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| 11/18/2016 4:30:00 PM

“Tal vez ya perdí la cabeza”

Semana.com habló con Sandra Rengifo, ganadora de la beca flora ars+natura en 2015, sobre su más reciente trabajo ‘Los lirios del campo y las aves del cielo’.

Todo lo que es bello, de alguna manera, va acompañado del horror. Así es la nueva obra ‘Los lirios del campo y las aves del cielo’ de Sandra Rengifo: Una muestra que recoge la melancolía de nuestros campesinos y la hermosura del paisaje que tiene impregnado en el ambiente las consecuencias del conflicto, que se exhibe hasta el 10 de diciembre en la sala de exposiciones Cámara de comercio de Bogotá, sede Chapinero.

Sandra recibió a Semana.com en su apartamento, un quinto piso cerca de la estatua de La Pola de Bogotá. Nos ofreció un café que tenía un toque de canela. Nos sentamos cerca de una ventana donde se pudo ver que las gotas de lluvia caían como estrellas fugaces en el vidrio.

Ella reía después de contestar cada pregunta y luego decía. “No sé si te respondí”.

- Basó toda su exposición en ‘Los lirios del campo y las aves del cielo’, un libro de Søren Kierkegaard, ¿por qué?

- Cuando encontré ese libro yo ya venía pensando en la idea de los caballeros de la fe, en el movimiento suspendido de esos seres. Pensé que los lirios del campo son esos jornaleros que viven en una temporalidad suspendida, despojados… Trabajan la tierra solo por el diario. Además son obedientes y alegres con lo que la vida les da. Hice una traslación un poco literal del libro. Kierkegaard hace un recorrido por ese versículo bíblico pero lo que él intenta hacer es mostrar al afligido. Y uno entiende que lo que debe hacer ese afligido es volcarse sobre esa potencia de la naturaleza para el diario vivir.

- ¿Cómo describiría a los caballeros de la fe?

- Kierkegaard dice que nunca encontró a un caballero de la fe y que si lo hubiera encontrado se habría sentado para contemplarlo eternamente. Dice también que el camino de la fe solo es posible a través del absurdo y que nadie entendería al caballero de la fe precisamente por eso. Cuando el caballero de la fe hace algo que los demás creen imposible él ni siquiera lo piensa como imposible: busca otros recorridos, otras formas que no sabía.

Cuando hice la obra vi que aquí (Colombia) hay muchos caballeros de la fe, en una escala mucho menos idealizada de la que propone Kierkegaard, que es casi un romántico. Pero cuando veo a estos corteros de caña trabajar con esos movimientos que son imperfectos, naturales, pienso que son caballeros de fe en un contexto de lucha, en esa angustia, en la melancolía. Todo apela a sentir que al final todo es una tragedia pero que a la vez es una potencia para seguir.

- Una de las pinturas más impactantes es la de las manos de un raspachin de coca.

- Esa imagen condensa toda esa potencia del trabajo, del sufrimiento por ser juzgados por ser su trabajo, cuando finalmente la coca en nuestro país y en nuestra cultura indígena es una planta sagrada, pero otros países le han otorgado otro valor.

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De la serie ‘Los lirios del campo y las aves del cielo‘ de Sandra Rengifo. Foto: Semana.com

- Precisamente eso se percibe en los personajes de su obra: toda la fuerza del trabajo.

- Hay un filósofo que me gusta mucho también que se llama Jacques Derridá que en su libro ‘Los espectros de Marx’ dice que la forma para superar la pérdida es el trabajo. Kierkegaard dice algo parecido; aconseja que no piense en nada más que en el trabajo y en el hacer con obediencia y alegría. En un contexto particular como el nuestro el paisaje no se entiende como ese lugar para contemplar o relajarse, aquí el paisaje es el lugar donde cualquier corrupción puede habitar. Y es entonces cuando los caballeros de la fe, a pesar de todo, continúan trabajando con obediencia y alegría.

- La verdad es que la alegría no se siente en su obra, es todo lo contrario…

- Para mí fue muy duro cuando pasó lo del plebiscito. Yo tenía una idea del trabajo y cuando ganó el No fue como si me hubieran cambiado todo el trabajo, como si le devolvieron esa tristeza. Antes pensaba en cómo sería habitar esos paisajes de otra forma, pero después del plebiscito todo se llenó de oscuridad de incertidumbre. Todo era muy triste. Si había un poco de alegría, se fue con el resultado del referendo. La obra se me volvió muy oscura y melancólica. Quizás lo único que se puede sentir es una caricia de consuelo, pero eso no le quita lo pesimista.

Sandra terminaba un cigarrillo y bebía un poco de tinto mientras respondía. Dijo que quería dejar de fumar. Pero lo hacía de una forma asombrosa; en cada calada su pecho se inflaba, luego soltaba el humo de tal manera que las capas de humo se difuminaban en toda su cara y sus ojos verdes seguían brillando, acostumbrados por completo a la nicotina.

