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| 5/2/2017 7:14:00 PM

“Dentro de todos nosotros hay bondad y maldad”: John Katzenbach

El escritor de ‘El psicoanalista’, uno de los thrillers sicológicos más vendidos en el mundo, habló con Semana.com.com de su visita a la feria del libro de Bogotá, del origen de sus historias y de su nuevo libro.

SEMANA.COM: Usted es un hombre con una vida familiar tranquila; tiene esposa, hijos y mascota. Pero sus libros están llenos de personas deprimidas, psicópatas, enfermos sexuales, enfermos mentales, ¿de dónde sale esa oscuridad?

John Katzenbach: Todas las personas tenemos bondad y maldad. En grandes cantidades. Lo que el novelista que hay dentro de mí intenta hacer es entender esos lados ocursos de la gente. Pero más que eso, y esto es especialmente cierto en mi última novela (Personas desconocidas), lo que yo intento es no mirar la bondad y la maldad de una forma simple, sino de una realmente compleja: que las personas buenas hagan cosas malas, que las personas malas hagan cosas buenas y que sea difícil notar la diferencia entre unos y otros.

SEMANA.COM: ¿Es difícil escribir sobre estos temas?

J.K.: No. Yo simplemente disfruto contando historias. La dificultad de mis libros se da más en ciertos momentos de la escritura: hay ciertas escenas, secuencias y conflictos entre los personajes que son difíciles de poner en una página. Hay que trabajar un poco más en esos puntos, porque lo que uno menos quiere es que el lector mire la página y diga “eso no tiene ningún sentido”. Esa es la única dificultad.  

SEMANA.COM: ‘Personas desconocidas’, su nuevo libro, habla sobre dos policías (que pasan por un mal momento en sus vidas) que deben buscar la verdad de un crimen que ocurrió en el pasado, ¿de dónde salió esa historia?

J.K.: Lo divertido es que las ideas de mis novelas pueden venir de algo tan simple como una conversación o de algo tan complicado como escuchar y relacionar varias historias que le ocurren a la gente. En este caso estaba realmente afectado por la historia de una joven que desapareció hace varios años: todo el mundo sabe que ella está muerta, pero no saben cómo, cuándo ni dónde murió. Yo penaba en cómo alguien podría resolver ese crimen y descubrí que no sería fácil ni simple. Me imaginé también qué pasaría si las personas que lo intentan resolver están emocionalmente afectadas. Estuve un tiempo con esos pensamientos locos en mente y de repente vi a los personajes principales: dos policías desgraciados y una persona que se perdió hace 20 años. La dinámica de toda la historia surgió de ese punto.

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SEMANA.COM: ¿Cómo mantiene la tensión y el suspenso durante toda la historia? Es difícil que sus lectores sospechen los finales de sus libros…

J.K.: Yo no doy pistas tan sencillas (risas). La clave para mantener el suspenso es crear la tensión dentro de los personajes: en quiénes son y qué están buscando. Eso crea una corriente subterránea de ansiedad para el lector. Al mismo tiempo, toca ir complicando la historia en un modo que no sea predecible. Los mejores thrillers siempre te sorprenden y no con cambios simples, sino con enredos complicados que al final tienen todo el sentido.

SEMANA.COM: ¿Tiene algún ejemplo?

J.K.: Uno de los mejores se da en ‘El silencio de los corderos’, el libro de Tomas Harris: cuando todas las personas descubren quién es Búfalo Bill, el asesino oculto, la agente Claris Starling está golpeando en la puerta del tipo. Esa es la definición de tensión: poner a la persona menos preparada en la posición más complicada. Yo trato de hacer eso en todos los libros: los dos protagonistas de Personas desconocidas, por ejemplo, son realmente incompetentes para resolver un crimen, pero les toca hacerlo y persisten.  

SEMANA.COM: ¿Y es algo que ya tiene aprendido luego de 15 libros o todavía le cuesta cuando se sienta frente a una hoja en blanco?

J.K.: Yo espero tenerlo aprendido luego de tantos libros. Pero creo que sale natural porque es la forma en la que miro al mundo. Además, algunos de mis amigos siquiatras piensan que soy sádico, pero disfruto creando esta tensión. Es algo que me gusta (risas).

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SEMANA.COM: Tres de sus libros han sido llevados al cine, ¿cree que en las pantallas se mantuvo la tensión que usted había creado?

