Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 2/5/2017 10:07:00 PM

“No hay mejor manera de aprender un idioma que estar enamorado”

Juan Cárdenas, autor de ‘Los estratos’ y ‘Ornamento’, habló con Semana.com acerca de la magia de traducir y su deseo de cambiar la literatura colombiana.

Juan Cárdenas, de 38 años, es un escritor colombiano. Ha publicado un libro de cuentos, Carreras delictivas (2006); y tres novelas, Los estratos (2013), Zumbido (2010) y Ornamento (2015). Ha buscado alejarse del realismo característico de la literatura colombiana y explorar nuevas narraciones desde la tradición excéntrica latinoamericana. Además de ser crítico de arte, es traductor de inglés, francés y portugués, de autores como William Faulkner, Thomas Wolfe y Eça de Queirós.  

Semana.com: Usted es crítico de arte y también escritor. ¿Qué le parece más poderoso, la palabra o la imagen?

Juan Cárdenas J.C.: La relación entre la palabra y la imagen es muy estrecha. La división entre disciplinas es artificial y obedece a circunstancias históricas y coyunturales; más que nada a la división del trabajo; tú te dedicas a una cosa y yo a otra. Vivimos en una sociedad en la que existe esa división del trabajo y especializan las áreas, pero al final no es así. Las palabras son dibujos, son imágenes dentro de un papel, dentro de un espacio. Para mí son orgánicas, la una sugiere a la otra.

Semana.com: Muchos dicen que cuando se traduce se pierde la magia de un texto, ¿es así?

J.C.: En una traducción siempre se van a perder cosas. La traducción implica eso. En ese proceso hay una incomunicación esencial dentro del propio idioma. Creemos ingenuamente que traducir es trasladar determinado contenido de un idioma a otro, pero eso no es así. Un traductor es básicamente un contrabandista que lleva cosas de una lengua a la otra.

Semana.com: Dijo que traducir le permitía descubrir la música de los lenguajes...

J.C.: Creemos que la música es una disciplina separada del lenguaje, pero la música está en todas partes. La música es parte del proyecto de la escritura, que en general es un ejercicio de escucha, en el que se trabajan ritmos del habla, buscando que aparezcan en un texto escrito. La escritura siempre ha tenido una tensión con lo oral y por lo tanto con lo sonoro. Entonces la escritura explora su relación con esa parte sonora y también su separación de esa parte sonora. Está en un límite; transcurre por ese terreno entre lo que es sonido y lo que ya no lo es. Entre lo que es imagen y lo que ya no lo es.

Recomendamos: ¿Por qué el muro que quiere hacer Trump no serviría para nada?: Entrevista con el escritor Antonio Ortuño

Semana.com: Traduce al inglés, francés y portugués. ¿Qué tienen de especial cada idioma?

J.C.: Me he ido acercando a las lenguas de un modo biográfico. Es decir, por azares hablo las lenguas que hablo, por encuentros con personas es que hablo las lenguas que hablo. Nunca tuve la intención de estudiar esas lenguas de modo sistemático. Nunca pensé ‘voy aprender y voy a traducir esas lenguas’. Al acercarme a personas, a contextos de otros países, también me iba acercando a las tradiciones literarias.

Mi relación con esas lenguas es afectiva, está atravesada por los afectos. No es distante. Con el francés me ocurre que como no desarrollé esa relación afectiva entonces mi relación es más fría. Pero con el portugués o con el inglés es una relación de otro tipo es distinta.

Semana.com: ¿Por quiénes se acercó a esos idiomas?

J.C.: No me voy a poner a resumirlas ahora. Iba encontrándome con esos países, culturas y con personas específicas. Cualquier persona que haya tenido pareja de otra nacionalidad sabe que no hay mejor manera de aprender un idioma que estar enamorado. Uno se enamora de una persona y rápidamente es capaz de aprender a comunicarse. La gente a veces aprende así, por esas afinidades afectivas.

Semana.com: En una entrevista para el Ministerio de Cultura dijo que su novela Ornamentos había sido un gran fracaso…

J.C.: Ah, sí. ¡Era un chiste! Por la famosa frase de Beckett. Uno a veces hace chistes pero los entrevistadores no los entienden. Se toman de manera literal lo que uno dice. Entonces he optado por no hacer más chistes… La recepción ha sido positiva. Pero debes entender que una cosa son las ventas; otra cosa es la popularidad, que depende muchas veces de la prensa; y otra cosa es la crítica especializada. Digamos que la crítica especializada ha tratado a mis libros con cariño y con afecto. Aunque las ventas no son lo mío, pero tampoco es algo que me preocupe en lo más mínimo.  Yo diría que la recepción de mis libros es la que yo esperaba, o al menos la que deseaba.

