Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2006/02/12 00:00

Entre la exaltación y la destrucción

En 2005 la Unesco destacó a Palenque y fue el año de la campaña 'Patrimonio cultural inmaterial, demuestra quién eres'. Pero la violencia, el desplazamiento y la pobreza siguen amenazando la diversidad colombiana.

Para la Unesco, el conjunto de tradiciones y saberes que se reflejan en las danzas, la música y los vestuarios del Carnaval de Barranquilla es una obra maestra del patrimonio oral e inmaterial de la Humanidad. Los saberes ancestrales de culturas como la kogi (derecha), en la Sierra Nevada de Santa Marta, están en peligro de desaparecer, como consecuencia de la guerra y la pobreza.

Resulta paradójico, tristemente paradójico, que coincidan en el mismo año la consolidación a nivel de proyecto de Nación de la cultura paramilitar -excluyente, violenta, enemiga de la diversidad natural y cultural- con el despliegue mediático e institucional que se le dio al patrimonio inmaterial o intangible. En los últimos años ha tomado más y más fuerza la exaltación de lo colombiano en diferentes áreas (música, artesanía, culinaria), y 2005 cerró con broche de oro cuando la Unesco decretó a San Basilio de Palenque 'Obra maestra del patrimonio oral e inmaterial de la humanidad', con lo cual se exalta no el sitio físico en sí, sino "un espacio cultural único, que cubre actividades sociales, lingüísticas, musicales y religiosas, así como tradiciones médicas que presentan todas ellas rasgos africanos". El Palenque de San Basilio, ubicado en Mahates, Bolívar, lo habitan afrodescendientes que conservan valores culturales propios, entre ellos un dialecto propio. El Ministerio de Cultura explicó que "la decisión de la Unesco reconoce las excepcionales características de la cultura palenquera, representada en danzas, músicas, una lengua propia, ritos fúnebres y tradiciones orales. Para la Unesco, no sólo fue importante la condición de excepcionalidad de las expresiones postuladas, sino el hecho de que estuvieran en peligro de desaparecer. Dichas manifestaciones se ven amenazadas por el desplazamiento de sus habitantes y por las difíciles condiciones en que ésta se desenvuelve" Una proclama que exalta la obra de arte de la humanidad, pero que también alerta acerca del inminente peligro de que desaparezca. Palenque fue un broche de oro para un año en el que el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (Icanh) adelantó por los medios de comunicación la campaña 'Patrimonio Cultural Inmaterial Demuestra quién eres' que, a través de cartillas, textos impresos, avisos de prensa, cuñas radiales y comerciales de televisión, invitó a los colombianos a valorar y familiarizarse con un patrimonio al que, por ser tan cotidiano, casi nadie valoraba como tal: desde los idiomas de las distintas etnias y comunidades afrodescendientes hasta recetas de cocina. Esta campaña de sensibilización fue el resultado de la Convención para la salvaguarda del patrimonio cultural inmaterial, realizada por la Unesco en 2003. Como señala la antropóloga Ana María García, del Icanh y miembro del grupo coordinador de la campaña, "busca generar el reconocimiento hacia ese patrimonio por medio de mensajes en televisión, cuñas radiales, afiches, cartillas, página web, talleres y avanza en la metodología para la elaboración de inventarios participativos para la identificación de las expresiones del patrimonio inmaterial y su diagnóstico". Tal vez el principal aporte de estas iniciativas ha sido darles a estas expresiones intangibles de la cultura la misma importancia que tienen las edificaciones, los ecosistemas y las obras de arte. El patrimonio inmaterial o intangible es una categoría muy difícil de definir y valorar. Como señala Ana María García, "se trata del patrimonio vivo de la gente. Y esa gente somos todos nosotros que, mediante la palabra y los gestos, reproducimos prácticas culturales con los otros y nos sentimos parte de un grupo, una comunidad o una sociedad. Vivo, porque es lo que hacemos, sabemos, disfrutamos, valoramos y aprendemos compartiendo en la práctica. Inmaterial, porque