo este año a 550 millones, son reales?
A.C.: Sí, son reales. Lo que pasa es que la reducción del presupuesto no sólo ha afectado a la biblioteca ni
al ministerio sino en general a todas las instituciones del Estado.
Semana: El caso de la Orquesta Sinfónica tampoco es alentador. Ni siquiera tiene sede. ¿Qué soluciones se
han pensado al respecto?
A.C.: Sí, esta es una de las tragedias. La Sinfónica es de la Nación, y por consiguiente los miembros de la
orquesta son funcionarios públicos; eso le resta la posibilidad de buscar otras fuentes de ingreso.
Semana: ¿Entonces cuál es la solución a corto plazo?
A.C.: No hay solución, no tenemos cómo. Estamos buscando mecanismos para hacerlo, tal vez a través
del sector privado o de conciertos, para ver si somos capaces de buscarle sede a la orquesta. Acepto que
es responsabilidad del ministerio, hay que decirle la verdad al país. Pero no puedo decir que a partir de
mañana hay una solución. La culpa es del Estado colombiano, que está quebrado.
Semana: ¿Es incómodo encabezar un ministerio del que todos reniegan?
A.C.: Hay dos caminos: decir aquí no hay plata, o decir aquí no hay plata y buscar instrumentos que
ayuden a solucionar los problemas. La idea es enfrentar la realidad de una manera inteligente. Y cómo
hacerlo, pues diciendo la verdad. Lo que quiero dejar en claro es que entre el gobierno y la cultura yo estoy
del lado de la cultura. Yo no soy contraparte, como lo han querido señalar algunos medios de comunicación.
Semana: Lo que dicen por ahí es que usted es el vocero del presidente Pastrana y que ha dejado el ministerio
en un segundo plano.
A.C.: Lo que ha hecho el Presidente es aprovechar mi experiencia para propiciar una mejor relación con los
medios. Pero la labor del ministerio no la he abandonado en ningún momento. El hecho de que yo venga
de las madrugadas de la radio me permite cumplir todas mis funciones.
Semana: ¿Entonces el Ministerio de Cultura no es la plataforma de lanzamiento hacia otro ministerio?
A.C.: No. En eso soy claro. No voy a aceptar otro ministerio. Ha habido casos en los que gente de la cultura
termina metida en política. Mi caso es contrario. Vengo de la política para la cultura, y espero de ahora en
adelante no tener nada que ver con la política.
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