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De la serie ‘Los lirios del campo y las aves del cielo‘ de Sandra Rengifo. Foto: Semana.com

- Su obra tiene muchas capas: palabra, pintura, escultura, videoinstalación, música, performance, y dentro de todo eso, una parte importante es el silencio…

- Mientras hacía ese trabajo me sentía como un poeta que contempla la belleza desde la distancia y lo único que puede hacer es callar. Es un acto bien meditativo. Traté de observar la naturaleza y a los campesinos sin una lectura moral. Se trató más de contemplar, de que ellos hablaran por su potencia misma.

- También tiene muchas referencias de varios escritores, músicos, cineastas, pero nada parece gratuito…

- Yo siento que al final una cosa que siempre está presente en la obra de Kierkegaard es el secreto. Algo donde hay un testigo pero los demás no tienen idea que está ahí. Cada capa es una referencia. A veces es una cosa muy íntima.

- Y aun así, por lo que vi en la inauguración, conmovió a mucha gente, que quizás no tenga idea de su obra o de lo que usted lee.

- Sí, siempre he buscado que la obra pueda traspasar como una flecha las sensaciones de las personas, independientemente de su contexto. Siempre he estado preocupada por eso, quiero que perciban algo y lo sientan, que sea un acontecimiento del cuerpo. ¿A quién le importa Kierkegaard?, ¿a quién le importa Theodor Dreyer? Yo trato de trasmitir esa emoción que tuve en el momento de pintar o al momento de enfrentarme a esas potencias contemplativas, medio poéticas.

- Usted ha trabajado en audiovisual y también conoce formas para hacer conmover…

- Claro, uno es muy efectista. Uno tiene como ciertas formas de hacer de que pueden apelar al espectador para que el espectador sienta algo… Hay una parte en la instalación en la que se puede oír una composición de Rune Borup mientras hay unas animaciones en el cielo que ayudan al espectador a sentir algo. Pero al final eso depende de la persona que lo recibe.

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Video instalación de tres pantallas de la serie ‘Los lirios del campo y las aves del cielo‘ de Sandra Rengifo. 

Mientras Sandra viajaba a Arauca fue llamada ‘Miss barrial’. Se encontraba ante esa naturaleza que no conocía y se hundía en la sabana porque no llevaba los zapatos adecuados, no sabía cómo moverse en el campo ni cómo enfrentar aquello que ella llama “una gran potencia”.

- ¿Vive aquello que ha aprendido a través de las lecturas?

- ¡Claro! Cuando viajé a Dinamarca me di cuenta que perseguía una idea y ahora eso ha empezado a expandirse. La persona que hizo la música vino a Colombia a ver la exposición, persiguiendo una idea. Cuando a mi mamá le diagnosticaron cáncer de seno entendí que uno vive al diario, como los lirios del campo y las aves del cielo. Es una energía tan potente que hala a otros. Aprendí a soltar a despojarme y siento que quedé libre como un pájaro.

- Un poema recurrente en su obra tiene que ver con el mito de la virgen de Mettelil. Ahora que habla de su mamá, ¿hay una relación con ella y la virgen?

- Lo encontré en ‘El diario de un seductor’ de Kierkegaard. Cuando pasó lo de mi mamá fue como sentir que eso me estaba atravesando a mí. La virgen me hacía pensar en mi mamá. En esos momentos de incertidumbre decidí que si lográbamos salir de eso ella sería la Virgen de Mettelil, que ella fuera el milagro de un cuerpo mutado y silenciado.

En la mesa donde estábamos sentados había un anillo con una gran piedra negra. Cuando Sandra viajó a Dinamarca y visitó el lugar donde Kierkegaard se sentaba a pensar golpeó con sus pies el suelo y encontró esa piedra flintstine que ahora adorna sus manos trigueñas y que en el interior tiene grabada la frase que Kierkegaard escribió el 1 de agosto de 1835  “¿Qué es la verdad sino el vivir por una idea?”.

Anillo. Foto: Cortesía Sandra Rengifo

- Es difícil creer que haya logrado hacer tanto trabajo en un solo año, ¿cómo lo logró?

- (Risas) El trabajar en cine me ayudó a tener una muy buena preproducción y a organizar mi tiempo de la manera más efectiva. Pero sí quería que cuando vieran la exposición las personas sintieran que el tiempo se ha dislocado.

Sandra dijo que a veces se siente como un personaje de ‘La palabra’, una película de Dreyer en la que uno de los personajes pierde la razón por leer a Kierkegaard: “Recuerdo esa escena donde todos gritan “¡Johannes!” para que esa persona antes de leer al filósofo vuelva a aparecer. Tal vez yo soy como un Johannes. Tal vez ya perdí la cabeza y soy una loca con mis ideas absurdas sobre la fe”.

Se hizo de noche y Sandra debía calificar los trabajos de sus estudiantes de la Universidad Pontificia Javeriana. Estaba feliz, sonriente. Como enamorada o como muy satisfecha de su trabajo. O las dos. Antes de que cerrara la puerta le preguntamos:

- ¿Qué frase le impactó más de todo lo que leyó este año?

- Una de Kierkegaard: “Que el firmamento se hunda, que las estrellas cambien de posición al transmutarse todo, que los pájaros caigan muertos y los lirios marchitos: tu alegría está en la adoración, y en tu alegría, a pesar de todo, sobrevivirás hoy mismo todos los ocasos”.

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