no se puede tocar, pero es el saber que hay detrás de lo material". Por ese motivo, el Icanh adelanta ese diagnóstico con la participación directa de las comunidades para que sean ellas mismas las que identifiquen los usos y las costumbres que ellos consideran que los identifican como grupo. Foros como el VI Encuentro para la Difusión y Promoción del Patrimonio Inmaterial de los Países Andinos, que se celebró en Medellín en septiembre de manera simultánea con un encuentro nacional promovido por el Icanh, también son prueba del creciente interés por un tema que era desconocido hace muy pocos años. Eso sí, se trata de un patrimonio amenazado por muchos flancos. El más grave, la violencia y el desplazamiento. En la mayor parte de las zonas en conflicto los indígenas y los afrodescendientes son víctimas directas de los violentos que muchas veces les imponen prácticas ajenas a sus culturas o les prohíben realizar sus ritos, celebraciones y ceremonias. Las comunidades desplazadas no sólo pierden sus bienes materiales, sino que también rompen, de manera traumática, sus lazos con el territorio perdido, y los conocimientos y relatos relacionados con su entorno muy pronto se vuelven borrosos hasta desaparecer por completo. Otra circunstancia que amenaza esta diversidad cultural es la penetración de los medios masivos y la llamada modernidad, que tiende a uniformar los gustos y patrones culturales, y a que las nuevas generaciones desprecien su legado cultural, atraídos por la cultura masiva del entretenimiento. Los jóvenes indígenas y campesinos adquieren hábitos de consumo propios de la cultura occidental. El desarrollo y la penetración de los grandes medios de comunicación (en particular radio y televisión) tiende a borrar las emisoras comunitarias locales, y la música que se oye se programa casi siempre en alguna gran ciudad y obedece a patrones de moda ajenos a sus tradiciones. Por la misma vía se pierden saberes culinarios, prácticas agrícolas, conocimientos sobre el uso que se le da a determinadas plantas... Pero tal vez el aspecto más complejo es cómo mantener vivo y vigente el patrimonio inmaterial sin que pierda sus raíces. Dicho de otro modo, cómo lograr que el patrimonio inmaterial les diga algo a nuevas generaciones que en su gran mayoría son urbanas y cada vez pierden más contacto directo con lo rural. A veces los puristas, en su afán por preservar lo puro y lo primigenio, se oponen a prácticas culturales que les permiten evolucionar y adaptarse a las realidades sociales y culturales de los nuevos tiempos. Es el caso de la música. Los puristas insisten en descalificar todo aquello que suene a innovación, aunque muchas veces ellos mismos caen en la trampa de considerar 'puro' lo que en realidad fue resultado de una adaptación y modernización. El bambuco 'primigenio' que se interpreta con tiple, bandola y guitarra es en realidad una adaptación europeizante que se le hizo a una danza indígena que se interpretaba con flautas y tambores. Este es un tema complejo y que exige mucha reflexión. ¿Hasta qué punto es 'auténtica' una artesanía dirigida por un experto en diseño y mercadeo? ¿Pero qué tan legítimo es impedirle a un artesano que enriquezca sus conocimientos con el aporte de un diseñador que, le va permitir conseguir ingresos adicionales y, de paso, va a promover entre las nuevas generaciones el uso de ese saber tradicional, es decir, preservarlo para que no se pierda cuando muera la última mujer que sabía tejer de determinada manera? Es necesario no quedarse en la norma institucional. Porque en el presente se generan prácticas culturales que, por no ser un legado de varias generaciones, no encajan en la definición técnica de 'patrimonio inmaterial'. Pero nadie puede negar la importancia de manifestaciones populares contemporáneas que se dan en las grandes ciudades. En 2005 se dio un paso importante. Pero lo que resta por hacer es inmenso y lo que está en juego es el legado cultural de una nación cada vez más urbana y conmocionada por la violencia, la contrarreforma agraria paramilitar.

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