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| 9/2/2016 7:59:00 PM

"A veces una botella de aguardiente cuesta más que un libro"

El escritor caleño Antonio García Ángel lanza su tercera novela, ‘Declive’, en la que Bogotá es el eje de su relato.

Son las cinco de la tarde. Suena el despertador y Jorge se levanta. Tras bañarse de prisa advierte que los zapatos no le caben. Tal parece que sus pies han aumentado cuatro tallas, así que se calza a medias y sale hacia su trabajo, un call center. 

Así comienza la historia de Declive, la nueva novela de Antonio García Ángel, que llega bajo el sello Penguin Random House. Este relato, que ocurre en Bogotá, es una radiografía de la clase media y recrea la aburrida vida plana de un enfermero. 

Semana.com.com habló con García acerca de novelas y de su vida de escritor.

Semana.com: ¿En Declive hay una influencia kafkiana?

Antonio García (A.C.): Yo creo que sí. El comienzo es kafkianísimo porque se asemeja al de Gregorio Samsa cuando despierta convertido en un insecto. La diferencia es que Jorge, el personaje principal, amanece con los pies más grandes. Además, el personaje está en un entorno muy kafkiano: corporaciones grandísimas sin mayor oportunidad para la expresión, repetitivas, rutinarias. Ese tipo de historia es muy kafkiana. A mí me encanta. 

Semana.com: ¿Qué tanto de Declive hay en usted?

A.G: Uno trabaja sobre los materiales de su autobiografía en una medida y en otra, de la investigación, observación y de la lectura. Uno no puede sustraerse del todo de su propia literatura. 

Semana.com: ¿Por qué tanta melancolía en esta novela?

A.G: Creo que es un libro triste. Aunque tiene unas pinceladas de humor, quería hacer un relato del mismo estilo que El coronel no tiene quien le escriba, La Paloma, Desgracia y El Viejo y el Mar, libros que tienen un personaje al que poco a poco se le va quebrando la moral.

Semana.com: En casi todas sus novelas las mujeres son muy eróticas…

A.G: No sé si en todas, pero creo que hay una exploración de lo erótico. Aquí hay mucho deseo de él (Jorge) hacia Cecilia, su compañera de trabajo en el call center, pero de alguna manera es un deseo reprimido que no se concreta. En otros textos, los personajes consuman. Llegan más lejos. 

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Semana.com: Su personaje principal camina mucho y usa transporte público, ¿Eso marca a Jorge?

A.G: Demasiado. El carro es una especie de burbuja donde no se ve tanto la ciudad. Quien padece la ciudad es el que la recorre en transporte público o a pie. Pienso que en ese tipo de recorridos es bueno describir. Hay que familiarizar a los lectores con todo. También hay que ir amoblando los espacios y que los entornos se sientan reales. Hay novelas de personajes que no se tienen que ganar la vida, que no hacen cosas concretas o humanas. Mis personajes tienen que almorzar y cocinar a veces. Ese tipo de cosas le dan realidad al personaje. 

Semana.com: La música le da mucho peso a sus relatos, ¿qué papel tiene?

A.G: Es un efecto que he venido trabajando en otras novelas. En Su casa es mi casa, por ejemplo, intercalé las acciones de uno de los personajes con las luces y el humo en una discoteca. Y en Recursos Humanos hay un personaje que tiene un reloj que suena demasiado duro, de esos que no dejan concentrar porque el segundero enloquece. Yo tenía momentos en que el personaje estaba en la oficina y sus acciones estaban punteadas por el tic-tic-tic-tic del reloj. Este es un ejercicio de mostrar una situación de caos: situaciones estresantes que se transmiten intercalando las acciones con canciones. También me di la posibilidad de inventarme canciones, el reto era que me quedaran realistas. Por profesión no me pondría a componer merengues, ni reggaetones, pero podría darme el gusto de hacerlos en la literatura.

Semana.com: Después de ser el ganador de la Iniciativa Artística Rolex, ¿cambió en su escritura?

A.G: Creo que sí porque hay una conciencia de la escritura mayor. Si pasas un año con Vargas Llosa, tendrías que sufrir una afasia o algo así para olvidar algunas enseñanzas tras esa experiencia.

Semana.com: Usted ya escribió tres novelas, un libro de cuentos y un ensayo, ¿ya se siente un escritor consumado?

A.G: Uno nunca acaba de aprender. Por lo menos, lo que he tratado es que cada libro sea una historia que no sepa hacer: un personaje que no se parezca a los de antes o un tipo de entorno que no me sea familiar. Uno siempre aprende en cada libro, además porque cada libro viene con su forma de contarse: aprendo a hacer ese libro a medida que lo escribo. Me falta hacer una novela con diferentes puntos de vista, alguna que suceda en un lugar imaginario. La fábrica de Recursos Humanos, por ejemplo, me la inventé, pero es una fábrica. Me gustaría hacer un espacio tipo Macondo. Tampoco he hecho una novela histórica o de ciencia ficción. Quisiera hacer ese tipo de cosas. 

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Semana.com: ¿Cómo vivir con y de la escritura?

A.G: Se vive de la literatura, pero no de los libros: la conferencia, la clase, ser jurado de un concurso. En fin, lo que vaya saliendo. Toca ir a buscar la plata debajo de las piedras y, a veces, no hay mucha, pero yo creo que cualquier escritor debe estar dispuesto a que la plata no esté a la mano. Ahora, la literatura no es un bien de primera necesidad. A veces, una botella de aguardiente cuesta más que un libro y la gente prefiere comprarse la botella.

Semana.com: ¿Cómo le parece que al mes se estén produciendo un promedio de 10 novelas?

A.G: Entre más haya, mejor. El problema son los lectores: la literatura no es la más mayoritaria de las aficiones, como el fútbol. Pero el promedio de lectores no es tanta para la oferta.

Semana.com: ¿Qué está leyendo en este momento?

A.G: Runaway, de Alice Munro.

Semana.com: Una de las novelas icónicas sobre Bogotá es Sin Remedio, de Antonio Caballero. Después hay otras, pero no son tantas. ¿No cree que debe haber más literatura sobre la capital?

A.G: Creo que sí. No existirá la novela que clausure la posibilidad de escribir sobre Bogotá. Además cada escritor escribe sobre su entorno y mientras haya literatura, también habrá posibilidad de contar algo más. Desde La Iliada no se han agotado los cuatro o cinco temas que existen. Si no se ha agotado Nueva York, que tiene cien veces la cantidad de escritores, ¿por qué se habrá de agotar Bogotá?

Semana.com: ¿La Bogotá que describe es la de Petro o Peñalosa?

A.G: Es la ciudad de Jorge más que la de algún alcalde.

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