J.K.: Tengo una relación amor-odio con las películas basadas en mis historias. Hay algunas secuencias que son geniales y otras que son bastante malas. Siempre salgo con esa sensación agridulce. Pero como siempre le digo a la gente: lo normal es salir de una función de cine y escuchar a las personas decir “el libro era mejor”, en cambio no lo es escuchar a alguien afuera de una librería decir “la película era mejor”.  Aunque no es imposible, hay algunos casos en donde son igual de buenos: ‘El silencio de los corderos’ es uno de ellos.

SEMANA.COM: Pero como una de las voces más reconocidas en materia de thriller psicológico en el mundo de la literatura, debe disfrutar este tipo de películas…  

J.K.: Mucho, de hecho yo amo ver este tipo de películas, mientras que apenas leo algunos de los libros. Eso es terrible y creo que me hace un mal ser humano, porque con frecuencia me piden que recomiende libros  diferentes a los míos.

SEMANA.COM: ‘El psicoanalista’ fue un fenómeno a nivel mundial, ¿por qué cree que le gustó tanto a la gente?

J.K.: La razón más sencilla es porque la gente se identificó con la historia de una persona vulnerable que tiene que sobreponerse a grandes dificultades. Lo más interesante es que yo escribí el libro muchos años atrás (2002) y, después de pasado el tiempo, finalmente me convencieron de escribir una secuela. Lo estoy haciendo ahora. A mí me daba mucho miedo volver a visitar esos personajes, pero lo hice y estoy pasando un momento delicioso.

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SEMANA.COM: ¿Y de qué va a tratar?

J.K.: Mi agente me prohíbe hablar sobre la trama, así que solo puedo decir que lo que Rick Stark (protagonista del libro) pensó que estaba terminado, no lo está.

SEMANA.COM: ¿Y aún está vivo el proyecto de hacer una película sobre ‘El psicoanalista’?

J.K.: Sí, pero no estoy muy seguro del estatus actual del proyecto. Sé que varios han tratado de escribir el guion, pero hacerlo bien no es fácil. Creo que lo que funcionó en ‘El psicoanalista’ es que él protagonista hace cosas que usted o yo haríamos, pues la lectura nos involucra demasiado en su problema. Y eso es difícil de adaptar.

SEMANA.COM: ¿Qué es lo más loco que le ha pasado desde que sus libros se convirtieron en un éxito a nivel mundial?   

J.K.: Aún recibo letras de psicoanalistas o de gente que sufre de las mismas enfermedades de algunos personajes de mis libros, pero lo más raro que me ha pasado fue que la policía descubrió mi segunda novela (Retrato en sangre) en manos de tres asesinos en serie. Me contactó el fiscal, y me pidieron declaraciones. Eso me hizo sentir un poco extraño.

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SEMANA.COM: Esta es su segunda feria del libro en Bogotá, ¿qué piensa sobre la ciudad?

J.K.: Es una ciudad muy interesante, aunque no hablemos del tráfico (risas). Pero es una ciudad que parece estar emergiendo. Y eso es algo que percibo de Colombia en general, pues yo fui periodista en Miami durante la época más dura del tráfico de drogas (años ochenta) y la imagen que tenía el país no era muy buena. Así que disfruto mucho venir y conocer sitios, como el museo Botero. En general me gusta viajar por América Latina, porque los estadounidenses no entendemos mucho esta parte del mundo.

SEMANA.COM: ¿Ha leído literatura colombiana?

J.K.: Lo que pasa es que en los Estados Unidos la literatura latinoamericana se entiende como un todo. Uno lee a Borges o a Carlos Fuentes como si vinieran del mismo lugar y se suele olvidar que Argentina es un país diferente a Chile, México o Colombia.  Y no solo pasa en la literatura. Seguimos siendo ignorantes con respecto al continente.

SEMANA.COM: ¿Y qué autores latinoamericanos le gustan?

J.K.: Cuando estaba joven amaba la mística de Borges y luego leí mucho a Carlos Fuentes y a Pablo Neruda. Para mí es muy difícil, sin embargo, escoger unos favoritos, porque siempre terminan siendo los últimos que he leído.

SEMANA.COM: Sus libros han sido traducidos a muchos idiomas, ¿qué cree que los hace tan universales?

J.K.: No lo sé. De pronto es más fácil que uno de mis lectores responda esa pregunta. A mí me intriga saber que yo escribo un libro acerca de dos detectives desgraciados en una pequeña ciudad como Springfield, Massachusetts,  en el noreste de Estados Unidos, y que por alguna razón la gente en Bogotá, Berlín o Tel Aviv se ve reflejada en ellos. Hace mucho tiempo asumí que simplemente  toca contar las historias y la gente va a llegar a ellas y va a ver reflejadas suficientes cosas acerca de ellos mismos.

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