Semana.com: Pero todo escritor quiere ser leído por mucha gente, ¿no?

J.C.: No aspiro a estar en un lugar de prominencia o de visibilidad excesiva. Me gusta pensar que mis libros están atravesados de un espíritu independiente. Son libros hechos desde allí, desde el pliegue y lo pequeños. Eso no implica que uno no pueda estar dialogando con un montón de tradiciones y que no pueda cambiar la literatura. Y me he instalado ahí porque me parece que ése es el mejor lugar para empezar a cambiar la literatura en Colombia, que creo que es uno de mis proyectos.

Puede leer: “Cuando uno habla de sexo a la gente le da entre asco, pudor y miedo“: Alberto Fuguet

Semana.com: En efecto sus novelas son distintas a lo que estamos acostumbrados, pero ¿cómo cambiar desde lo independiente la literatura colombiana?

J.C.: Lo que me interesa es pensar en los nexos de la tradición de la literatura colombiana en una clave latinoamericana. Es decir, en una clave que permita conectar esa tradición nacional con una tradición más general, del continente, del idioma. Y que conecte no solo a América Latina, sino también en España.

Cuando digo latinoamericano me refiero al idioma. El punto es pensar en esas claves y al hacer esa operación te cambia por completo la manera que tienes de acercarte a los textos. Y unos textos que parecen pequeños, meras notas al pie, de repente adquieren una importancia capital.

Semana.com: ¿Cómo ve el panorama de la literatura colombiana para que se den esos cambios?

J.C.: Es interesante, estamos probando cosas. Me gusta la actitud con la que estamos asumiendo la profesión; es una actitud abierta, se come de un lado y de otro… Pero todavía es pronto para hacer una evaluación.

Semana.com: ¿Quiénes son esos que tienen una buena actitud?

J.C.: Por ejemplo, mis compañeros de generación: Andrés Felipe Solano, Carolina Sanín, Giuseppe Caputo. Estamos alejados de una idea muy formal y muy ‘Vargasllosista’ de entender a la figura del escritor, me refiero a la fusión de la figura del intelectual con la del CEO, el escritor ejecutivo y ahora parte del jet-set mediático. Un escritor muy propio de la era Trump. Por suerte, ninguno de nosotros, al parecer, tiene esa presunción. 

Semana.com: En Colombia no hay críticos literarios, o por lo menos no muy visibles, para dar cuenta del panorama de la literatura en el país. ¿A qué se debe?

J.C.: En Colombia no, en Colombia nadie ni comenta ni reseña los libros. Se escribe poco y se escribe mal. Es uno de los grandes problemas, hay una eterna queja en Colombia sobre esto. No sé qué tenga que pasar para que aparezcan esos críticos.

Lo que ocurrió fue los grandes aglomerados editoriales se adueñaron del negocio y a ellos les resultaba incómoda la crítica o tanto incómodo como innecesaria. Era mejor para esas grandes empresas mostrar un publirreportaje, un producto con un empaquetado de prestigio o de entretenimiento, en lugar de la lectura meditada y honesta de un crítico. Esa lógica, sumada a la crisis de los periódicos, acabó con los espacios de la crítica, que dejó de ser rentable para los medios, y esos espacios no se recuperaron nunca, a pesar de los esfuerzos notables que se ven en internet. Se acabaron la crítica y los críticos.

Sugerimos: "Si un escritor no ofende a alguien con su trabajo, no está haciendo bien su trabajo"

Semana.com: ¿Qué debería tener un buen crítico?

J.C.: Pues en primer lugar entusiasmo, intensidad. El ejercicio del ‘reseñísmo’, que es lo que se hace aquí, es muy pecho frío, como se dice en el lenguaje del fútbol. Los que escriben esas reseñas no demuestran ningún tipo de entusiasmo, ni siquiera negativo. Todo es siempre medio tibio, cosa que se compensa por momentos con un entusiasmo desmedido que también es fingido. Pasamos de la fría indiferencia a la orgía en ese reseñísmo. Y la crítica transita por estados de intensidad muy elevados, pero diferentes.   

Semana.com: ¿Quiénes le parecen buenos críticos?

Mi preferido últimamente es Josep María Nadal Suau, de El Cultural de El Mundo (España). Un lector exquisito.  

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

TEMAS RELACIONADOS

EDICIÓN 1839

PORTADA

Odebrecht: ¡Crecen los tentáculos!

Las nuevas revelaciones del escándalo sacuden al Congreso y al director de la ANI. Con la nueva situación cambia el ajedrez político al comenzar la campaña electoral.