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| 9/27/2016 12:21:00 PM

“El crítico de cine debe alejarse de lo que el público piensa”

El principal crítico de cine de The New York Times vendrá al Premio y Festival Gabriel García Márquez -que va hasta el 1 de octubre en Medellín- para hablar sobre la crítica en la era digital.

Anthony Oliver Scott, más conocido como A.O. Scott, es una de las voces más importantes de la crítica de cine. Comenzó su carrera como crítico literario en la revista New York Review of Books, donde trabajó como asistente de Robert B. Silvers, el editor general, y después estuvo un tiempo en el periódico Newsday. Sin embargo, lo suyo era la crítica de cine. En enero de 2000 se unió a la sección de arte de The New York Times y cuatro años después se convirtió en el principal crítico de cine del periódico, tras la jubilación de Elvis Mitchell. Dicen que es el crítico de cine más importante de los Estados Unidos en la actualidad. Este jueves estará dictando un taller sobre la crítica en la era digital en el Premio y Festival Gabriel García Márquez en Medellín. Semana.com habló con él.

Semana: Después de la muerte de Robert Ebert, ¿usted es el crítico de cine más importante de Estados Unidos?

A.O. Scott: No estoy seguro qué significa serlo pero trato de no verme a mí mismo así. Sería peligroso en un gremio en donde hay tantos egos de por medio.

Semana: ¿Lee a otros críticos de cine?

A.O.S.: Sí. Mi colega Manohla Dargis, en el New York Times, es una de mis favoritas aunque debo confesar que prefiero leer a los críticos jóvenes que todavía no son tan reconocidos. Siento que sus reflexiones refrescan el debate crítico.

Semana: ¿Qué hace bueno a un crítico?

A.O.S.: Lo más importante es que escriba bien porque de lo contrario será muy difícil tener una voz propia y, en últimas, eso es lo que hace que un crítico de cine se destaque o no. Coincidir o no con sus opiniones es secundario.

Semana: ¿Qué personalidad se necesita para ser un buen crítico de cine?

A.O.S.: A mí me gusta que sean graciosos, porque eso demuestra que hay naturalidad en ellos. Detesto los que le hacen sentir al lector que tenían descifrada la película desde antes que saliera y que te dan el argumento digerido. Ese tipo de superioridad es lo que más evito cuando escribo porque equivale a menospreciar al lector. No hay nada mejor que leer una crítica donde puedas ver la mente de alguien trabajando.

Semana: ¿Qué tan independiente es un crítico en Estados Unidos?

A.O.S.:  Pese a que el New York Times tiene reglas y parámetros, nunca he sentido que no puedo escribir lo que pienso. Mucho menos por presión de la industria cinematográfica.  

Semana: ¿Cuál es entonces el mayor reto al que se enfrenta un crítico de cine en Estados Unidos?

A.O.S.: Estados Unidos tiene la industria de cine más grande del mundo y eso trae serios desafíos para la cultura cinematográfica en el país. Con sus películas Hollywood establece tendencias a las que la gente se acostumbra y que moldean su gusto. Por eso, cuando surge la oportunidad de ver cine de otros países, el público estadounidense suele no engancharse. Eso me lleva a pensar que al crítico de cine que trabaja aquí le toca hacer un esfuerzo extra para recordarle al público que hay mucho más allá después de Hollywood.

Semana: ¿Qué tanto espacio hay en el New York Times para las críticas de películas extranjeras?

A.O.S.: No mucho pero ese es un problema de la industria, no del periódico. Los distribuidores de cine son los que abren o cierran la posibilidad de escribir sobre cine extranjero porque no tiene sentido escribir sobre una película que no estará en las carteleras del país.

Semana: ¿El crítico, como el cronista deportivo, sigue siendo el tipo más odiado de las redacciones?

A.O.S.: Sé que tenemos un trabajo envidiable para muchos y tal vez por eso nos odien en las redacciones. Sin embargo, yo odiaría más al crítico de restaurantes (risas).

Semana: ¿Es tan fácil como parece?

A.O.S.: No, en lo absoluto. Hay semanas en que tengo que ver siete películas y ese “verlas” no es precisamente relajarte y comer palomitas. Tu mente tiene que estar produciendo ideas todo la película. El New York Times, por ejemplo, publica más de 800 críticas al año.

