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| 4/28/2017 9:36:00 PM

“Mi papá sigue presente”: María del Rosario Laverde

La correctora de estilo de Revista Semana presenta ‘Memoria de Jirafa’ en la Feria del Libro el próximo 2 de mayo. Recuerdos tristes, pero con gracia de lo que se vive en la infancia.

Esta edición de la Feria del Libro tiene un enfoque especial en literatura infantil y juvenil. Pero no se trata de autores con historias dulces que hablan de lo bella que es la vida, de la felicidad, de las locuras del colegio. Se trata más bien de mirar la infancia desde lo real, el dolor, las heridas, el maltrato, la enfermedad, la vergüenza, la muerte, las separaciones.

Seguramente, por esa razón la escritora María del Rosario Laverde es una de las invitadas a esta versión de la feria. Su libro Memoria de Jirafa, que será presentado el 2 de mayo por Alberto Salcedo Ramos, es una compilación de recuerdos tristes pero con gracia, vistos desde la adultez pero con la candidez de la infancia. Con pocas palabras lo dice todo. 

Semana.com: ¿Por qué hacer un libro con sus estados de Facebook?

María del Rosario Laverde: En la Feria del Libro de Tijuana de 2015 el escritor Benito Taibo presentó Desde mi muro, un libro con sus estados de Facebook. Eran textos de política, muy académicos, con toda la formalidad posible, pero la estructura era muy llamativa. Entonces quería hacer algo parecido pero que a la vez fuera distinto.

Por otro lado, me encanta Facebook, lo tengo abierto todos los días, a toda hora. Lo tengo en términos serios; para mantenerme en contacto con los seres que amo, como mi hermano que está lejos, para saber en qué andan mis compañeros de estudio y sobre todo para expresarme acerca de las cosas que me duelen, que me molestan, que me apasionan, y que no se las puedo decir a un psiquiatra porque no tengo plata para eso. Creo que es un medio chévere para reírse y desahogarse.

Semana.com ¿Qué comentarios generaban los estados de Facebook que recopiló en Memoria de Jirafa?

M.R.L.: Empecé a escribir sobre recuerdos de mi infancia y la recepción era impresionante. Sé que mucha gente tiene 1.250 likes o mucho más que eso, pero yo tenía en un momento 100. La gente decía ‘¡Qué maravilla!, me acuerdo que mi abuela también me dio una muñeca’, ‘A mí también me disfrazaron de princesa’, ‘Estoy esperando el próximo recuerdo’. Se generó una expectativa de los que me leían y yo también pensaba mucho en el recuerdo que iba a compartir al día siguiente.

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Semana.com: ¿Cuando decidió recordar su infancia ya tenía claro que iba a retratar tanto dolor?  

M.R.L.: Yo empecé queriendo hacer reír a la gente, pero los recuerdos que más aparecían eran los dolorosos. Sin embargo, muchos recuerdos, aunque sean tristes, también están cargados de humor. Fue un proceso de reírme de mí misma en algunos momentos y en otros de no negarme a expresar el dolor. Me dije "si esto se trata de un ejercicio de memoria que salga lo que tenga que salir".

Semana: Algunos han dicho que el libro es tan triste que no parece para niños…

M.R.L.: Un columnista amigo del diario Tolima 7 días escribió que cree que el libro está hecho para trabajar con niños; para que ellos aprendan a contarse y a expresar el dolor que todos vivimos. Pero hay gente que dice que jamás será un libro para niños, porque es un libro sobre cómo sobrevivir a las heridas. La categoría la da el lector.

Semana.com: En su libro su mamá no sale bien librada, ¿ella leyó el libro?

M.R.L.: Espero que mi mamá no lo lea. Su vida fue difícil y nunca lo supo manejar. Fue muy conflictiva… La verdad no quisiera hacerle daño. Pero tenía la necesidad de contar lo que ella es en mi vida. Y por supuesto, tuvo muchas cualidades, pero lamentablemente lo que queda es el dolor que provocó.

Semana.com: Su papá, Hugo Laverde, en cambio es el héroe…

M.R.L.: Mi papá era profesor de biología de la Universidad Nacional, conocido, junto con mi madre, por ser la primera pareja en ganarse todos los premios del concurso Cabeza y Cola que hacía Pacheco. Murió en abril de 1980 cuando mis hermanos y yo éramos muy pequeños. Para mí perder a mi papá fue muy duro, y por alguna razón, que no sé explicar, siento que el vacío se hace más grande en la adultez, porque es el momento de tomar las decisiones más importantes, o de ser un modelo como mamá y la ausencia de él es más fuerte. Hoy me hace más falta que nunca.

Semana.com: ¿Cómo es que a pesar de que se murió cuando usted era pequeña, todavía está presente?

M.R.L.: Nunca me ha dejado de pasar que en los contextos donde me muevo alguien dice ‘¿Eres la hija de Hugo Laverde?, no pagues la cuenta’, ‘yo admiraba mucho a tu papá’, ‘tu padre me salvó la vida’, ‘Toma este trabajo’… Parece que en el tiempo que estuvo en mi vida dejó pequeños legados repartidos para que yo los estuviera recibiendo año tras año.

Semana.com: Dicen que el escribir es una forma de sanar, ¿usted sanó cosas con este ejercicio?

M.R.L.: Sí, estoy bien. Me siento orgullosa de mi libro, puedo hablar del tema sin problema…

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Semana.com: En el libro hay momentos históricos como la bomba del DAS. Como niña, ¿cuál fue el que más le impactó?

M.R.L.: El momento histórico más llamativo para mí fue la toma del Palacio de Justicia. Yo estaba en un colegio de monjas alemanas y colombianas, y de pronto entró una de ellas al salón y nos pidió que nos arrodilláramos y rezáramos. Pero yo no sabía qué era un Palacio de Justicia, pasé horas rezando sin saber por qué. Al llegar a mi casa, que quedaba en el barrio Colseguros, fui al apartamento de mi mejor amigo, que vivía en el piso 14 y tenía binoculares. Cuando vimos por la ventana entendimos que lo que pasaba era una cosa gigantesca, histórica y sangrienta.

Semana.com: ¿Cómo llega a la analogía entre usted y la jirafa?

M.R.L.: Mido 1.80 y pasó mucho tiempo antes de que me sintiera orgullosa de mi estatura porque me han dicho toda clase de cosas acerca de eso, buenas y malas. Pero el recuerdo memorable es el alias de Jirafa que me puso Antonio Morales. Desde entonces muchas personas me llamas así. Me pareció gracioso y me apropié de ese personaje.

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Semana.com: ¿Cómo fue eso de editar su propio libro?

M.R.L.: Hice una primera edición en México con una editorial artesanal que se llama Aquelarre, sorpresivamente a esa edición le fue muy bien y no quedaron libros. Cuando me invitaron a la Filbo no tenía los textos impresos para vender, pero tampoco conseguí una editorial que me apoyara. Al final, lo hice yo misma para cumplir con la invitación de la feria. Juan David Correa, director de la Revista Arcadia, me solucionó todo, me puso en contacto con la gente apropiada.

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