Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1989/06/05 00:00

ERASE UNA VEZ

Murió el inventor de los spaguettis-westerns, Sergio Leone.

ERASE UNA VEZ


El funeral de Sergio Leone, el martes pasado en Roma, parecía una escena extraída de sus películas. Además de los amigos, entre los cuales se contaban varias divas del cine y Clint Eastwood, su actor estrella, marchaban tras el feretro un séquito de vaqueros que, con el silbido de Morricone como música de fondo, dieron el último adiós al creador de la segunda era de los western, películas que lo convirtieron en un mito del cine mundial.

Su última producción la había iniciado hace tres años, cuando firmó con los soviéticos un acuerdo casi imposible: a un costo presupuestado de 60 millones de dólares, con un reparto encabezado por Robert de Niro y un cronograma que se extendería durante más de cinco años, indispensables para reconstruir el sitio salvaje que los alemanes impusieron a los habitantes de esa ciudad soviética durante la Segunda Guerra Mundial. "Leningrado", como otros proyectos monumentales, han quedado ahora en la gaveta mientras millones de espectadores en el mundo entero, lamentan la sorpresiva muerte de un realizador que convirtió el cine en un auténtico disparate, filmando vaqueros en los desiertos de España e Italia, haciendo películas sobre la antigua Roma y contando los días nostálgicos del crimen organizado en Norteamérica.

Murió a los sesenta años. Fue él quien lanzó a un jovencito delgado y aburrido como estrella de esos westerns intelectuales que tenían la tonadilla silbada de Ennio Morricone, que hizo películas a contra-corriente de los estudios de Hollywood, que conseguía la financiación de donde no la había y caminaba en esa cuerda floja de los grandes éxitos de taquilla, al lado de los fracasos de la crítica cuando los especialistas no entendían lo que Leone quería hacer con esos personajes que no mueren ni matan por el honor o el valor pero se dejan agujerear por unos cuantos dólares.

En los años sesenta, cuando los vaqueros norteamericanos estaban en su última época de esplendor--con actores como Glenn Ford, William Holden, Ernest Borgnine y Steve McQueen--, Leone se inventó la fórmula de rodar en los desiertos europeos, construyendo falsas réplicas de los pequeños pueblos de California y Texas, para narrar historias livianas y rápidas, a través del "Manco", personaje de mirada oculta, que siempre tiene un pucho masticado, un poncho a rayas y un caballo que nunca se cansa de recorrer los poblados en busca de un malo, siempre interpretado por Gian María Volonté y Eli Wallach, aunque a veces podía ser Henry Fonda. Ese personaje nació de la figura desgarbada de Clint Eastwood, quien al saber la muerte de su director favorito comentó: "Ya nadie hará películas tan divertidas como él, ni tan baratas".

Es el fin de una carrera que comenzó con espectáculos de cartón con "Los últimos días de Pompeya", en 1959, y luego "El coloso de Rodas" en 1961. Después de haber trabajado como asistente de numerosos maestros italianos, especialmente del Neo-realismo, siguió en medio de las polvaredas y tormentas en Andalucía con películas como "Por un puñado de dólares", "Por unos dólares más", realizadas en 1964 y 1965, mientras los críticos más serios hablaban del peligro que estas caricaturas representaban para el género de vaqueros. Sus películas eran caricaturas deliberadas, provocadoras, con una enorme carga de poesía. Fue uno de los primeros directores que entendió el verdadero efecto que los movimientos lentos y los silencios de los personajes podían ejercer sobre el espectador, para quienes era maravilloso contemplar esos duelos eternos, con gestos repetidos, con esa música silbada, insistente, que presagiaba la muerte por todos los costados.

Después, con el apoyo de los espectadores mas no de los críticos de entonces, se lanzó a auténticas superproducciones de enormes presupuestos, como "El bueno, el malo y el feo", en 1966 "Erase una vez en el Oeste", 1968 y "Erase una vez la Revolución" en 1971, quizás la más frustrante de sus producciones. Después filmaría la película que todos consideran su obra maestra: "Erase una vez en América", con Robert de Niro y James Woods. Las raíces del crimen organizado en América, con el montaje más audaz de los últimos tiempos. Con la muerte de Leone el cine ya no seguirá siendo el mismo. Harán falta el silbido y los duelos en cámara lenta y el manco del pucho mordido en medio de una polvareda.--

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