Semana: ¿Quién odia más a un crítico?, ¿el actor, el productor, el distribuidor, el director o el público?

A.O.S.: Tal vez la audiencia sea la más complicada porque ve la película desde la emoción, no desde la razón. Los otros saben que es trabajo y están al tanto de las reglas del juego: lo que exhibes será juzgado, punto.

Semana: En 2012 usted criticó fuertemente la interpretación de Samuel L. Jackson en Los Vengadores y se armó un debate en las redes sociales. ¿En qué terminó ese asunto?

A.O.S.:  Fue un debate muy útil para mi vida profesional porque los comentarios de él y las reacciones de la gente me llevaron a reflexiones muy útiles sobre la relación de la audiencia con el crítico que después plasmé en mi libro Better living through criticism (2016), el cual explica cómo hacer de la crítica una carrera y un elemento necesario en las sociedades modernas.  

Semana: ¿Por qué el crítico no coincide casi nunca con el público?

A.O.S.: Porque ese no es su trabajo. Lo ideal es que evite lo más que pueda predecir lo que el público va a pensar de una película. Así como el crítico es independiente de la industria, debe alejarse de lo que el público piensa.

Semana: ¿Le han culpado de algún fracaso en taquilla o de haber truncado alguna carrera?

A.O.S.: No que yo sepa. Se necesita más de una crítica para hacerlo.

Semana: ¿El crítico ha perdido espacio con el surgimiento de páginas como IMDB, Rotten Tomatoes o Filmaffinity, donde cualquiera puede calificar una película?

A.O.S.: No creo. La mayoría de las personas van al cine sin leer una crítica sobre la película. Por eso se quejan tanto de haber perdido el dinero de la boleta cuando no les gusta la película. Los críticos nos debemos a un nicho en específico, y los que pertenecen a él son como los amantes del vinilo: por más tecnología que haya no abandonan su formato favorito.

Semana: Hay gente a la que no le gusta ver películas viejas, ¿le pasa lo mismo?

A.O.S.: En lo absoluto, me encanta verlas. Una paradoja de estos tiempos que lamento mucho es que justo cuando tenemos mucho más acceso a las películas de antes, haya gente que no quiera verlas.

Semana: ¿Qué significa para usted cada uno de estos directores: Quentin Tarantino, Rodrigo García Barcha, David Lynch, Alejandro González Iñárritu, Wes Anderson y  Woody Allen?

A.O.S.: Tarantino: un erudito; el hijo de García Márquez, Rodrigo García Barcha: alguien con gran toque emocional; David Lynch: un investigador de la superstición; González Iñárritu: mucho talento pero con ideas discutibles; Wes Anderson: consistencia estética; Woody Allen: al que le debo mi gusto por el cine pero quizás mi mayor desilusión. No profundizaré en el caso porque me meto en problemas.

Semana: ¿Con cuánto calificó a ‘El abrazo de la serpiente’?

A.O.S.: No escribí sobre ella pero me pareció magnífica porque para mí representó un descubrimiento cultural, histórico y visual hermoso. Está en mi top de las 25 mejores películas del año.

Semana: ¿Por qué cree que los libros de Gabo no tuvieron éxito en el cine?

A.O.S.: Es más fácil adaptar libros de escritores mediocres a adaptar grandes obras como las de García Márquez. Las expectativas son muy altas, la voz del escritor es tan fuerte que el cineasta se intimida y, preso de ese respeto, no arriesga. Con Gabo pasa algo adicional: llevar exitosamente el realismo mágico a la pantalla es tan incierto como la lotería.  

Semana: ‘2001 odisea del espacio’ era la película favorita de Gabo. ¿Cómo calificaría esa película?

A.O.S.: ¡Es magnífica!. Si hoy en día la proyectaran en formato Imax, el veredicto sería que no hay ninguna película que transcurra en el espacio que se le compare. Por más efectos especiales que existan hoy, la sensación de extrañeza y la nimiedad del ser humano que transmite no se han vuelto a sentir.

*A. O. Scott conducirá el taller “La crítica en la era digital” en el Jardín Botánico de Medellín, este jueves 29 de septiembre de 2 a 6 p. m.

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